Reacciones de odio ante “Revés de trama” o acerca del desconocimiento sobre arte político contemporáneo

“Revés de trama”. Carlota Beltrame

Desde el colectivo TAViT (Trabajadorxs de las Artes Visuales de Tucumán) dialogaron y reflexionaron junto a Carlota Beltrame, la autora de la obra exhibida en el Museo de la Casa Histórica de Tucumán, como parte de la muestra colectiva “Randa Testigo”, cuya temática despertó un tendal de agresiones y calumnias mediáticas a nivel nacional; una táctica que los sectores neoliberales y patriarcales incitan para lograr un linchamiento ideológico, pero que hace pie en el desconocimiento sobre las dimámicas actuales de las artes visuales contemporáneas. 

El Museo de la Casa Histórica de Tucumán devino escenario de violentas acusaciones y calumnias alrededor de la obra Revés de Trama de la artista Carlota Beltrame, la cual forma parte de la muestra colectiva Randa Testigo, cuyos dispositivos artísticos se configuran a través de una articulación de diversos tejidos de randa, poniendo en diálogo un recorrido histórico de la provincia con una técnica autóctona y ancestral, oriunda de El Cercado, Monteros, al sur de Tucumán.

A su vez, tanto la curadora de la exposición, la artista y docente Alejandra Mizrahi, como Beltrame trabajan en torno a la randa no solo devolviéndole visibilidad en la escena local -y con proyección internacional- a través de investigaciones, publicaciones y trabajo articulado con las randeras monterizas (de hecho muchas de ellas también participan de la muestra), sino que ambas la utilizan simbólica y materialmente para construir discursos artísticos, vinculados, siempre, a temáticas locales.

Randa artística, randa política

Para aproximarse semiológicamente a los aspectos retóricos de la obra de Beltrame, resulta necesario atender al conflicto visual e interpretativo que instala un tejido poroso, como la randa, con hilos blancos, sobre un fondo (pared, en este caso) también blanco. En efecto, la proyección de la imagen se aprecia a través de la sombra que la randa activa, por medio de una fuente de luz determinada. Por lo tanto, la persona espectadora se encuentra en la tarea de buscar dicha sombra para develar el “texto”, activando una correspondencia simbólica alrededor de la complejidad que despierta aquello mismo que se enuncia literalmente a través de un signo lingüístico. Ciertamente, Beltrame trabaja con este aspecto retórico desde hace tiempo, es más, ganó en 2018, el Primer Premio del 107º Salón de Artes Visuales de la Nación con su obra La Utopía, cuyas piezas (también constituidas de randas) abordaron conceptualmente diversas consignas políticas de la historia de nuestro país, a partir de una traducción de frases que circularon en forma de grafitis, panfletos y fragmentos mediáticos y, entre ellas, una que hace referencia al ERP. Sin embargo, en el contexto del Salón Nacional, y tal vez porque el premio provino de una gestión macrista, la obra fue bienvenida y replicada positivamente en diversos puntos del país, a través de decenas de medios de comunicación y miles de usuarixs de redes sociales.

alta Utopia de Carlota Beltrame GRANDE
Utopía. Carlota Beltrame / 2018

“El historiador y teórico Arthur Danto señala que los valores de las artes no son los valores de la vida cotidiana. Entonces, si una persona espectadora se introduce en la interpretación de una obra esperando que refleje, inequívocamente, sus creencias o valores, está perdida; las artes (y las visuales en este caso) circulan por otro derrotero, que básicamente es habitar múltiples reflexiones sobre el mundo, poniendo en evidencia la complejidad de la ‘realidad’ e invitar a una respectiva reflexión de la misma”, indicó Beltrame, agregando que en el caso concreto de Revés de trama, la obra sugiere repensar la historia en clave política alrededor de la Casa Histórica, cuya permanencia no sólo se compone de gloriosos hechos y personas prístinas sin contradicciones ni disputas, sino también de sucesos menos felices e invisibilizados por las voces hegemónicas que construyeron -y construyen- sentido en el territorio provincial y nacional. “En las disputas de poder, tanto los intereses de clase como los políticos forman parte del entramado de nuestra historia, sin embargo, no todo sale a la luz. Esa es la temática de la obra, cuyo título arroja retóricamente una primera línea de significación”, detalla Beltrame.

