Por Cynthia Moreira y por todas las trans

El viernes 23 de agosto se inauguró un banco rojo en homenaje a Cynthia Moreira, primero del país en recordar a una víctima de un travesticidio. “Es un homenaje a mi hermana, pero también para las chicas trans que aún están”, expresó Laura Moreira.

La Plazoleta de la Mujer, en la Banda del Río Salí, se tiñó de celeste y rosa. Junto al blanco, estos colores forman la bandera del colectivo trans. Colores binarios que desde el vientre marcan lo femenino y lo masculino, se conjugan para representar a un colectivo que se anima a borrar esas barreras. Para Laura son los colores de la bandera de Cynthia.

Laura es la hermana mayor de Cynthia Moreira, una joven trans que fue brutalmente asesinada el en febrero de 2018. Estuvo cinco días desaparecida. Su cuerpo fue encontrado en una casa abandonada en Villa Alem. Estaba calcinado y le faltaban los brazos y las piernas. Casi un mes demoró la Justicia en identificarlo y confirmar a la familia que se trataba de ella. A más de 18 meses, aún nadie sabe qué fue lo que pasó.

Laura llevó adelante la gestión ante la Municipalidad de la Banda del Río Salí para que, luego de largos meses, la inauguración del Banco Rojo coronara esta etapa. “Es el primero del país en recordar a una chica trans”, dice orgullosa. “Es un homenaje a mi hermana, pero también para las chicas trans que aún están”. La foto de Cynthia completa el homenaje que pronto será inaugurado y quedará emplazado en el espacio público.

El rostro de Cynthia cubrió la plazoleta. Estampado en remeras, pintado en carteles y pancartas, impreso en banderas. Laura la lleva tatuada en la piel. Su presencia se sintió en las palabras de las conversaciones que sucedían en la espera, en los abrazos de quienes llegaban, en las lágrimas constantes de su madre, en el silencio de su padre.

El acto contó con un gran despliegue protocolar. El intendente Darío Monteros y su esposa, la diputada nacional Gladys Medina, llegaron 36 minutos tarde, saludaron a la familia y se sentaron a su lado en primera fila. Había sillas, sonido, alrededor de diez personas en la organización que verificaban que todo esté bien, y hasta un presentador. Laura fue la primera en ser invitada a subir al escenario para hablar sobre Cynthia, para compartir algunas anécdotas y acercarlas a todas las personas presentes que tal vez nunca la habíamos conocido, pero ahí estábamos acompañando.

Contó que cuando Cynthia tenía 14 años le confesó, sentadas en unas hamacas en el fondo de su casa, que ella se sentía mujer, que quería ser trans. Tenía miedo a la reacción de su familia, pero Laura la animó a que le contaran juntas. Siempre hubo aceptación, pero también mucho miedo a la discriminación, a la violencia, a la transfobia que hay en la sociedad.

Cynthia quería ser peluquera y maquilladora. Hizo cursos y trabajó en algunos lugares, pero nunca pudo acceder a un trabajo que le permitiera vivir independientemente, hasta que terminó trabajando la calle. “Nunca nos había dado problemas, siempre hacía caso”, dice Laura frente a una multitud que la escucha atenta. Pero eso no fue suficiente para que Cynthia dejara la calle, que hoy significa peligro, violencia, exposición.

Sé que la verdad va a salir a la luz”, repite Laura como un mantra arriba del escenario. “Mi hermana fue víctima de discriminación y odio. Hoy estando en esta lucha entré a tener una nueva familia, esa nueva familia es la comunidad trans. Conozco muchas historias muy dolorosas, la violencia que existe, la discriminación que tenemos en la sociedad, nadie quiere contratar a una chica trans para atender un quiosco, una tienda de ropa, o cualquier local. Hoy ellas no tienen posibilidades. Eso es doloroso, porque yo las veo hoy aquí y las conozco y sé que deberían tener las mismas oportunidades. Hay gente que me dice que no me abrace con las chicas trans. Soy la hermana de todas. Hoy puedo decirles que ellas son mi pilar más fuerte en mi lucha, con la familia de Gala Perea, de Lourdes Reinoso, de Ayelén Gómez”.

Las amigas de Cynthia no se sentaron adelante, ocuparon una de las últimas filas. Las palabras de Laura obligaron al público a girar y dirigir sus aplausos a ellas, las sobrevivientes de de un sistema que expulsa, estigmatiza y discrimina a quienes se animan a transgredir lo establecido.

Ojalá que esta sociedad y la Iglesia Católica, que dice varón-varón mujer-mujer, pueda cambiar su mente y digamos basta de crímenes de odio”, cerró estoicamente Laura.

La siguiente en tomar la palabra fue Ramona Magalí Sagarias, mujer trans y directora del Área de Diversidad Sexual de la Municipalidad de Bella Vista. “Esto es un logro conquistado por su familia, la lucha incansable de ellos hizo que hoy las mujeres trans tengamos visibilidad a los ojos de la sociedad, a decir también existimos y nos pasa esto. Este banco representará también a todas las que quedamos en pie para seguir luchando, a que se respete nuestra identidad de mujer y mejore la calidad de vida de nosotras. Queremos la igualdad de derechos, oportunidades laborales y la protección de las instituciones para garantizarnos mejor salud, mejor educación y un trabajo digno con aportes y salarios”.

El acto bien podría haber terminado allí, no había mucho más para agregar luego de las profundas palabras de las dos primeras oradoras. Pero aún faltaba que hablen los funcionarios: el intendente, la diputada nacional y la directora del Área de Género de la municipalidad bandeña.

En el momento de la inauguración del Banco una multitud rodeó la reja negra que le demarcaba un área de seguridad. Como una paradoja, el banco que conmemora a una chica trans que vivió, y tantas otras siguen viviendo, expuesta a la violencia tendrá mayor protección que su propia vida.

La madre de Cynthia llevaba la foto de su hija colgando del cuello. Le costaba mantenerse parada y en sus ojos oscuros se notaba un profundo sentimiento de desolación. Se paró en una esquina cercana, y lloraba mientras las cámaras la atosigaban.

Finalmente se concretó el acto inaugural al sacar la bandera de la Municipalidad de la Banda del Río Salí. Una placa dorada quedó descubierta y decía: “En el centro de la no violencia se alza el principio del amor. A la memoria de las víctimas de femicidio. En homenaje a Cynthia Moreira“. A pesar de que Laura fue consultada al respecto, la palabra travesticidio fue omitida. Respetar las identidades, incluso para nombrar los crímenes, supone aprender otros términos y otros modos desandando el camino de lo binario. Las palabras tienen peso por que representan a personas concretas.

La angustia de la mamá de Cynthia traspasó la reja y se coló en todas las personas que estaban distraídas en el acto y que por unos segundos habían olvidado que estaban destapando una especie de lápida de una compañera trans más asesinada.

Enseguida, y para tratar de aliviar a su mamá, Laura tomo el micrófono y dijo algunas palabras. Las chicas trans ya tenían preparados los globos celeste y rosa inflados con helio que soltaron con las últimas palabras de Laura, mientras comenzaba a sonar la canción de Patricia Sosa “Aprender a Volar”.

“Duro es el camino y sé que no es fácil
No sé si habrá tiempo para descansar
En esta aventura de amor y coraje
Solo hay que cerrar los ojos y echarse a volar”

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