Cine

RESEÑA| The Devil All The Time


Disponible en Netflix, El diablo a todas horas es una interminable y predecible sucesión de desgracias tras desgracias que intentan una sordidez artificial, tan malograda como entretenida, en la conformación efectista de un relato que procura retratar los instintos humanos más viles, articulados por enemigos tácitos: la ignorancia, la depravación, la religión como como génesis de la maldad y la corrupción, todos ellos artífices de incontrolables ansias de justicia por mano propia en un mundo putrefacto. Desde la ira hasta la lujuria, el amplio espectro de maldad es encarnado por grandes actores y actrices (Tom Holland y Sebastian Stan, actores propios del Universo Cinematográfico de Marvel, los camaleónicos Robert Pattinson, Riley Keough y Bill Skarsgård, Hayley Bennet, Mia Wasikouska, Harry Melling, Eliza Scanlen y Jason Clarke) que escapan de la maquinaria industrial que los suele encasillar en roles limitados y que no dejan explorar cualidades tales como las expuestas en la obra Antonio Campos, director proveniente del indie estadounidense que, a lo largo de su filmografía, explora las fronteras de la cordura (Afterschool, 2008; Simon Killer, 2012; Christine, 2016). Y sí, obviamente la gran plataforma de streaming también es parte de esa maquinaria, pero en esta ocasión permite a los artistas evidenciar una impronta desconocida, digna a pesar de sus desaciertos.

Un animado viaje de carretera a las vanas degradaciones del alma que evidencia que el mundo, a pesar de todo, no es más que un pañuelo percudido y que el diablo no sólo está en los detalles: está siempre y en todo momento.

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