El impacto ambiental de nuestra alimentación: ¿es posible vivir sin comer carnes?

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En el Día Mundial del Medio Ambiente, vamos a intentar reflexionar acerca del vínculo que existe entre la alimentación, la salud y el medio ambiente. 

Es probable que, en estos últimos años, se hayan escuchado un poco más las palabras ambiente, sustentable y ecológico, gracias al activismo y al impacto de las redes sociales, que se encargan muchas veces de visibilizar lo que los medios de comunicación hegemónicos no muestran. Se habla de energías renovables, ahorro de agua, reciclaje de basura y consumos eco amigables. Actualmente, se está moviendo un avispero que ha despertado un interés grande de un sector de la sociedad que comenzó a leer, en clave ambiental, los intereses de los gobiernos. 

La realidad del planeta es que somos una plaga venenosa con nula o escasa conciencia ambiental arraigada. En una población, hablamos de conducta ecológica responsable cuando se realizan acciones a favor de la conservación de los llamados “recursos naturales”, para mejorar la calidad del medio ambiente que nos rodea y que habitamos.  Para poder tenerla, es necesario exigir políticas públicas que reviertan el caos climático ocasionado por nuestro modelo de producción a gran escala, a la par de políticas de concientización ambiental en la población para instalarlo, lentamente, desde las escuelas. 

Mis vidis nosotrxs separando los residuos orgánicos de los inorgánicos en dos tachos, mientras el Gobierno Nacional aprueba la 16° soja transgénica en nuestro territorio. Mientras colgamos en la soga la toallita higiénica ecológica, hay bosques en todo el país que arden, intencionalmente, cada año. Comunidades cercanas a granjas industriales totalmente intoxicadas. Todo a la vista del Estado.

Apostar a un modelo de salud consciente y ecológico, por ende, un modelo de producción de alimentos de manera amigable con el medio ambiente y con el buen vivir, es una decisión política.

¿Dejar de comer carne es bueno para la salud?

Recordemos que, hasta mitad del siglo XX, las principales causas de mortalidad a nivel mundial eran las enfermedades infecciosas. De la segunda mitad de siglo en adelante, y hasta ahora, las llamadas Enfermedades Crónicas no Transmisibles (ENT) como ser diabetes, patologías cardio y cerebrovasculares, cáncer y enfermedades respiratorias, ocupan el primer lugar. Para desarrollarlas, hay ciertos factores de riesgo relacionados entre sí, que lo predisponen, como ser el tabaquismo, dislipemia, hipertensión arterial (el argentino promedio consume 12 gr de sal en relación con los 5 gr sugeridos por la OMS), la obesidad mórbida y el sedentarismo. Lo bueno es que son modificables con acciones concretas en beneficio de nuestra salud. 

Este cambio brusco en las causas de mortalidad a nivel mundial, ha llevado a una impactante toma de conciencia colectiva. La pandemia ha dejado una población asustada, vulnerada y con experiencias cercanas, (en algunos casos) a la muerte, lo que ha devenido en una reflexión profunda sobre las maneras de vivir, de consumir y de producir.

Post pandemia, un gran sector de la población empezó un camino de alimentación consciente sin carnes. La preocupación principal ha sido el miedo a nuevas enfermedades infecciosas emergentes (de las cuales son 75% por zoonosis) y/o por una cuestión ambiental.

Todas estas nuevas olas de jóvenes vegetarianos y veganos han entendido, en líneas generales, que los alimentos de origen vegetal tienen una huella ambiental negativa bastante inferior a los productos de origen animal, lo que permite contribuir a la tarea de enfrentarse al modelo de producción actual y a la lucha contra las enfermedades crónicas, entendiendo que, mediante la modificación del patrón dietético de la población, se puede disminuir significativamente los casos y la carga económica que estas enfermedades representan para el sistema de salud. Todxs ganaríamos.

Existe evidencia científica que asocia la dieta vegetariana y la actividad física, en Occidente, con mejoras en la prevención y tratamiento de aterosclerosis, diabetes tipo 2, obesidad mórbida e hipertensión. También se asocia con una disminución en el riesgo de padecer cáncer, resistencia a la insulina y accidentes isquémicos cardiacos. 

¿Sabías que China tiene una alimentación basada en vegetales y su población tiene menor incidencia de cáncer de mama? El cáncer de colon, por ejemplo, tiene relación con el consumo de carne, debido a que lo que se come del animal es alto en grasas y bajo en fibras. Previene también el riesgo cardiovascular, ya que la carne es la principal fuente de grasas saturadas y de colesterol.

