Las triquiñuelas de la imaginación
El cineclub Zap Cine proyectó Carnival of Souls (1962), de Herk Harvey, el martes 21 de abril a las 20:00 hs en la Sociedad Sirio Libanesa.
Sin sangre ni efectos especiales, la película construye su terror a partir de climas escalofriantes. Estrenada en 1962 como una producción de serie B, tuvo en su momento una recepción indiferente tanto del público como de la crítica. Sin embargo, en 1989, con motivo de su reestreno, se consolidó como un clásico de culto.
La trama se inicia con una carrera de autos que deriva en tragedia: uno de los vehículos, con tres jóvenes a bordo, pierde el control y cae desde un puente al fondo de un río. Milagrosamente, solo sobrevive Mary Henry, protagonista absoluta del filme.
El relato se articula a partir de una fractura de la realidad, sugiriendo la coexistencia de dos planos (el de los vivos y el de los muertos) mediados por una percepción sensorial inestable. Esta operación le otorga a Carnaval de las almas una atmósfera onírica, fantasmagórica y ominosa.

Aquello que más tarde se consolidaría como un rasgo distintivo en el cine de David Lynch aparece aquí anticipado por Harvey: la transformación de los espacios cotidianos del sueño americano en escenarios de pesadilla. La representación de ciudades como Salt Lake City o Lawrence, junto con los paisajes emblemáticos de la Norteamérica tradicional —desde sus bares de carretera (diners) y gasolineras hasta sus avenidas comerciales y pensiones—, se invierte mediante un recurso de desenfoque estilístico, donde los espacios aparecen vaciados y extrañados.
El género de terror funciona así como una metáfora de problemáticas contemporáneas, articuladas desde una perspectiva que puede leerse como una pesadilla femenina precursora frente a las masculinidades tóxicas. Los espacios, cargados de incomodidad y extrañamiento cotidiano, operan como proyección de una psique femenina atravesada por la presencia de figuras masculinas que acosan, juzgan y desestiman a la protagonista. En este sentido, el personaje espectral encarnado por el propio Harvey condensa y exacerba esas presencias.
Los patrones de montaje resultan particularmente inquietantes: una sucesión sostenida de cortes rápidos y cortes por coincidencia genera la impresión de ubicuidad de la protagonista, como si habitara múltiples espacios de manera simultánea.
Finalmente, los recursos imaginativos, la banda sonora, la presencia de la culpa y el misterio, junto al sonido insistente de unos tacos corriendo por la ciudad, contribuyen a construir una sensación general de paranoia que atraviesa toda la película.



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