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“El mundo es inabarcable como el deseo de rodearlo”

Hoy, jueves 24 de mayo a las 20:30 en el MUNT, la artista Geli González desarrollará una performance en el marco de su muestra “Mi mundo es todo el mundo”. Desde La Nota conversamos con la artista sobre el proceso de producción e incluimos un texto del artista Maxi Castro.

La muestra Mi mundo es todo el mundo, de la artista Geli González, curada por Aldo Ternavasio y Alejandra Mizrahi, anuncia su cierre el domingo 3 de junio. Con casi tres meses de interpelar a los y las visitantes del museo, en acto casi prelúdico del fin, González ofrece hoy a las 20:30 hs la performance Dos voces, y una más como la quinta actividad desarrollada en el marco de dicha muestra. La misma inaugurada el 15 de marzo en el MUNT y abrió la programación de 2018 del museo. Javier Soria Vázquez, Verónica Meloni, Alejandra Mizrahi y Gabriel Chaile plantearon distintas actividades atravesadas por Mi mundo es todo el mundo, “una propuesta que disloca las certezas, se hace preguntas e indaga otras formas de estar en el mundo”, define el comunicado de prensa de la muestra, agregando que “hoy el feminismo marca una de las formas de pensamiento más necesarias y urgentes erigiéndose como el bastión de los derechos de la otredad en todas sus formas. Geli González lleva al museo esa otredad y construye en él espacios de encuentro y confrontación con ella, pero también, de alianza, transfiguración y reinvención conjunta. Da vuelta procesos de la memoria individual y colectiva que tienen su propia narrativa: el principio ahora es el fin y el fin, el principio”.


Dos voces, y una más.

“La seguridad y el placer de lo cotidiando devienen en fastidio. Esa aparente trivialidad me interpela.
Los objetos se tornan sospechosos. Me interrogan y yo a ellos. ¿Qué acciones los habita-habitaron-habitarán?, ¿qué nos dicen, cuáles son sus historias?
Líneas evanescentes de vapor se alzan como voces crepitantes. Me desafían. Soy esas voces. Me fundo en su crispada sonoridad.
Sobrevivimos al hastío de la rutina, ellas y yo”.

                                                                                                                          Geli González


“Dos voces, y una más” en agenda cultural

Todo comenzaba

“Seis años atrás, Aldo Ternavasio me sugirió que haga una muestra y que él escribiría al respecto. En aquel momento me encantó la idea pero pasaron cosas -como las que le pasan a todos y todas- y fui dilatando su concreción hasta noviembre del año 2016, que fue cuando tuve el ímpetu necesario y lo encaré con toda; aposté a una muestra grande ocupando un museo completo. No sólo recordé la propuesta de Aldo, sino que le hice una contra-oferta pidiéndole que cure la muestra y al toque comenzamos a pensar posibilidades de financiamiento y lugar. Luego invité a Alejandra Mizrahi para que se sume en el proyecto curatorial y así empezamos a reunirnos y compartir encuentros que trascendían a la amistad que nos une desde hace tiempo. En marzo de 2017 arrancamos oficialmente; Alejandra asumió algunas tareas de organización y yo me ocupé de reunir obras, piezas y material producido. En ese momento busqué a Evi Tártari y a Sol Rodríguez Díaz para que armen un equipo de producción, porque estaba claro que no tenía tiempo para más que desarrollar la muestra en cuanto a su contenido. Los resultados del trabajo grupal fueron un éxito. Estoy muy agradecida”, recordó Geli.

Olvido y memoria

“Paralelamente al desarrollo del resto del equipo comencé a trabajar con cerámica (arcilla blanca) teniendo en cuenta algunos dibujos previos sobre la memoria y una suerte de desesperación por retener los recuerdo. En gran parte de mi producción, me concentré en los objetos de mi entorno cercano, generalmente doméstico. En una de esas prácticas logré congelar el hueco de los objetos, la parte vacía; una suerte de molde del vacío, asociado a lo blanco, al desvanecimiento de la imagen, metáfora de la memoria y el olvido. De allí viene esa presencia clara y blanca”, continuó recordando.

Otros terrenos; cerámica y escultura

“Con los dibujos trabajé desde la abstracción con alguna vista que me interesa, generalmente la aérea. Esto fue trasladado a la cerámica. En el momento del esmaltado, en la segunda vuelta del horno, las piezas tenían accidentes y se alejaban de lo que deseaba o había imaginado, que era esencialmente una traducción de mis dibujos. En ese proceso de pensamiento, aquellas piezas resultaban algo pretenciosas porque no llegaban a ser “perfectas” por varias fallas. Error y accidente fueron palabras que empezaron a tener relevancia y dieron vuelta todo el proceso”, explicó.
“La conexión con los materiales, el tiempo, la experiencia en el taller fueron muy importantes y la falla continuó operando en el proceso de producción de la cerámica. Por ejemplo, practiqué una técnica de esmaltado (baño), en la que se coloca la pieza suspendida en un recipiente para bañarla de esmalte, una práctica que funciona muy bien cuando se trata de piezas que tienen superficie convexa. Mis piezas, en cambio, eran poliédricas, con aristas y lados planos. Al aplicar el esmalte, éste se esparcía irregularmente y al girar la pieza quedaban marcas. En la cochura, el esmalte se absorbió rápido y quedaron formas de gota. Eso me fascinó y tuvo una correspondencia muy fuerte con las pinturas de la última sala que las hice en el año 1997 y sufrieron las consecuencias de estar guardadas en un depósito donde les cayó agua y no tuvieron ningún tipo de cuidado. Fue un momento de dicha”, agregó González.

