Reflexiones cannábicas: modelo médico hegemónico farmacéutico vs. cannabis medicinal

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La Comunidad tucumana aún permanece bastante escéptica con respecto a las nuevas normativas en la regulación del consumo de cannabis. Desde el Ministerio de Salud de la Nación se expide un certificado de autorización para cultivo y consumo de cannabis a través del REPROCANN (Reprocann.msal.gob.ar). Cualquier persona que cuente con la indicación médica correspondiente de un profesional vinculado al registro, puede solicitar el permiso.  Para inscribirte en el Reprocann, consulta al 3816586228 o al IG @josefinasidan

Resulta interesante analizar, desde una mirada médica, el consumo de cannabis en los tiempos que corren. La información sobre esta planta debe ser acercada a la población para que ésta pueda democratizarse y, a su vez, hacer un análisis de manera crítica y receptiva. Resulta bastante alentador que, en estos tiempos, la ciencia emplee recursos en estudios e investigación con respecto al cannabis medicinal. Pero no podemos exigirle a la ciencia lo que les compete a las políticas públicas: el acceso al cannabis como medicina no solo tiene que estar avalado por conocimientos científicos, sino por un Estado que garantice su acceso de manera segura y gratuita, sin criminalizar a aquellxs que apuestan a prácticas milenarias y ancestrales para el tratamiento de sus dolencias.

Se corren tiempos de repensar el modelo de salud farmacológico en el que hemos nacido, en el que estamos insertos. No es casualidad que haya un aumento exponencial de la cantidad de personas que optan por terapias alternativas que contemplen la salud desde una mirada integral, holística y amorosa, en armonía con el medio ambiente y las plantas que nos rodean. 

La industria farmacéutica se encarga de perpetuar las mismas enfermedades que cura, sin reconocer a lxs usuarixs como seres integrales, conformados por una mente, un cuerpo y un espíritu, interpeladxs por coyunturas sociales, políticas, económicas, geográficas y de género, que atraviesan los cuerpos diversos, tanto en su manera de sanar como en su manera de enfermar. El devenir “alternativo” de la medicina actual alopática no es un suceso aislado, hippie chic o de montaña adentro: es el nuevo paradigma de salud que, desde diferentes campos de la ciencia en todo el mundo, se propone. 

Resignificar el acceso a la salud desde una cosmovisión natural también tiene un costo económico mucho menor para el bolsillo de la persona que utiliza su medicación en forma de aceite, pomada o cualquier derivado de la planta de cannabis. Por supuesto, existen enfermedades que deben seguir al pie de la letra las indicaciones farmacológicas, pero, para este tipo de casos, las prácticas de salud alternativas vienen también a otorgar una mejor calidad de vida a esa persona que debe medicalizar su tratamiento. 

La democratización del conocimiento científico es también concederle a la persona usuaria de una terapia, la posibilidad de elegir la opción que considere mejor para su proceso de sanar. Muchas veces, es el mismo paciente el que sabe lo que es mejor para su cuerpo, para su patología y para su día a día. Es tarea del personal de salud saber escuchar, dialogar y consensuar acuerdos sobre la mejor estrategia para paliar una enfermedad. 

El medicx ostenta un “saber” referido a prácticas de salud alternativas (a pesar de que la medicina cannábica y de las plantas en general es un gran hueco en la formación universitaria en Tucumán), pero el paciente es el que habita día a día su cuerpo y es ahí donde tenemos que saber generar puente para que la información llegue a donde tenga que llegar y sea recepcionada amigablemente. Si este puente no se consigue, lo que hacemos es ahuyentar a la población de un consultorio, y ese no es tampoco el objetivo. A nadie le gusta ir al médicx, eso lo sabemos mucho aquellxs que estamos en salud. Pero, ¿podemos nosotrxs, medicxs, acercar un modelo de salud amistoso para que las personas entiendan realmente qué es lo que les pasa? Dejar de lado creencias personales y posicionamientos morales puede provocar menos confusión con respecto a este tema.

La producción de conocimiento científico siempre tiene auspicio

Todos los medicamentos que circulan en el mercado tienen beneficios y efectos adversos para la salud, y no por eso la vara es tan estricta para con la industria farmacéutica. El cannabis tiene efectos que pueden resultar tóxicos o no deseados, al igual que los anticonceptivos orales, los analgésicos o cualquier medicamento que la población consume sin informarse primero. 

La condición de legalidad de una sustancia debería depender del costo-beneficio para la salud del usuarix. Si pensamos en fármacos que han salido de circulación a lo largo de los años por demostrarse efectos adversos a largo plazo, concluimos que éstos habían pasado por todas las etapas de experimentación que el método científico exige. Y son totalmente legales, lo cual no garantiza los beneficios para la salud, debido a que hay intereses económicos que también influyen e intervienen en los tiempos de estudio de la farma-industria. 

¿Por qué se le exige al cannabis tanto y no se presiona con la misma vara a la industria farmacéutica? Los efectos no deseados del mismo también se pueden trabajar a nivel poblacional con regulación adecuada, un marco legal acorde y con educación para la salud. 

Es urgente y necesaria la despatologización del consumo de plantas como es el cannabis, con harta evidencia científica sobre el efecto positivo en la salud de las personas. Para analizar esto, es necesario repensar dos puntos: 

-Primero, para construir un nuevo paradigma de salud ante la figura del modelo médico hegemónico, es necesario sacar el estigma sobre las prácticas de salud alternativas. Esta es una tarea que tiene que iniciar por el personal de salud, especialmente médicos y médicas que extrapolan muchas veces sus prejuicios a un consultorio, cerrando puertas a la posibilidad de vivir el “enseñaje”: educar aprendiendo (término acuñado por Pichón Riviere), produciendo muchas veces un temor injustificado a la persona que consulta.

-Segundo, es sabido el arreglo económico que existe entre el personal de salud que receta medicación y las grandes farmacéuticas que las expenden. Los beneficios económicos terminan siendo bastante favorables para aquel que prescribe cierta marca comercial de determinado laboratorio. 

Entonces, ¿a quién le conviene realmente la regulación del consumo de cannabis medicinal? ¿al médico que pierde las divisas? ¿al laboratorio que deja de producir la pastilla?

En medio de esta puja económica y comercial, ¿dónde queda el paciente con dolencias? 

La autogestión y el autocultivo es un regalo de la Pacha para aquellxs que apuestan a otros modelos de vida, a otros modelos de salud. La medicina cannábica llegó para quedarse, lo que resta pensar es de qué manera se va a ir introduciendo el debate en la sociedad, para brindarle a la población la real oportunidad de elegir de qué manera quiere transitar sus enfermedades. 

Cannabis es sanación.

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