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Un homenaje a Mercedes Sosa resuena en Tucumán igual que su legado

Este sábado, en conmemoración de los 9 años del fallecimiento de “La Negra”, integrantes del Movimiento de Mujeres por el Arte de Tucumán y un grupo de artistas de distintas disciplinas, celebraron su legado artístico, cultural y político. Desde La Nota te invitamos a revivir el evento, a través de reflexiones de Adrián Sosa, Nancy Pedro, Estefanía Cajeao,  y Antonella Correa.

Entrada la noche del 6 de octubre celebraron, en Centro Cultural Mercedes Sosa , decenas de artistas bajo el lema “Con mujeres tendrán que luchar”, remitiéndose a Mercedes Sosa. El recinto tiene capacidad para 200 personas, pero tal vez ningún lugar podría contener a todas las personas que desean homenajear a la voz de Latinoamérica, que hoy tendría 83 años de vida si estuviera en pie.

“El homenaje estuvo repleto, incluso quedó gente afuera y muchas personas tuvieron que sentarse en el piso. Fue maravilloso, porque entre todos los y las presentes colmamos de alegría la noche”, expresó el artista, Adrián Sosa, sobrino de La Negra y productor artístico de la celebración. “Para organizar este evento, el director del Centro Cultural Mercedes Sosa, perteneciente a la Municipalidad de San Miguel de TucumánRolando Soria, se puso en contacto conmigo para homenajear a mi tía y me pareció que en el contexto de lucha que atraviesan actualmente las mujeres y feministas (y puesto que mi tía fue abanderada en el tema por mucho tiempo), un grupo de ellas sería lo más indicado para hacerlo, razón por la que nos pusimos en contacto con las integrantes del  Movimiento de Mujeres por el Arte Tucumán. También participaron músicos como Daniel Toledo, Daniel Albarracin, Ezequiel Vega y yo”, agregó.

Mercedes Sosa, la voz de Latinoamérica

Desde sus inicios en la radio LV12 de Tucumán, hasta convertirse en la máxima representante de la música popular latinoamericana, “La Negra” supo exceder los límites del idioma; su potente voz se empapó de lucha y feminismo para trascender fronteras y géneros.

Nació en San Miguel de Tucumán, en el seno de una familia trabajadora, de descendencia calchaquí y vinculada al trabajo de la zafra. En plena adolescencia comenzó a cantar. También tocaba el bombo -con mucha destreza-, bailaba y daba clases de danzas folclórica. Pero recién en 1959 pudo grabar su primer disco, La voz de la zafra.

Distintas voces y miradas aseguran que La Negra primero impactó por la calidad de su potente voz, pero sobre todo, por involucrarse en un género y la ejecución de un instrumento que habían sido apropiados -desde su génesis-, por varones. De este modo, Mercedes inició el Movimiento del Nuevo Cancionero, con el que renovó el folclore, revolucionó la música en Argentina y trascendió al mundo luego.

Intérprete de cientos autores y autoras, los primeros trabajos con los que visibilizó su arte fueron los discos Canciones con fundamentos y Yo no canto por cantar, pero el hecho que marcó el comienzo de su éxito masivo fue en 1965, cuando se presentó por primera vez en el Festival de Cosquín, como la invitada de Jorge Cafrune, quien mantuvo una postura firme cuando los organizadores del evento la rechazaban por su afiliación y militancia en el Partido Comunista. Ella misma calificó esa presentación como “la actuación definitiva” en su carrera, porque la ovación del público la consagró para siempre. Tanto fue así, que en 1967 realizó su primera gira por los Estados Unidos y Europa (viajes que se repetirían decenas de veces más); al año siguiente grabó un nuevo disco y dos años después un tercero, que incluyó Canción con todos, considerado como un himno latinoamericano. Su carrera continuó en franco ascenso hasta que, en Argentina, fruto de la última dictadura militar de 1976, se prohibieron sus discos y se exilió en Europa. “Toda censura es peligrosa porque detiene el desarrollo cultural de un pueblo”, dijo al respecto La Negra.

Con mujeres tendrán que luchar

“Creo que lo mejor que pudo haber pasado para homenajear a La Negra, mi tía, fue todo lo que pasó este sábado. Percibo que dimos pie a un momento de resistencia, sobre todo, ante las políticas económicas de ahogo que estamos atravesando. Fueron instantes en que pudimos decir lo que en otras circunstancias nadie dice. Fueron dos horas de resistencia y con Mercedes presente, a través de las canciones que interpretaba y el ejemplo de su lucha”, continuó conmovido Adrián Sosa, sobre el evento que hizo presente el arte de múltiples formas, a través de música, canto, danza folclórica, poesía y artes visuales.