“Paralelamente empecé a hacer traducciones de los dibujos en unas estructuras de hierro y luego rellené con cemento blanco los espacios vacíos a partir de los receptáculos de dichas estructuras. Tanto la cerámica como la escultura son dos técnicas que no domino y aprendí muchísimo al respecto en el proceso de construcción de la muestra y me encantó hacerlo”.

El accidente, los accidentes; lo roto

“Mientras la pieza reveladora de las gotas de esmalte estaba secándose, una persona tropezó, la tiró al suelo y estalló. Eso tenía que pasar; otra vez el accidente y ahora lo roto, sumado a la desatención del acabo técnico, el no respetar las normas de la cerámica en relación al esmaltado, ni la cochura etc, originaron que la desobediencia pase a ser un patrón constante. Hice muchas pruebas y superposiciones de esmaltes en valores altos y traslúcidos de color. Incluso luego de que algunas piezas se rompieran las esmaltaba igual”.

Su mundo es todo el mundo

“La disposición de los objetos en cada sala, la casa en medio de la sala más grande pero con el acceso afuera del museo, fueron decisiones con las que tratamos de llevar a cada espectador y espectadora a una situación performativa en medio de un desastre descarnado y sin ocultamientos. El descuido de las pinturas que estuvieron guardadas por veinte años, también fue aprovechado, desde el desastre y el hallazgo, y formó parte de todo ese universo de palabras que no pertenece al léxico técnico de las artes, donde cada vez tuvo más fuerza la idea de desastre natural, inundación, o terremoto. “Mi mundo es todo el mundo” es un fragmento de un texto mío donde sitúo a la casa como signo, un recurso muy fuerte dentro de mi producción. Es una frase que funciona como un guante y entra en un juego de sístole y diástole”, explicó Geli sobre el nombre de su muestra; una frase singular pero que funciona como una clave universal, porque todos y todas tenemos una experiencia del mundo y que equivale al mundo de cada uno y una. “Es inasequible, como el deseo de rodearlo; el mundo es inabarcable”, finalizó .

 


Servicio Político

El coeficiente intelectual de algunos animales no es domesticable. El rinoceronte no es como el perro, que se adapta. La equiparación entre la especie humana y los animales sirve y ha servido a los fines de la dominación.

Las primeras dos definiciones de la Academia de la Lengua sobre “doméstico, ca” nos hablan, por un lado, acerca de algo que es relativo a la casa u hogar y, posteriormente, nos habla de un animal que se cría en compañía del hombre, a diferencia del salvaje.

Las tareas domésticas, entonces, son las tareas del hogar, el trabajo que desempeña una persona o el servicio doméstico en compañía del hombre. El verbo domesticar, que viene de doméstico, nos habla de hacer tratable a alguien que no lo es, de moderar la aspereza de carácter. Nos habla de reducir, acostumbrar a la vista y compañía del hombre al animal fiero y salvaje, es decir, el que no pertenece a especies acostumbradas a la convivencia con el hombre. El servicio doméstico, entonces, se diferencia del desempeño salvaje de un servicio porque este último no pertenece a la convivencia con el hombre, ni se reduce al servicio del hombre.

El desempeño de la artista Geli González equivale a un “servicio salvaje”, no domesticado, con la particularidad de que utiliza los signos de un servicio doméstico relativo al hogar, una tarea al servicio de los intereses del hombre, pero se trata, al mismo tiempo, de una tarea del hogar nueva, que se resiste al uso que significa un servicio no remunerado al servicio de un sistema injusto que sostiene la falta de equidad entre los géneros.

El coeficiente intelectual de las especies oprimidas, históricamente las mujeres, ya no permite la dominación acostumbrada al servicio y en compañía del hombre, ya no es más domesticable. La revolución es de las mujeres. Pero no se trata de un simple espejamiento de la idea de domesticar intercambiando las posiciones de los géneros. Mi mundo es todo el mundo tampoco pretende someter a nadie al servicio obligatorio del acompañamiento servil. Para Geli, pienso, nuestro mundo actual es el que advierte la diferencia entre criar y crecer juntos desde un nuevo hogar, y por nuevo hogar y nuevo mundo quiero decir -o es lo que Geli nos está diciendo- Revolución y Libertad.

                                                                                                                             Maxi Castro


“El rayo que no cesa de no caer”, de Mirena Muñoz.

Las fotografías fueron tomadas y editadas por Atilio Orellana

Escrito por

Periodista

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