Cultura

Contar palabras, heredar cuentos

Hace más de 10 años Carmen Fernandez de Ullivarri cuenta cuentos. En ronda, en las plazas, en el aula, en su casa. Para niños y niñas, para todos y, a veces, aunque parezca para nadie; para que se escuchen y no se olviden las palabras.

“Centella es una biblioteca, un gran legado (que personalmente cuido) de lecturas y libros que intenta, con la delicadeza y detenimiento que implica leer un cuento, convidar un gusto: El de viajar sin moverse de lugar, porque un cuento nos permite eso”, comparte Cármen.

Cuando empezó en el 2009 leyendo cuentos en un taller de arte para niños en La Ventolera en Salta, tenía sólo tres libros. En el 2013 ya mudada a Tucumán se afianzó con una bolsa con más libros y se trasladó a la plaza, ofreciendo lectura “al que quisiera estarse un ratito”.

Un tiempo después se sumó Cinthia Henríquez (que años después viajó) y todavía un poco más adelante heredaron la ´Tricibici con Canasto´, que era de Amelia Galván, una maestra narradora que la pedaleó durante las décadas del 80 y 90. “La bici venía con bendiciones, su belleza convocaba las lecturas en la plaza durante 2013 y 2014.”

En el 2016 recibió “un legado, la Biblioteca Infantil ‘Biblio Móvil’ de mi madre. Llegó aquí a sumar. Se acrecentaron las estanterías”.

Sobre la inquietud de cuándo es un buen momento para acercarse a la lectura, dice no tener una receta, y nos invita a reflexionar:

“Ya en la panza la voz atraviesa tejido y eso algo debe reverberar. Después no importa que no se comprenda la historia, su sentido. Queda el tiempo, la caricia hablada, el sonido y forma de las palabras.
Cuando las imágenes ya son observadas, comienza eso de querer tocar y querer sacar de la hoja, porque no existe esa brecha entre lo real y lo plano, esa ficción de la imagen, hasta que con el tiempo se integra y el relato comienza a vivir adentro, se comienza a viajar y recrear lo escuchado”.

De la experiencia de Centella cuenta que es “una Biblioteca ‘Infantil’ siempre entre comillas, porque transitando cuentos descubr(e) que lo que el mundo editorial define como infantil tiene márgenes que (le) gusta revisar”.
Se explaya: “En mi sentir siempre pongo literatura ‘Infantil’ entre marcas, no porque crea que no existe, sino mas bien para repensar esos márgenes que tiene asignados y sobre todo, tiene que ver con lo que el mercado editorial asigna como Infantil”.

Al consultarle por sus referentes y con quiénes le gusta trabajar, respondió entusiasmada que la lista era infinita, entre varias personas destacó a Silvia Locascio (artista y además su madre), las narradoras tucumanas Amelia Galván y Cecilia Calvo, Felicitas Novillo (artista visual), Andrea Garcia (títiritera) y Carlos Alsina (dramaturgo).

Recuerda con especial afecto su reencuentro con el libro ´El pirata Valiente’ de Ricardo Alcántara & Gusti, que le leían cuando era pequeña y al releerlo siente las rimas aprendidas hace tanto tiempo como impregnadas en su cuerpo, en su contar.

Destaca diferentes espacios de aprendizaje, porque también es maestra de arte, y ha aprendido mucho en su recorrido por el camino de la narración tucumana: “Para mí la plaza y la tarea compartida me dejó una maestría. Si ganábamos algo se invertía en libros. Elegíamos qué adquirir, sobre todo leíamos y eso hacía que nuestro repertorio crezca”.

De las muchas rondas de lectura compartidas, tanto cuando leían en la Plaza, con Cynthia, o en escuelas y llevaban sus libros, considera que si quedaban medio maltrechos, eso era parte de abrir el juego. “Los libros debe ser palpables, olidos, si son tuyos remarcados, y saboreados”.

También reflexiona sobre estos más de diez años leyendo(nos): “Hay algo que no varía, no importa si leo a uno, dos o cien; en ese momento el cuento es apropiado por quien escucha y lo imagina. Nunca sentí que tuviese un público, no porque no hubiese oyentes sino porque siempre fueron lecturas muy despojadas y no en el sentido de modestia, sino porque son lecturas en donde escucha el que quiere”.

Estos últimos meses su actividad se vio atravesada como la de todos, pero eso no la detiene, presta los libros “con ‘v’ de vuelta”, recomienda, lee a su hijo y para ella.

“Hoy (Centella) está en mi casa. Ella deviene y va mutando. Comenzó y sigue en movimiento, solo que ese movimiento va teniendo ritmos, realidades y búsquedas diferentes a cómo empezó”.

Para acompañar los festejos del día de las infancias en casa, Carmen nos comparte un cuento… que lo disfruten!

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