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“No sabemos nada de las mujeres que empujan los cambios en el mundo”

Lala Pasquinelli, artivista y fundadora de Mujeres que no fueron Tapa, estará en Tucumán este viernes brindando una conferencia sobre los estereotipos de género y las representaciones de las mujeres y otros géneros en los medios de comunicación. Desde La Nota, conversamos con la artista días previos a su llegada a Tucumán.

Lala Pasquinelli es fundadora de Mujeres que No Fueron Tapa, un proyecto destinado a mostrar que los modelos que muestran los medios de comunicación, la publicidad, la industria de la moda y la cultura institucional, poco o nada tienen que ver con la realidad de las mujeres en toda su diversidad.

A través del arte, esta iniciativa aborda cómo somos representadas las mujeres en las portadas de los medios gráficos. El proyecto nació en el año 2015, como respuesta a una realidad concreta: las revistas que se editan con los dos principales diarios de Argentina, casi no muestran mujeres en sus tapas. En más del 80% de las ediciones aparecen hombres.

El viernes 31 de agosto, Pasquinelli estará en Tucumán y brindará una conferencia-taller bajo el nombre “Cuestionando los estereotipos de género”, en la Facultad de Psicología a las 18hs, organizado por la Fundación de Estudios Sistémicos y Nuevos Aportes (FESNA). “El objetivo de la actividad es hacer visibles, mostrar e identificar los estereotipos en los medios, acompañar en el análisis critico de los mensajes de los medios de comunicación y propiciar el análisis de su incidencia en la construcción de valores, fomentar la reflexión sobre ideas y mensajes transmitidos por los medios de comunicación referidos a la imagen corporal y los estereotipos”, explicaron desde la organización del evento.

Desde La Nota, conversamos con la artista días previos a su llegada a Tucumán.

¿Cómo comenzaste a andar este camino de desandar los estereotipos?

Desandar estereotipos, que difícil, es medio que no se termina nunca. Estereotipos y sesgos inconscientes, los tenemos tan adentro. Creo que comencé desde muy niña a desarmar tímidamente algunas cosas, yo sufrí de muchas maneras diferentes esto de no encajar, ninguna dramática vista en perspectiva, pero si dolorosa para una niña. Desde el momento en que crecí en un pueblo y era muy libre y me mudé a una ciudad donde lxs niñxs se relacionaban diferente, eran más crueles que los niñxs que yo había conocido, y yo era la nueva, y venía de un pueblo y eso no era algo bueno parece. Después lo propio de la adolescencia, el cuerpo, los intereses. Sufrí mucho la incomodidad con el cuerpo, el deseo de ser “linda” de que me entre la ropa de moda, de ser aceptada, cosas que hoy me dan ternura pero que en ese momento las padecí con mucha angustia porque soy una persona muy sensible. Pero creo que el recorrido más firme de experimentación y desandar lo empecé cuando decidí dejar la profesión de abogada y dedicarme de lleno al arte. y Ahí sí que puse a prueba y en cuestión todo lo que había pensado y elegido hasta ese momento. Es un ejercicio fantástico, sostener la duda, habitar un poco más la incertidumbre, son experiencias de enorme libertad, lo fueron por lo menos para mí. Y trato de seguir viviendo y sintiendo de esa manera. Poniendo en cuestión todo y revisando.

¿Cuándo y en qué contexto surgió MQNFT?

Yo estaba en un momento de investigación y experimentación, quería hablar con mi obra de la invisibilización de las mujeres, de los estándares de belleza y la violencia que provocan imponiendo modelos inalcanzables, esto sucedió en 2015, pero era una idea muy difusa que estaba en mi cabeza, no se terminaba de armar, y en un momento me puse hacer unos collages chiquitos, con revistas, quería usar la gráfica de moda que me resulta muy opresiva para mostrar cuáles son los cuerpos que la industria de la moda exhibe como “modelos”  imágenes de mujeres híper delgadas, casi transparentes, inexpresivas, cuerpos descarnados, con gesto de desgano, tristeza, hastío. Imágenes donde la vitalidad no existe como posibilidad, hay algo muy  vital, muy poco presencia luminosa y potente de las mujeres, me preocupaba y me preocupa como eso permea en las niñas y las adolescentes, y buscando esas imágenes me detuve en las tapas, primero en las de las revistas de los diarios donde las mujeres casi no aparecían, por ejemplo en Revista La Nación, primero pensé que era causalidad que yo no las tenía, después empecé a investigar un poco y me di cuenta de que no estaban, no había mujeres, de 10 tapas 7 u 8 eran con hombres, y solo 2 o 3 con mujeres, y mientras esos hombres eran diversos en sus apariencias, edades, intereses, las mujeres eran muy parecidas en las tres cosas.

