Argentina Arde

Un ratón escapa del fuego, y busca refugio en los pies de un brigadista. Islas entrerrianas frente a Rosario. Foto de Marcelo Manera/La Nación

Maltrato animal, daño al suelo e incendios son los horizontes políticos que nos acompañan durante las últimas semanas. Las consecuencias de este daño están cada vez más presentes y al alcance de nuestras pantallas.

Mientras usted lee estas palabras hay territorio argentino en llamas, desde hace días y de modo periódico. En San Roque, Córdoba, el lugar donde se hicieron los festivales de rock, el fuego está destruyendo todo.  El director de defensa civil de la provincia dijo que están afrontando el incendio más grande de los últimos años. En Tucumán, se registran incendios en los departamentos de Cruz Alta, Leales y Chicligasta. Otro año más convivimos con la quema de cañaverales y el hollín en nuestras vías respiratorias. 

Esta semana, la comisión de Recursos Naturales y Conservaciones del Ambiente Humano de la Cámara de Diputados, presidida por Leonardo Grosso, comenzó a analizar los nueve proyectos de Ley de Humedales que buscan generar presupuesto mínimo para proteger el medio ambiente.

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El 25 de este mes, activistas antiespecistas y ecologistas de todo el país realizaron concentraciones y acciones virtuales para rechazar el acuerdo de Argentina con China para producir carne porcina, bajo el lema “basta de falsas soluciones”.

¿Porqué falsas soluciones? Criar cerdos en Argentina para exportar su carne al mercado chino se presentó como un avance en la economía del país. El acuerdo busca incrementar exponencialmente la cría de cerdos, lo cual supone aumentar la producción de granos para consumo animal. El cálculo es sobre el incremento de dinero y puestos de empleo a cambio de hacer el trabajo que en China ya no quieren continuar haciendo, pero no entra aún en debate la tortura hacia animales ni el costo para el suelo de nuestro país.  

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Maltrato animal, daño al suelo e incendios son los horizontes políticos que nos acompañan durante las últimas semanas.

Ardemos, y no todas las personas sabemos muy bien porqué. Existe un consenso bastante generalizado sobre que los incendios del territorio argentino son provocados. De hecho, el primer reporte del Servicio Nacional de Manejo del Fuego informó que el 95% de los incendios que actualmente afectan a once provincias fueron producidos por intervenciones humanas.

Cada incendio responde a intereses específicos, pero nunca llegan a tener nombre y rostro esos intereses, mucho menos consecuencias para sus acciones. Como población nos acostumbramos a las quemas de territorios, y aún hoy genera mayor consternación los incendios que azotaron el Amazonas que los que hoy vulneran derechos en suelo argentino.

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Estos temas, pensados con claridad y distinción, se perfilan como los grandes asuntos del siglo XXI. El grupo de activistas de Jóvenes por el Clima Argentina alza la voz cada vez más fuerte.  La subsistencia de nuestra especie es puesta en peligro porque la tierra es todavía condición de posibilidad de lo humano. Mientras esto sucede, nuestra sensibilidad política para estos temas parece ser aún de otra época. Ser personas adultas en esta ocasión nos hace creer que hay más tiempo del que creemos, pero las llamas en nuestro suelo nos indican todo lo contrario.

Lo más probable es que un grupo de la sociedad aún nos encontremos dando debates lejanos, introductorios y mayormente individuales. Comer o no comer carne, reciclar de modo casero o simplemente tirar todo en una sola bolsa de basura, elegir usar productos eco-friendly o ni siquiera mirar las etiquetas de lo que compramos. Un sinfín de opciones políticas de nuestra moral individual, que no llegan a ser  respuestas estructurales que nuestro país y estos problemas necesitan. 

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Se pronuncia ECOCIDIO

El término se refiere a la destrucción intencionada del medioambiente de un territorio particular y se crea como consecuencia del daño que Estados Unidos generó durante la Guerra de Vietnam 1955-1975. El ejército de Estados Unidos usó un potente herbicida como arma química, llamado “agente naranja”. En 1972 en la Cumbre Ambiental de Naciones Unidas se utilizó por primera vez el término ecocidio para denunciar el daño irreparable que el uso de este herbicida generó en el ecosistema.

La explotación de la tierra regida por los intereses de los grandes capitales del mercado pone en riesgo nuestro futuro.  El 12 de agosto del 2020 la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó un fallo que establece medidas para frenar los incendios en la región Delta del Paraná, instó a las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe crear un comité de Emergencia Ambiental y pidió con urgencia informes ambientales a estas provincias. Este antecedente -de la preocupación del Estado por el medio ambiente sobre los intereses privados- resulta importante pero no suficiente para dar solución a los problemas.

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El ardor, como reclamo y lucha política es conocido en nuestra región. Tucumán Arde fue una acción artística de 1968 que exponía la situación de violencia que vivía la provincia durante la dictadura de Onganía. En este sentido, Paula Viturro, abogada y activista sostiene que: “ es necesario volver a decir El Paraná Arde y mostrar foto de cada lugar donde está pasando. Me parece que la gente no hace el click, un poco lo que pasaba durante la dictadura, es algo que está pero que no queremos ver. Yo era chica durante la dictadura, pero los desaparecidos, desaparecían, y eran vecinos”.

“Lo que ya está pasando es que la explotación animal y la producción de soja están vinculadas, porque la soja que se produce es para alimentar producción de ganado, sobre todo porcino. Las víctimas más directas e inmediatas hoy son los animales que están muriendo en las quemas. Son también los cerdos que están siendo matados, y serán muchos más. La industria alimentaria no da opción, ni asegura el acceso a alimentos seguros y de calidad nutritiva. Nos quiere consumidores pasivos sin soberanía alimentaria. A la mayoría de la gente le es más fácil comprar un paquete de salchichas ultra procesadas a comprar verduras accesibles y seguras para sus hijos, esto habla de cómo está nuestro sistema alimentario”, explica la especialista.  

 El daño a la tierra viene siendo una constante en los últimos siglos de la especie humana. Las consecuencias de este daño están cada vez más presentes y al alcance de  nuestras pantallas. Pero de nuevo, nuestra sensibilidad y preocupación por estos temas suben por la escalera y los problemas concretos que se generan suben por ascensor.

El suelo arde, que arda también nuestros prejuicios y nuestro velo de insensibilidad. Que arda todo para que podamos exigir decisiones razonables sobre el vínculo entre el Estado y el territorio.

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