Reducir el consumo de alimentos que tienen muchas grasas saturadas y colesterol, y aumentar el consumo de frutas, verduras, granos enteros, vegetales de hojas verdes, frutos secos, semillas, y todos los productos ricos en fibra y antioxidantes contribuyen a reducir estas enfermedades crónicas, en líneas generales, siempre acompañado de alguna actividad física que sea agradable realizarla. En Tucumán se cuenta con muchos espacios verdes donde mover los cuerpos.

La principal preocupación de las personas que eliminan la carne de su alimentación es el déficit nutricional tabú asociado al vegetarianismo y al veganismo. Una dieta vegana o vegetariana consciente no debería ocasionar la falta de ningún nutriente importante. El contenido de proteínas, en relación con la carne, es menor en este tipo de alimentaciones, pero esto es una ventaja si pensamos que el exceso de estas se asocia con la formación de cálculos renales, osteoporosis, enfermedades cardiacas y cáncer. Se puede complementar esta ingesta con mayor consumo de legumbres, granos, frutas y vegetales. 

Las personas que no consumen carne, huevos ni derivados lácteos tienen una mayor dificultad en obtener la vitamina b12. Cualquier cambio radical en la alimentación (vegetarianismo o veganismo) debe ser acompañado SIEMPRE por un profesional de la nutrición, que indique los controles correspondientes, para prevenir algún déficit nutricional. La vitamina B12 es fundamental para el normal funcionamiento de nuestro cuerpo y se sugiere su dosaje al inicio de un cambio de alimentación. Todo esto tiene que estar acompañado siempre de planes alimenticios cuidados, adaptados a las necesidades y realidad de cada unx, y en lo posible acompañadx por el abrazo colectivo de lxs muchxs otrxs que toman esta decisión. Para dejar de consumir carnes no se necesita dinero, sino más imaginación a la hora de cocinar.

El veganismo como posicionamiento político

El Boom del veganismo ha llegado a Tucumán y, con él, productos caseros deliciosos que vienen a ocupar el lugar del asado en la parrilla, la salchicha en el pancho y el queso en la pizza, entre otras riquísimas cosas. Un paradigma otro de alimentación nos alecciona mostrándonos la misma comida que siempre hemos consumido, solo que con una presentación diferente. Eso es, claramente, una buena estrategia.

Raúl Arévalo es tucumano, y desde su lugar como activista vegano antiespecista, nos dice:

“El vegetarianismo es un modelo de alimentación que promueve disminuir el consumo de carnes. El veganismo es un posicionamiento ético y político que promueve un cese en el uso y explotación de los demás animales. Esto va más allá del consumo de alimentos de origen animal, ya que nos interpela a cuestionar nuestros privilegios de especie obtenidos tras autoproclamarnos la especie superior.

El antiespecismo, como paradigma político bregado por activistas veganxs, parte muchas veces de explicar algo sencillo como la sintiencia. La sintiencia es la capacidad de sentir dolor o placer, así también como emociones tales como felicidad, tristeza, etc. A partir de la Declaración de Cambridge (2012) se reconoce desde la comunidad científica mundial esta capacidad en los demás animales.

El antiespecismo nos interpela al respecto: ¿cómo es que decidimos ignorar esto?, ¿cómo mirar para otro lado, algo que ya era obvio con sólo verlo? No hace falta que la ciencia lo confirme para darse cuenta que ningún animal desea ser asesinado, que lucha por su vida hasta el final. Vivimos en un sistema que los condena según su especie a un sinfín de torturas y explotaciones de todo tipo, no sólo innecesarias, sino además intrínsecamente injustas. 

Adoptar el veganismo, aunque lo parezca, no es una decisión individual: es netamente colectiva. En primer lugar, porque afecta directamente a otrxs, al involucrar la explotación y uso de animales. En segundo lugar, de forma indirecta, ya que la explotación animal es uno de los principales factores que nos trajeron al inicio de la crisis climática y ecosistémica a nivel global, de la cual pagarán sus consecuencias lxs que menos tienen, entre ellxs lxs que menos acceso tienen a costear la carne. Es, en definitiva, también una cuestión de justicia social”

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El daño ambiental derivado del consumo masivo de carnes

Recordaremos allá y hace tiempo, pequeñxs gurises de los 90, cuando comíamos pollo que tenía gusto a pollo, de consistencia dura y con menos jugo. La realidad actual es que el modelo productivo agrícola ganadero ha crecido exponencialmente, a velocidades inimaginadas, ocasionando un cese de producción de los pequeños emprendedores que proveían de carnes a sus barrios. La carne de vaca y de pollo pasaron a consumirse masivamente, lo que obligó a la industria a acelerar, ante la demanda, los tiempos de nacer, crecer, desarrollarse y morir. Los animales que se consumen hoy en día nacen, engordan, engordan, engordan, y son asesinados en el tiempo pautado por la industria. 