Ahí pensé, acá hay algo que me puede servir, había una síntesis, un recurso para hablar de otras cosas o de muchas. Empecé a mirar todas las revistas, y era así como lo había mirado pero peor, mucho peor.

En las revistas “sociales” las tapas siempre están ocupadas por mujeres del mundo de la moda o el mercado del entretenimiento, son siempre jóvenes, blancas delgadas, tienen el pelo largo, sus cuerpos están híper editados por el photoshop o el bisturí, están desnudas o semi desnudas, su gestualidad está sexualizada siempre. Y aparecen hablando de la maternidad, el amor romántico heterosexual y su apariencia, su cuerpo, lo que hacen para encajar en el estándar de belleza que se nos impone. En las revistas “serias”, de interés general, las tapas aparecen ocupadas por hombres que están vestidos con su ropa de siempre, cómodos, diversos, no están ahí por su apariencia sino por lo que hacen, sus sueños, sus proyectos, etc. con ese primer material empecé a trabajar.

Ser consciente de la reproducción de estereotipos, tener la mirada crítica constante, y ver cómo somos bombardeadas por una cultura que nos quiere flacas, jóvenes y madres, es complejo, ¿cómo lo llevas adelante?

Una vez que te calzas los anteojos violetas no te los podés sacar más. La mirada se afila mucho, yo miro medios, publicidad, carteles, la calle, todo el tiempo desde ese lugar. No puedo dejar de hacerlo. Viajo y miro lo mismo, aunque esté en Asia, miro como es la gente en la publicidad y como es la gente en el transporte público, ¿se parecen? ¿Son distintos? ¿En qué? ¿Qué hacen las mujeres? ¿Qué trabajos hacen? ¿Están en la calle? ¿Dónde están los niños? ¿Quién los cuida? Es mi manera de mirar.

Después hay otra parte que es la de que hacés vos con eso en tu vida. Yo trato de hablar siempre desde mi experiencia y experimentación. Para mí eso también forma parte de mi obra. Experimento mucho con estas cosas. ¿Qué pasa si por un mes no te maquillás? ¿Qué pasa si por un mes dejás de usar ropa que te aprieta? ¿Qué pasa si dejás de usar accesorios? ¿Qué pasa si dejás de mirarte en los espejos? ¿Qué pasa si no usás corpiño? He experimentado con todas esas cosas que son pavadas quizás y muchas más, porque creo que es necesario para poder hablar de la incidencia de estos modelos, saber que sucede cuando resistís, cuando disentís no con las ideas sino con la experiencia. Eso es lo que me interesa. Todo arranca en la experiencia, y la experiencia se atraviesa con el cuerpo y recién aparecen las ideas. Es así para mí. Trato de sostener mi coherencia, y digo “mi” porque es mi coherencia actual, dentro de un marco de certezas que son siempre impermanentes. Trato de sostener la coherencia con esta que soy hoy.

¿Cuáles son los estereotipos que más se reproducen en los medios de comunicación?

Creo que en este momento es el de mujer como: delgada, blanca, joven, encajando en un estándar de belleza imposible, sexualizada, madre, esposa heterosexual. Y alrededor de eso todo el bombardeo de cosas que se ofrecen para ser así, en las redes está plagado de publicidades que ofrecen relleno para labios, liposucciones, intervenciones en el cuerpo, cirugías, con el mismo nivel de naturalidad que hace un tiempo se ofrecía un alisado del cabello. Los cuerpos se exponen para ser “apreciados” y para la opinión del público con adjetivos propios de las cosas. Lo más importante es la imagen. Y, como dice Rita Segato, eso es la pedagogía de la crueldad, nos vamos deshumanizando, naturalizamos la deshumanización, y empezamos a ser cosas. Y las cosas no son seres humanos, sobre las cosas se dispone, se las rompe, daña, quema, destruye. No es inocente la cosificación, está en la base de todas las violencias, no es algo que inventé yo, pero es algo que nos cuesta ver.

Está empezando a pasar con la imagen del varón joven, que también nos bombardea y los bombardea de una forma homogénea y se empiezan a ver las consecuencias en los adolescentes varones.

