La violencia de un agente del Estado no es un chiste

En el día de ayer, el subsecretario de tránsito Enrique Romero y el periodista Juan José Marquez tuvieron una discusión sobre el destino de los “trapitos” una vez que se implemente el estacionamiento pago en el microcentro tucumano. 

El periodista de América TV preguntó qué pasará con las personas que subsisten cuidando autos, a lo que el Romero respondió que la pobreza es responsabilidad del gobierno provincial y nacional, obviando que él forma parte del gobierno municipal y que las persona que quedarán sin su fuente de ingreso también son ciudadanos del municipio. 

Enrique Romero tiene periódicamente visibilidad por sus modos de dirigirse a las personas y a los medios, en lo que parece ser una estrategia de prensa, se muestra insultando y despotricando a cualquiera que le plantea algo con lo que no está de acuerdo o también a los infractores de tránsito. 

La política y los medios masivos de Tucumán aún funcionan con la lógica social de un viejo billar en el cual todos los hombres se conocen desde hace años, y despliegan ese modo de hablar y de manejarse en público. Y en sí mismo no sería un problema si este modo coloquial estuviera exento de violencia, pero sucede todo lo contrario. 

En otras oportunidades se lo vió a Enrique Romero gritando e insultando a boca de jarro en los puestos de controles de alcoholemia. Es decir, en cumplimiento de sus funciones como agente del Estado. 

Resulta importante entonces remarcar que no se trata de una persona de a pie siendo grosera, sino de una persona que está cumpliendo funciones y que como tal tiene la obligación de mantener un trato respetuoso frente a los medios de comunicación en particular y frente a  la sociedad toda. 

Varias  de las expresiones y sus dichos se viralizaron por resultar graciosas, y puede que lo sean, pero también son inapropiadas para las funciones de agentes del Estado y naturalizan un modo de proceder que nos afecta como comunidad. 

En el enfrentamiento con Marquez, Romero equipara ignorante a “indio”, hace referencia al planeta de los simios y también confiesa haberle realizado “favores” al periodista para retirar una camioneta. Expresiones que merecen por lo menos una instancia de diálogo y capacitación por parte del INADI. 

Por otro lado, el enfrentamiento de varones entre el periodista y el subsecretario de transporte dejó sin tratar en profundidad el tema por el cual se realizaba la entrevista, y sobre todo, dejó sin respuesta al interrogante sobre qué va a pasar con las personas que cuidan autos en San Miguel de Tucumán. 

Es fundamental que podamos recibir información clara y concisa sobre los proyectos que modifican la ciudad, porque las personas no son objetos desechables, y porque cada grupo de personas que de un día para otro se queda sin su fuente de ingreso representa un problema para la sociedad toda.

Los cuidacoches no son solamente “una práctica ilegal” como sentenció Romero, sino uno de los tantos trabajos informales que tiene nuestra provincia, y sobre todo el modo en el que personas como Marcelo, que trabaja en calle San Martín, encontró de ganar dinero y poder llevar un plato de comida a la mesa que comparte con su esposa y sus tres hijos. 

Se trata de vidas concretas que se ven afectadas por las políticas públicas del municipio. Y sus funcionarios lejos de dar respuestas a estos interrogantes, arremeten con su violencia y su discriminación al aire y sin ningún tipo de tapujos.

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