Reseña: Ad Astra de James Gray

¿Qué sucedería si 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968) y Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979)  tuvieran una heredera? Sin lugar a dudas surgiría Ad Astra (2019) de James Gray, una obra tan hermosa como introspectiva, tan contemplativa como apabullante. Bellamente fotografiada por Hoyte Van Hoytema, el filme es una exploración de abismos humanos y naturales, un estudio de deseos alienantes, enajenados, y de cómo la obsesión puede destruir a uno mismo y a todos quienes le rodean. Un irreconocible Brad Pitt es la personificación del duelo y las heridas que, en ocasiones, perduran abiertas durante larguísimos años; el legendario Tommy Lee Jones es la carne percudida por el horror y la vastedad inescrutable del cosmos.

Pérdida, soledad y esperanza; luces, colores y una fusión orgánica de espacios opresivos y espacios inconmensurables. Una brillante reinterpretación del dolor humano y la nostalgia ante la inmensidad de una colosal galaxia desierta, ante el mismísimo corazón de las tinieblas, musicalizado de un modo preciso por Max Richter.

Tristezas, añoranzas y la necesidad de, a veces, simplemente soltar. Dejar ir y seguir adelante.

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