Estos modelos influyen mucho en las personas, pero en la adolescencia y la niñez hacen estragos, el bullying tiene que ver con esto, el bullying es la violencia sobre el que no encaja en el estereotipo, también el suicidio adolescente, la anorexia la bulimia, que ya no son patrimonio de las chicas, porque los varones están empezando a sufrir la presión sobre su apariencia que las mujeres sufrimos desde siempre. Los cuerpos de los varones jóvenes hoy son absolutamente homogéneos, y las consecuencias se empiezan a ver.

Y en el medio no hay nada. No hay otros cuerpos, no hay otras identidades tampoco.

Creo que en cuanto a las mujeres el otro estereotipo profundamente opresivo es el de la mujer madre, que además debe mantener su apariencia como si no hubiera sido madre, y estar espléndidas a los 20 días de haber parido y tener el deseo sexual activado y todo lo que nos imponen como modelo desde los medios. Es muy opresivo ese modelo y las mujeres sufren mucho y lo sufren en soledad, porque recién ahora nos estamos animando a mostrar que la maternidad es una experiencia vital extraordinaria, compleja, que cada una va a vivir de manera diferente. La maternidad se impone como destino ineludible para las mujeres y la forma en la que esa maternidad debe ser ejercida también y como deben ser esos cuerpos post gestación.

También hay un estereotipo muy marcado del varón, que es el varón proveedor, que debe confirmar todo el tiempo su masculinidad de una manera tóxica, haciendo uso de la violencia como una herramienta al alcance para cualquier situación, una masculinidad que amputa la posibilidad de expresar las emociones en los varones, deben ser también híper sexuales y, por supuesto, heterosexuales. No se ven otras posibilidades masivamente.

¿Cómo condicionan las representaciones culturales del “ser mujer” las imágenes que son reproducidas por los medios de comunicación?

No solo condicionan a las mujeres, nos condicionan a todxs. Los estereotipos lo que hacen es asignar roles sociales fijos y definidos a las personas en función de su género, de modo que la reproducción de estos estereotipos al infinito en los medios y en las expresiones de la cultura en general, lo que provocan es reproducción de la desigualdad entre los géneros, porque si a las mujeres se les siguen asignando como un destino los roles de cuidadoras, madres, esposas, va a ser muy difícil que accedamos a los espacios, de poder, de decisión, que se nos reconozcan nuestras capacidades por fuera de la realización del trabajo reproductivo de la sociedad y del cuidado que son los roles históricamente asignados a las mujeres. La imposición de un modelo de felicidad que tiene que ver con la belleza física y la apariencia también es algo que se inserta a través de estas construcciones. El mensaje es que la felicidad viene de la mano de la belleza física, es lo que nos hará aceptables, amadas y elegidas y entonces nos bombardean con recetas y productos que nos permitirán alcanzar esa belleza que es la llave a esa supuesta felicidad que pone el foco en la apariencia, el envase, lo de afuera, algo que es efímero y absurdo. Sin embargo, funciona y se perpetúa. es un modelo que nos aísla, nos adormece, nos anestesia, y nos separa. Se lleva nuestra energía vital, nuestra potencia creativa y nuestro tiempo. Vamos como zombies de dieta en dieta, de tratamiento en tratamiento para “parecer” jóvenes y parecernos a alguien que no somos ni seremos.

Pero a los hombres también los atraviesa ese modelo, porque lo que se refuerza es que ser mujeres es eso.

¿Crees que esto está cambiando?

Creo que avanzamos en algunas cosas y en otras no. Hoy el bombardeo de imágenes al que somos sometidxs es exponencialmente mayor al de hace 10 años. No tenemos posibilidad de filtrarlo, ni racionalizarlo. Se necesita estar muy despiertas para no ser atravesadas por ese condicionamiento.  Entonces a las generaciones que nacieron con internet les cuesta mucho más identificar el atravesamiento que sufrimos. Y lo sufren más, sobre todo los adolescentes, sobre todo cuando la educación sexual integral no sucede en la mayoría de los establecimientos educativos. La cosificación está mucho más naturalizada en lxs jóvenes hoy. Les cuesta identificar la violencia simbólica. La educación sexual que reciben es la que les da el porno que consumen por youtube desde los 8 o 10 años, y entonces performan eso que ven como modelo.  Es muy fuerte lo que sucede con las redes y la información. Los chicxs están muy solxs con acceso a mucha más información de la que todos somos capaces de procesar.

¿Cómo ves a esto que algunas feministas llaman “cuarta ola”, donde las protagonistas son las más jóvenes? ¿Cómo crees que impactará culturalmente?