En Revés de trama, se puede leer la palabra “Montoneros”, en dos oportunidades, y también un símbolo peronista. “Es la traducción de una fotografía documental, que registra una de las pintadas que hizo la organización Montoneros en 1971 cuando todavía se encontraba como presidente de facto Juan Carlos Onganía”, dijo Beltrame recientemente a la agencia Télam. A su vez, la obra cuenta con un texto que cita un fragmento de Michel Foucault: “‘Es preciso saber reconocer los sucesos de la historia, sus sacudidas, sus sorpresas, sus triunfos afortunados o sus derrotas mal digeridas pues también nos hablan de nuestros comienzos y de nuestras herencias. Percibir sus peripecias, sus desviaciones ínfimas y sus retornos complejos porque los errores, los fallos de apreciación, los malos cálculos y hasta lo que pudo ser y no ha tenido lugar también han producido aquello que hoy existe y que aún pesa sobre nosotros. Descubrir que en la raíz de lo que conocemos y de lo que somos no están en absoluto la Verdad ni el Ser, sino el accidente”.

Conceptualismos latinoamericanos

Parte de la obra de Beltrame podría articularse, en palabras de la investigadora Ana Longoni, con los conceptualismos latinoamericanos que, en Argentina, emergieron  embebiéndose del caldeado clima político de los sesenta, y cuyo principal antecedente fue la muestra colectiva Tucumán Arde (1968), la cual tuvo lugar -paradójicamente- en otras escenas: Rosario y Buenos Aires; a través de un discurso atravesado por un objetivo político, la muestra activó un sistema de circulación de información sobre el nefasto escenario político y económico que se vivía en Tucumán, ligado al cierre de varios ingenios azucareros (su principal industria) bajo el despotismo del onganiato, y que los medios de comunicación hegemónicos se encargaron de silenciar. Si bien la muestra tuvo su desarrollo en la sede de la CGT de Rosario, cuando se la transladó a Buenos Aires la censura fue tan brutal que la cancelaron antes de su inauguración.

Cinco décadas después, con otro gobierno de facto y un saldo 30.000 desaparecidxs en el medio y con diversos artistas que desarrollaron sus obras desde conceptualismos políticos ligados a la horrorosa historia política del país, y en un contexto de gobierno democrático que promueve la libertad de expresión, Revés de trama despertó un largo listado de calumnias, como, por ejemplo, que se trata de un homenaje al movimiento Montonero; que se erigió una placa en su conmemoración; que se realizaron pintadas con aerosol en las paredes de la Casa Histórica (lo cual sí sucedió, pero en la década del setenta y no por cuenta de Beltrame) y un sinfín de agravios e insultos que no sólo señalan el género de la artista, sino que, también, le dan la espalda a su notable trayectoria; más de 30 años de producción artística, premios, becas, investigación, curaduría y docencia universitaria que habilitan, conjuntamente, un destacado reconocimiento a nivel nacional.

Una puerta y dos ventanas. Imagen del Bicentenario

Al respecto, la obra de Beltrame se suma a los históricos y vastos casos del país, y del mundo, en los que el desconocimiento de las dinámicas discursivas del arte político contemporáneo provoca un sinfín de reacciones de odio, tanto desde una perspectiva política como de género. En efecto, la Casa Histórica cuenta con otros sucesos espectatoriales que denotaron intolerancia y violencia, como, por ejemplo, la reacción de un transeúnte ante la intervención del artista cordobés Res, horas antes de la inauguración de la 7º Bienal Argentina de Fotografía Documental en el año 2016, año del Bicentenario de la Independencia Argentina. 

