Veo ESI en todas partes

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¿Podemos usar los hechos mediáticos como una oportunidad de trabajo con la Educación Sexual Integral en el aula? Algunas ideas para la vuelta a clases. La vergüenza de menstruar, el caso de Fernando Báez Sosa y Lucio Dupuy

Escribo esta nota pensando que en pocas semanas en Tucumán volvemos a clases y este verano estuvo lleno de titulares que leía como oportunidades para trabajar con la Educación Sexual Integral (ESI) pero sobre todo, oportunidades de diálogo e intercambios acerca del impacto social que tienen estos hechos. 

Menstruar sin vergüenza

Esta mañana una compañera de trabajo me preguntó si alguna vez me había “manchado” con sangre menstrual en una situación pública. Sentí por el cuerpo esa sensación de pánico e incomodidad permanente cuando iba al secundario y estaba con mi ciclo menstrual. Pánico e incomodidad porque se me note, por el dolor que me producía y que tampoco quería mencionar.

La charla de oficina vino por el momento televisivo viralizado en donde Georgina Barbarossa, “protege” a la modelo Sofía Jujuy Jimenez para que no se vea la mancha de sangre en su pantalón. Sofía y Georgina me recordaron al pánico y la vergüenza de mi adolescencia. 

Eso que naturalizamos, la vergüenza y los eufemismos para hablar de menstruación, son entre otras cosas, oportunidades de trabajo en el aula desde la ESI. Como parte de los cambios que se pueden vivir dentro de la pubertad -entre los 9 y 13 años-, el ciclo menstrual es un contenido curricular previsto para ser trabajado a partir del último ciclo del nivel primario, forma parte de una unidad temática que en ESI le decimos “los cambios que se ven y que se sienten”. Lo enunciamos así, porque si bien son cambios que suceden en el plano fisiológico y corporal, afectan directamente nuestra emocionalidad y la forma en la que empezamos a relacionarnos con nuestro entorno inmediato: amigos/as, familia, escuela, club, etc. 

Lo que la ESI propone es un análisis grupal de esos factores que se alteran en el cotidiano de los y las púberes, para identificarlos como procesos naturales por los que atravesamos todos y todas, con el objetivo de sacarlo de la vivencia individual para llevarlo a un plano colectivo de naturalidad, de manera que, como docentes, podamos orientar con herramientas y facilitar ese tránsito entre niñez, pubertad y adolescencia. 

Propuestas de trabajo en el aula 

Estereotipos de género: los discursos en torno al caso de Fernando Báez Sosa y Lucio Dupuy

El asesinato de Fernando Báez Sosa instaló debates sobre cómo se construye y valida la masculinidad en varones -cis- jóvenes. La brutalidad del ataque en manada hacia un joven no merece sólo una condena de la justicia, sino también la revisión -y acción- crítica de las prácticas que normalizan la violencia y la insensibilidad como propias de los hombres. 

Estas prácticas suelen ser la regla no escrita, pero de cumplimiento explícito, en los acuerdos sociales sobre cómo debe comportarse un varón en el contexto de, por ejemplo, un equipo de rugby o de fútbol. Traigo el ejemplo de clubes deportivos ya que es lo particular en este caso, pero basta detenerse a pensar un segundo para saber que la masculinidad agresiva es construida, validada y exacerbada solo entre otros hombres. No somos las mujeres quienes convalidamos el “nivel de masculinidad” de un hombre, sino que esa garantía suele ser legitimada entre pares. 

La ESI, como programa educativo, tiene mucho para aportar en la deconstrucción de estos estereotipos sobre masculinidad. La tan temida y mal publicitada perspectiva de género aporta una visión crítica e igualitaria sobre como cimentamos nuestros vínculos sociales, incluso desde la primera infancia. Se trata de garantizar educación desde la igualdad de oportunidades como un derecho de todas las personas. Esto implica distintos tipos de recursos para el aula, como proponer espacios y modos de juego no diferenciados por el género, educar en la capacidad de reconocer y expresar con libertad las emociones más allá de si se trata de un niño o una niña, reflexionar críticamente sobre los modos de ser mujer y varón en los distintos momentos de la historia o revisar y estudiar las garantías legales vigentes en relación a la prevención de la violencia de género, por citar algunos ejemplos.

Educar teniendo como base transversal la perspectiva de género no significa ignorar las diferencias entre hombres y mujeres, sino que se trata de desarmar las inequidades construidas en torno a las diferencias sexuales.

Patologizar las identidades

El homicidio de Lucio Dupuy es quizás uno de los hechos que más nos conmovió como sociedad en los últimos tiempos, al tratarse de un niño violentado y vulnerado por personas adultas. La gravedad del caso ( más su tratamiento mediático y judicial) no es lo que propongo aquí como análisis, sino la importancia pública que tuvo en los medios el hecho de que la madre de Lucio, y la perpetuadora de la violencia, sea lesbiana.

Mediáticamente se hizo hincapié en un detalle como la orientación sexual -que vale destacar, no es cuestionado si las personas son heterosexuales- para considerarlo como un agravante del homicidio. Es decir, se patologizó la identidad como lesbianas, para profundizar en la construcción del perfil de las asesinas del niño. 

En la trayectoria histórica de la lucha por los derechos de la comunidad LGBTI, el principal logro fue dejar de ser consideradas personas con trastornos mentales, como lo dispuso la Organización Mundial de la Salud recién en 1990. A partir de allí se pudo avanzar en legislaciones que dieron un marco de igualdad y trataron a la orientación e identidad sexual como partes de un derecho humano del que todxs somos libres de elegir. En el marco de esos derechos, la ESI propone el reconocimiento y respeto a las diversidades dentro de las escuelas, apostando no sólo a visibilizarlas sino a trabajar en la deconstrucción de los estereotipos negativos asociados a ella.

Si bien el reconocimiento y puesta en valor de la diversidad aún cuesta de ser abordado como contenido aúlico, en los últimos años muchas escuelas avanzaron en este sentido, acompañando a estudiantes en sus procesos de transición de identidad de género, erradicando prácticas como la elección del mariposón en la escuela, incluyendo en el calendario efemérides asociadas a la diversidad, entre otras cosas. 

La cobertura mediática y condena por el homicidio de Lucio Dupuy debería poner el foco en cómo resguardar y garantizar el bienestar de las infancias, haciendo valer los principios de corresponsabilidad del Estado, las familias y las organizaciones para resguardar los derechos de niñas, niños y adolescentes.

En síntesis, este breve punteo es una invitación a pensar que esos temas que los medios nos repiten una y otra vez, que se vuelven charla recurrente en oficinas, en un viaje en taxi, en la mesa familiar o incluso en la fila del almacén, son temáticas que también atraviesan a los/as estudiantes que vuelven a las aulas en pocas semanas, y desde la ESI hay propuestas concretas para trabajar contenidos que ya existen en las currículas educativas y que nos ayudan a pensar estos hechos en un marco del aquí y ahora. 

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  1. Felicitaciones Marianita me encantó el artículo para socializar con directores y poder hanlar de ESI en nuestras Escuelas Secundarias desde el conocimiento y con la responsabilidad que merece. Besos

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