Me entusiasma profundamente, me llena de energía y de esperanza, creo que estamos en el medio de eso y de todo entonces es difícil pensar en que va a pasar, no lo sabemos, pero sí está claro para mí, que es probable que estas jóvenes eduquen a sus hijxs de una manera muy diversa a la que hemos sido educadxs nosotrxs. No digo que es algo que está sucediendo en todos lados, probablemente se visualiza más fuertemente en los grandes centros urbanos, pero es muy poderoso.

Mismo en ciudades y provincias donde es muchísimo más difícil ser feminista que en Buenos Aires, las organizaciones y colectivas florecen, se movilizan, ocupan el espacio, alzan la voz. Lxs estudiantes se organizan y se movilizan. Es una politización que tiene la potencia de transformar radicalmente las relaciones entre los géneros y por ende las relaciones de poder, veremos si logramos que suceda, por lo pronto somos miles de miles sembrando semillas.


A través de los hakeos de revistas, Pasquinelli propone construir imágenes de las mujeres que para los medios son invisibles. La esencia de los hackeos es usar la experiencia artística como herramienta de transformación, aproximar el arte y lo expresivo a la vida de las personas, conectándose con lo diverso y humano que nos habita. En su visita a Tucumán, estudiantes de Escuela Sarmiento crearán sus propias tapas tapas de revistas. 

Desde MQNFT socializaron esta herramienta y la comparten para quienes quieran utilizarla en el ámbito educativo. Actualmente llevan adelante el Festival de Hackeo de Revistas en las Escuelas, del que participan más de 350 escuelas de todo el país.

¿Cómo empezaste con los hakeos de revistas y qué buscas en los talleres?

Lo primero que pensé fue ¿dónde están las otras? Porque estas mujeres eran tan iguales entre sí, y eso es muy impactante cuando ves el collage de imágenes todas juntas, que pensé en lo que faltaba, todas las otras, que de verdad son todas, no solo en términos de apariencia, es decir en términos de diversidad de cuerpos, de edades, de color de piel, sino también de intereses, o sobre todo de interés, yo estaba en un momento de búsqueda fuerte de referentes, queriendo conocer artistas mujeres que trabajaran o hubieran trabajado en temas que me interesaban, para conocerlas tuve que investigar, viajar, buscar mucho, no aparecían así nomás, tampoco las activistas, tampoco las políticas más allá de dos o tres nombres, tampoco las científicas. No sabemos nada de las mujeres que empujan los cambios en el mundo. Son invisibles como lo somos nosotras, en el sentido de que no nos encontramos en quienes mirarnos. Otra cosa que pensé fue que no me di cuenta antes de esto porque yo también crecí viendo esas imágenes por todos lados. Y cada vez, es más, es inevitable, te bombardean, aunque no quieras verlas, no se trata de las revistas, se trata de los medios y de la cultura en general y me quedé bastante conmovida pensando en nosotras en las nenas. ¿Cómo sería mi vida si yo hubiera crecido escuchando o mirando las historias de otras mujeres, en lugar de ver siempre lo mismo, los mismos cuerpos, las mismas conversaciones, los mismos temas? ¿delimitando el campo de acción de las mujeres al hogar, la maternidad, el amor, el casamiento y los tips de belleza? ¿Cómo incide eso en el registro que nosotras tenemos de nosotras mismas?

¿Cuál es el mensaje que querés dar con tu trabajo?

A mí me encantaría llevar un mensaje de alivio a todas esas personas que sufren por no encajar, a las que se esfuerzan por encajar y en ese esforzarse se les va el tiempo, el dinero, la energía creativa, quiero que sepan que no hace falta, que no están mal ellos, que es el sistema el que está mal. Que nuestras vidas no sean pasar horas en el gimnasio para “parecer” más firmes, o jóvenes o lo que sea, que no trabajemos para pagarnos una cirugía. Que esa diversidad que tratamos de aplacar, de eliminar, de ocultar es lo más interesante que tenemos, que nuestras rarezas son potencia, que no hay modelos. Quisiera contribuir a un cambio cultural en el que la apariencia de las personas no sea una variable que nos importe, que trascendamos lo aparente y nos encontremos desde otro lugar, mucho más empático, mucho más humano.


Las actividades de Mujeres que no fueron tapa se completan con un podcast en el que se pretende hacer visibles a esas mujeres que hacen cosas relevantes, que han desempeñado roles dinámicos y profundamente importantes en los cambios sociales, las revoluciones o los procesos de independencia, pero que son invisibles para los medios.

 

 

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