La huella ambiental de la que hablábamos, es significativamente mayor en los últimos años debido a la expansión agrícola. Las desventajas de este modelo de producción afectan al suelo, al agua y a la atmósfera.

  • El 80% de las deforestaciones del Amazonas son ocasionadas por esta industria. En la selva tropical de Sudamérica, el 71% es tierra para cría de ganado y un 14% se usa para la soja. La ONU estima que, desde los 90, han desaparecido 420 millones de hectáreas verdes. 
  • El principal problema del consumo de carnes, es que la mayoría de los cultivos de soja, maíz, cebada y granos se utilizan para alimentar a los animales. O sea, si reducimos el consumo de animales, las tierras destinadas a su alimentación podrían estar disponibles para otros usos. Sobre las dietas vegetarianas y veganas, se observa que requieren 70% menos de ocupación de tierra. 
  • Cambiar la alimentación carnívora por una basada en plantas, podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero hasta un 80% para el 2050.
  • La agricultura animal utiliza casi un tercio del agua potable disponible. En ese mismo mundo, 783 millones de personas no tienen acceso a agua potable.
  • La dieta vegetariana reduce el impacto ambiental entre un 42% a un 84% en relación con una dieta carnívora.

Existe un estudio muy interesante, realizado por la Universidad de Oxford, llamado “Platos, Pirámides y planeta”, que tiene por objetivo identificar los gobiernos que tienen visión a futuro y que recomiendan a su población pautas dietéticas que tengan impacto en la salud y en el ambiente.

Solamente cuatro países (Alemania, Brasil, Suecia y Qatar) en todo el mundo cumplen con criterios de sostenibilidad en las pautas dietéticas. Los demás países básicamente no tienen en cuenta el impacto ambiental de los alimentos que sus mismos Estados recomiendan. Existe una clara conexión entre el sistema de producción, los alimentos y la salud. Y los de arriba lo saben.

Urgen políticas públicas concretas que aborden la problemática de la alimentación escolar y de hospitales y que regulen las publicidades engañosas de la industria alimenticia. La canasta básica familiar en Argentina incluye, entre otras cosas: pan, fideos, galletitas saladas, galletitas dulces, harina de trigo, fiambre, azúcar, dulces, carne obviamente y algo de frutas y verduras. Los valores nutricionales en caída libre con estas cajas familiares llenas de ultraprocesados.

Existen muchos intereses económicos que llevan a que el mismo Estado decida no dar recomendaciones en cuanto a salud, alimentos y medio ambiente. No es casual que este tipo de debates no sean dados desde los Gobiernos.

Si estás al menos pensando en dejar de comer tanta carne, estás ayudando al planeta, ya que se demostró que su consumo es poco eficiente para alimentar a toda la humanidad.

Dejemos un mejor mundo para lxs que vienen, entendiendo que nuestros procesos de salud y enfermedad están directamente relacionados con el trato que le damos a la tierra y a los animales que en ella viven. Si el modelo médico imperante decide seguir recomendando todo tipo de alimentos envasados, con exceso de sodio, conservantes y químicos, es momento de replantearnos si queremos realmente pertenecer a ese sistema de alimentación. La salud es todo lo que tenemos, y elegir políticamente nuestro plato de cada día, es también sembrar otros paradigmas de nutrición. Es necesario despertar y hacerlo, las estadísticas lo confirman.

Le tiremos un centro al medio ambiente. Y a nuestra salud, de paso

La OMS avala las dietas veganas y vegetarianas como una alternativa completamente apta para cualquier persona en cualquier momento de su ciclo vital. Para motivarnos un poco, vamos a repasar algunas ventajas de no comer animales:

-Disminución del consumo de agua potable: Un kilo de carne necesita 18.500 litros de agua, mientras una porción de arroz utiliza solo 100.

Ahorro en combustible: 1 caloría de proteína animal necesita 54 calorías de combustible fósil, mientras que un producto de origen vegetal solo necesita 2.

Protección de 6 millones de hectáreas de bosques que son talados anualmente para amontonar y alimentar animales.

Reducción de gases de efecto invernadero.

Por los demás animales. Si bien, cambiar los hábitos a nivel individual no va a detener instantáneamente la masacre a nivel global que hacen las industrias a animales de otras especies. Podemos elegir no ser parte de ese sistema perverso que tortura y asesina a seres igual de sintientes que nosotrxs.

Es recomendable comprar nuestros alimentos a productores agroecológicos locales del barrio, amigables con la tierra, lo cual garantiza menos emisión de gases de combustión eliminados por el transporte de alimentos que vienen de otras localidades, evitando aumentar así el efecto invernadero.

La propuesta es: no matamos animales, ayudamos al medio ambiente, le damos una mano al vecinx y mejoramos nuestra salud. ¿Nos sumamos?

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