Ciertamente, la obra Una puerta y dos ventanas. Imagen del Bicentenario de Res, cuya puesta en escena consistió en tapiar la puerta y las dos ventanas de la fachada de la Casa Histórica con 1500 kilos de periódicos de circulación nacional (y cuyos artículos daban cuenta sobre noticias relevantes de los últimos 200 años) constituían, retórica y figurativamente, varios bloques de construcción como una estratigrafía de acontecimientos y documentos de la historia argentina. “El concepto de la obra busca vincular la comunicación con la idea de independencia, puesto que la primera puede facilitar o entorpecer los procesos emancipatorios”, aseguró Res, en 2016, para Telam

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Una puerta y dos ventanas. Imagen del Bicentenario. Res

Los bloques de diarios obstaculizaban la entrada, pero, justamente, la acción de la obra culminaría al derribarlos -apelando retóricamente al concepto de independencia ligado a los medios-, no obstante, un hombre que merodeó la zona desde el día anterior, insultó al artista y, mientras gritaba enfáticamente que “a la Casa Histórica se la respeta”, derribó con suma violencia una buena parte de los bloques. “Decidimos dejar la obra violentada tal cual la dejó el señor, porque se trata de una obra colectiva. Una parte de ella la hizo esta persona intolerante, que también es parte de nuestra sociedad. Lo hizo cargado de odio, pero tenemos que aceptar que es así”, reflexionó Res.

Poner en contexto y re-significar; las artes

Al igual que la obra de Res, la de Beltrame también toma fragmentos de la historia de nuestro país, cuyas interpretaciones funcionan como materia prima para construir discursos que se sostienen a través del tiempo y que, a su vez, ponen en duda la eficacia de piezas antiguas en el presente. “Existe una imposibilidad a la hora de repensar o resemantizar, por ejemplo, los monumentos, los cuales instauran valores que, luego de un tiempo, cuajan y maduran. Sin embargo, nadie se pregunta si funcionan actualmente ni mucho menos se atreven a desplazarlos por otros. En este sentido, es uno de los roles del arte, actualmente, meterse en los intersticios y revisar lo coagulado para abrir un camino de nuevas posibilidades que, en este caso, visibiliza un recorte de la historia completamente oculto y sin ninguna inocencia”, reflexiona Beltrame.

A su vez, la artista sostiene la importancia de revisitar la historia y la sorpresa que le generó no solo la violencia y la intolerancia de la gente que reaccionó agresivamente, sino también la resistencia a la posibilidad de ampliar su mirada del mundo. “A partir de diversos niveles de profundidad, las artes invitan al abandono del sentido común personal, pero, debido a que muchas obras producen imágenes que se reconocen e interpretan aisladamente, las personas tienden a opinar, justamente, en nombre del sentido común. En esta línea, las redes sociales facilitan la circulación de opiniones de todo tipo, incluso de aquellas que no cuentan con fundamentos sólidos”, agrega.

Patriarcado y neoliberalismo 

Por otro lado, resulta notable que la mayoría de las agresiones devienen en ensañamientos, tal como sucedió meses atrás contra la artista Fátima Pecci. “Estoy realmente sorprendida de la cantidad de barbaridades que leí, pero entiendo que, no sólo en el ámbito de las artes, cualquier desempeño laboral abordado por una mujer suele despertar este tipo de ensañamientos”, lamenta Beltrame.

En efecto, las críticas sobre Fátima se concentraron en el plagio (cuando la cita y la apropiación son figuras recurrentes de la construcción de cualquier discurso, no sólo de los artísticos) y en sus aspectos técnicos y académicos, a través de argumentaciones que no hacen pie en ningún marco teórico del arte contemporáneo. Sin embargo, resulta evidente que, en realidad, fueron los mensajes con perspectiva feminista y su adhesión al peronismo de izquierda los que incomodaron y “justificaron” la polémica y el linchamiento mediático.

Al respecto, el ataque a Carlota es una muestra del carácter punitivista que viene amansando la derecha neoliberal para ganar terreno en las disputas culturales; Revés de trama no conmemora ni homenajea a Montoneros, pero sí establece una narrativa cuyo mensaje incomoda, porque revela un hecho político situado en la Casa Histórica que fue silenciado y sepultado. Beltrame no sólo instala preguntas alrededor del arte y la reinscripción de una técnica ancestral, como la randa, en otro entramado histórico, sino que su carácter político trasciende al sistema de circulación del arte contemporáneo nacional para devenir en significante político y blanco de violencia, sin duda agravado por la opresión de ser mujer en un mundo de hegemonía patriarcal.

Este episodio de odio, parafraseando también el texto de Foucault y a la obra en cuestión, funciona como el envés de una trama que también deviene en herencia, lamentable, de las disputas culturales que plantean los neoliberalismos en nuestro país y en todo el territorio latinoamericano.

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