Nadie discute el voto de las mujeres, y sin embargo, alguien preguntó
El 92,6% de los argentinos y las argentinas sostiene que el sufragio femenino es un derecho que ya nadie puede poner en duda. El dato tranquiliza. Lo que inquieta es que en 2026 haya hecho falta preguntarlo.
Hasta hace poco tiempo, a nadie se le ocurría siquiera poner en duda que las mujeres puedan votar en Argentina, sin embargo la pregunta se coló en la agenda pública. En el informe de julio 2026 de la consultora Zuban Córdoba decidieron incluir está pregunta y bucear sobre cómo se conforma la manosfera en nuestro país. Ante la pregunta de si hay que eliminar el derecho al voto de las mujeres, el 94,5% dijo que no. Casi siete de cada diez lo dijeron con la forma más enfática que ofrecía el cuestionario. El consenso es aplastante y conviene decirlo antes que nada, porque el pánico también es una manera de desinformar.
Pero la pregunta estaba ahí. Las consultoras no preguntan cualquier cosa: preguntan lo que empezó a circular. Y si algo sabemos quienes trabajamos con palabras es que lo primero que se pierde no es un derecho, es la certeza de que ese derecho no se discute. “Una cosa es las redes sociales, donde se magnifica y parece que el tema está re instalado, y otra cosa es ver qué piensa efectivamente la sociedad al respecto”, explicó Santino Córdoba Zuban, licenciado en Ciencias Políticas y analista de la consultora.
El contexto
Nada de esto nació en Argentina. En Estados Unidos, la etiqueta #Repealthe19th viene reclamando desde 2016 derogar la enmienda que garantiza el voto de las mujeres desde 1920, y en junio de este año la cumbre de liderazgo femenino de Turning Point USA le dio escenario a la idea del “voto por hogar”: un sufragio por familia, ejercido por el marido. Lo defendieron influencers cristianas jóvenes ante miles de asistentes, con estética de tradwife y vocabulario de libertad de elección. Tuvo tanta repercusión que el Pentágono debió salir a aclarar que su secretario de Defensa no está a favor de derogar la enmienda.
Conviene recordar, además, lo reciente es todo esto acá. Las argentinas votamos por primera vez en 1951, después de la ley sancionada en 1947. Hay mujeres vivas hoy cuyas madres no pudieron votar nunca.
Hay otro dato que Zuban Córdoba destaca en el informe y es la difusión del podcast The Joe Rogan Experience, el más escuchado del mundo según Spotify Wrapped 2025. “Este dato, aparentemente cultural, tiene una lectura política: ese programa es una de las puertas de entrada a lo que se conoce como «manosfera», un ecosistema en línea —Spotify, Reddit, TikTok, YouTube, X— donde circulan ideas capaces de moldear las creencias políticas de las personas, en particular de los varones jóvenes, y de influir en el discurso público con mensajes que reivindican la masculinidad tradicional”, explican en el informe.
“Nuestro estudio confirma que el fenómeno también está presente en Argentina, con dos hallazgos que conviene leer juntos: una adhesión mayoritaria y transversal a los derechos ya conquistados y, un núcleo minoritario, pero no despreciable, que expresa posiciones abiertamente regresivas. El 25% utiliza diariamente plataformas como X, Reddit, YouTube o foros privados para informarse sobre temas de género; alrededor de dos tercios las frecuenta en algún grado. Un 45,2% declara no usarlas nunca. La manosfera no es un fenómeno de nicho: es parte del consumo informativo cotidiano”, agregan.
Los números que no cierran del todo
El 92,6% coincide en que el voto femenino es un derecho adquirido que ya nadie puede discutir. 94,5% rechaza la idea de eliminar el voto de las mujeres -68,6% muy en desacuerdo-. “En la superficie, las ideas de “renunciar” al voto femenino tienen escasa o casi nula adhesión. El dato preocupante aparece en los pliegues”, advierten en el informe.
Al planteo de eliminar directamente el sufragio femenino, un 3,5% tampoco supo qué contestar. No saber si las mujeres deberían votar es una posición. Es la posición que necesita cualquier discurso que aspire a correr un límite: instalar la duda de que hay algo para conversar.