Desde el canto participaron Abril Vega, Alina Farah, Angélica Camuñas, Dana Quiroga, Daniela Bravo, Flor Lencina, Natalia Trouvé, Sole Mendilaharzu, Nancy Pedro, Josefina Velazquez, Fabi Fiori y Ana Quinteros. Entre los músicos presentes estuvieron Daniel Albarracín, Ezequiel Vega, Adrian Sosa, Daniel Toledo.

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Mi nombre es Nancy Pedro, canto hace años… siempre abriendo puertas y en la búsqueda de canciones, en la construcción de espacios. Siempre he andado compartiendo la experiencia con otras personas e inventando con creatividad y voluntad la posibilidad de cantar para alguien. Para quien sea.

Con la intención decir, de invitar a reflexionar, de invitar a sumarse al decir, al despertar del sentir y entonces a hacer.

Como grupo tan grande en general aceptamos como propia la decisión de la mayoría y buscamos encontrarnos cada vez.

La Invitación a homenajear a la Mercedes Sosa ha sido un acuerdo desde el principio.

Hemos juntado todas las expresiones que podemos, sentimos y tenemos y las hemos compartido entre nosotras para ofrecerle a la gente lo mejor que podemos dar.

Cada canción que se me ha ocurrido versionar, hacer,  pronunciar, cada contexto que he querido empapar o situación iluminar o pared destrozar ha tenido ya a la Mercedes Sosa antes y ahí. No hemos inventado nada. O sí… a nosotres mismes en su camino… Hemos seguido su camino, su diversidad, su luz, su maravillosa visión. El Mundo bendecido ha estado preparado para recibirla, y ha quedado para siempre su halo de sonido de verdad resonando en un compromiso de coherencia, de valor en la palabra y en el canto, una alianza en la voz y el cuerpo con la tierra y el destino de quienes vivimos en ella.

No puedo hablar de los homenaje sin hablar de ella, o de nosotras.

Ya no puedo pensarme sola. No puedo dejar de sentirme parte de una voz: conjunta, colectiva, feroz, íntegra, sorora y sonora, amplia, porosa permeable y vibrante que pronuncia, que nombra, que manifiesta. Somos una sola. Somos todas. Pero jamás ninguna. Somos mujeres y nos tenemos.

Somos cuentas hilvanadas en un solo hilo…todas atravesadas por un camino que no se rompe, que nos une. Que no nos separa. Somos pedacito de tela que abriga, que amontona, que se cose a cada canción con un sentido en la vida. El escenario es el lugar más especial del mundo, es una ventana al cerro, al sol y la oportunidad de abrazar a quien se acerca.

Rendir homenaje a ella, desde este grupo, ha sido de las experiencias más conmovedoras que he vivido. Rendirle homenaje a ella es elegir cómo vivir.

Si la vida fuera solo seguir sus pasos sería una vida llena de sentido.

Nancy Pedro
(música) integrante de Mujeres por el Arte


La palabra y el cuerpo

Candelaria Rojas Paz recitó un poema y Maby Sosa leyó unas palabras escritas por ella, que suscitaron posteriores reflexiones sobre casos como los de Santiago Maldonado y Milagro Salas. Además, Viviana Rivadeo Monteros y Lorena Gabriela Ibañez, pintaron en vivo. Paralelamente, la producción audiovisual estuvo a cargo de Legüera Produ/Acciones.

Otra expresión artística que se hizo presente fue la danza folclórica argentina y latinoamericana, en la que participaron Ana DarelliAntonella CarabajalFlorencia LoboGiselle GregorioPaula SánchezTamara SoriaAntonella CorreaFlorencia ZerdaEva SánchezEmilse VillalbaGabriela Dos SantosLuján ArroyoBrenda Medlell Mariana Dorado. “Como bailarina, e integrante del Movimiento de Mujeres por el Arte, homenajear a semejante artista, mujer, es un orgullo”, dijo Antonella Correa. “Admiro y respeto profundamente a La Negra, tan clara y luchadora… Además, compartir el escenario con grandes mujeres, amigas, hermanas y compañeras del movimiento fue muy emocionante para mí. No tengo palabras para describirlo. Hubo un momento en que nos promulgamos a favor de la vida y del aborto legal e inmediatamente nos llegó el momento de bailar. Allí percibí una actitud tremenda de todas; unimos fuerzas y dejamos muy claro quiénes somos y qué queremos”, recordó Correa, bailarina, profesora de danzas folclóricas e integrante del grupo La Bulla.


Por Estefanía Cajeao

Hacela de nuevo

“A las 2.30 de la madrugada del día del actual, ante llamado telefónico anónimo, se comunicaba que en el Almacén San José, la folklorista Mercedes Sosa entonaba canciones de protesta. Se constituyó en el lugar personal de ésta Policía, constatándose que la nombrada artista incluyó en su repertorio canciones prohibidas por la Ley 19.798”.

Termina el audio. Las chicas escuchan atentas, algunas desde el piso del SUM -que está lleno-, otras desde el escenario. Dos de ellas pintan un mural en simultáneo.
Las poetas y escritoras, circulan con papeles en las manos. Las bailarinas “pasan” fragmentos de lo que van a presentar más tarde, en cada rincón que pueden inventarse. “Las bailarinas siempre se mueven en el espacio que se pueda”, pienso. “Cómo hacen para volar como si estuvieran cómodas en un metro cuadrado? cómo hacen para desplegar brazos, piernas y pañuelos en los bordes que les propone el contexto?”.

Nosotras estamos concentradas. Tenemos toda la proyección en una sola pista y no podemos fallar. Porque no nos gusta fallar. Porque somos exigentes, pero además esta vez nos importa sobre todo que a la Negra se la escuche entera. Clara. Sin ruidos ni visuales ni sonoros. Tiene que entrar en el momento justo. Tienen que bajar las luces. No pueden quedar atriles ni pies de micrófonos adelante de una pantalla que es pequeña para su grandeza, pero que sabemos que alcanza porque lo importante ya sucedió: ya alguien tuvo la lucidez política de trasladar una propuesta individual a un proyecto colectivo. De leer el contexto y jugársela, con la confianza quizás, de que era la mejor manera, en este tiempo, de homenajearla.

¿Qué pasará por la cabeza de su hermano, ahí sentado viendo cómo una manada de mujeres con pañuelos verdes, con cuerpos y voces de verdad, fluyen una tras otra, unas entre otras, haciendo lo que les sale del alma cuando les dicen “Mercedes Sosa”?
¿Qué nos hizo esta mujer negra, gorda, comunista, tucumana, que no podemos dejar de sentirla? ¿Qué representa para cada una? ¿Qué fibras nos toca? Y no es “como mujeres” únicamente, pienso, ¿qué nos toca como pueblo?.

Somos un pueblo congregado en una sala pensada para 200 personas, y no entramos. Pero nadie se quiere ir. Ella nos une. Nos quedaríamos ahí para siempre cantando lo que más nos gusta de su repertorio. Bailando lo que sentimos con su voz. Pintando lo que nos nace de su figura. Nos quedaríamos ahí, escuchándola una y otra vez autoproclamarse “feminista”. Sí, ella, y hace años. “Mujer de izquierda”, dice, y siento que me voy a morir de la locura de escucharla a ella decirlo.

El folclore y su origen planificado de derecha colapsan y se revolucionan en un segundo. Se hace justicia, cuando ella canta a las prácticas del pueblo, reales, concretas, que la oligarquía se apropió para hacernos creer que eran suyas.
Ella no es pura. El folclore no lo es. El pueblo no lo es. Jamás lo seremos. No entran en este salón esas ideas. Entran la tierra en los pies de mis compañeras que bailan descalzas, los trazos de los pinceles que la congregan en una esquina que era blanca y ahora es un continente; lxs niñxs entran, sus ojos, sus aventuras abajo y arriba del escenario, sus ruidos; el bebé recién nacido, las militantes más grandes, vecinxs que pasaban por ahí, autoridades que vaya una a saber qué esperaban y qué terminaron pensando.

Todo el camino y sus contradicciones, dudas, impulsos y “darnos cuenta”. Mi compañera cantando, gracias a otra que la impulsa a subirse frente a un público tucumano. Inconsciente ella, pero siempre colectiva.

Se suben lxs trabajadorxs de la agricultura familiar, lxs del campo y lxs de la ciudad. El “público” estalla. Todxs necesitamos estallar.
No sabemos muy bien cómo llegamos hasta acá, y recordamos la prohibición, el exilio, la violencia. Y los vemos reproducirse en el presente. Exilios internos de desamparo. Violencia machista e institucional. Vaciamiento, despidos y un cipayismo vomitivo.

Todo lo que se prohibió en el Almacén San José desfila desnudo entre los recovecos que dejan las sillas. Se cuela en oídos y narices, en lágrimas y transpiración.
Mis compañeras suben juntas. Los pañuelos sonríen. “Nos gustaría tanto abrazar a La Negra”, pensamos todas.

Qué revolución nos dejó.
Vamos a tratar de hacerla de nuevo.


Las fotografías del evento fueron realizadas por Agostina Rossini.

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