Por un lado, uno de cada cinco argentinos (20,3%) justifica en algún grado el acoso online contra mujeres que critican a ciertos grupos -7,6% «frecuentemente» y 12,7% «a veces»-, una validación de la violencia digital como herramienta de disciplinamiento. Pero hay un 9,6% que eligió “rara vez” y un 15,4% que no supo. Dicho al revés: apenas el 54,7% respondió que nunca.
El sufragio no es solo el gesto de meter un papel en un sobre. Es la posibilidad material de formarse un criterio, discutirlo con otros, decirlo en voz alta y sostenerlo sin pagar un precio desproporcionado por eso. Cuando una periodista, una dirigente, una docente o una chica de veinte años que subió un video calcula el costo de escribir lo que piensa —y todas lo calculamos, todo el tiempo, con una precisión que ya ni registramos como esfuerzo—, algo del derecho político se está erosionando sin que ninguna ley cambie. La violencia digital funciona como un impuesto informal a la palabra de las mujeres.
Ese circuito tiene, además, una pata económica que el informe permite leer en simultáneo. El 53,9% dice estar peor que cuando asumió este gobierno. El 64% cree que el país va en la dirección equivocada. La promesa del éxito individual necesita explicar por qué no llegó, y el relato que ofrece la manósfera es “alguien te sacó el lugar”. No es casual que el número más incómodo de toda la encuesta no sea el del voto sino este: el 23,9% acuerda con que, cuando faltan empleos, los varones deberían tener prioridad para conseguir trabajo. Casi uno de cada cuatro.
De cara a las elecciones
En la encuesta también se mide la percepción social sobre el gobierno de cara a las elecciones de 2027. El 65,3% desaprueba la gestión del Gobierno nacional, mientras que apenas el 33,4% la aprueba. El 1,3% no sabe. La imagen personal del Presidente muestra un resultado parecido: 61,3% tiene una opinión negativa de Milei y el 33,4% conserva una imagen positiva. El 1,9% no lo conoce y el 3,4% no responde.
El 64% considera que la Argentina avanza por el rumbo incorrecto bajo la administración de Javier Milei. Solo el 30% cree que el rumbo es correcto y el 6% no sabe.
Ante la pregunta sobre qué haría en las elecciones presidenciales de 2027, el 61,9% respondió que votaría por un cambio respecto del Gobierno actual. El 33,4% elegiría la continuidad y el 4,7% no sabe.
El peronismo supera a La Libertad Avanza, pero no capitaliza todo el descontento. Cuando la encuesta presenta un escenario con varios espacios políticos, el peronismo aparece primero con 31,3%. La Libertad Avanza queda en segundo lugar con 28%. Más atrás aparecen el PRO, con 6,8%; el Frente de Izquierda, con 4,4%; Provincias Unidas, con 2,4%; y la UCR, con 2,3%. Otro 7,5% optaría por una alternativa diferente y el 17,3% no sabe.
Cuando las opciones se concentran, el peronismo alcanza el 35,3% y La Libertad Avanza sube al 33,8%. El Frente de Izquierda obtiene 6,6% y el 24,3% no sabe.
Lo que la sociedad ya sabe
Lo que las investigadoras Verónica Gago y Luci Cavallero vienen llamando antifeminismo de Estado —esa traducción de ideas nacidas en los márgenes de internet al discurso oficial y a la política pública— tiene, según estos números, un techo social bastante más bajo del que sus voceros creen.
El riesgo no es que mañana se vote una ley para sacarnos el voto. No va a pasar. El riesgo es más sordo: que se instale la idea de que hay un tema ahí, que los medios lo agenden como controversia con dos posiciones equivalentes, que un funcionario lo insinúe en un stream y después diga que fue una ironía, que el 3,5% que hoy no sabe encuentre quién le ordene la duda. Los derechos no suelen caerse de golpe.
La respuesta feminista a esto probablemente no sea el escándalo, que es exactamente el combustible que esos espacios necesitan para crecer. Sea, más bien, algo menos vistoso: sostener que ciertas cosas no se debaten, monitorear por dónde circulan las que sí, y no soltar la pregunta material que la manósfera contesta mal pero contesta —por qué la vida se volvió tan difícil y quién se queda con lo que falta. Mientras el feminismo tenga una respuesta mejor a esa pregunta, el 2% seguirá siendo 2%.



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