Milagro Mariona

Carolina Monteros: “La lucha es lo que me mantiene viva”

Género y Diversidad

Este martes 15 de septiembre, en San Miguel de Tucumán, se presentó formalmente la Mesa de Justicia por Carolina Monteros, conformada por organizaciones de la sociedad civil, de mujeres, feministas, de Derechos Humanos, estudiantiles. La mesa se conformó luego de una larga lucha de la joven taficeña quien hace más de 10 años denunció a contra Franco Trapani y Álvaro Rodríguez por abuso sexual.

En diciembre de 2025, logró una condena por abuso sexual con acceso carnal agravado. En tiempo récord, y a parte de un dictamen del Ministerio Público Fiscal firmado por el ministro fiscal Edmundo Jiménez, la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, anuló las condenas en julio de 2026, por el beneficio de la duda. 

Una investigación que acumuló 9 años de demoras, pérdida de evidencia y cuestionamientos terminó convirtiendo esas mismas deficiencias en uno de los argumentos centrales para absolver a los acusados.

Ante este panorama, y vinculado a otros casos de violencia de género que continúan impunes en Tucumán, se formalizó esta articulación de organizaciones para acompañar e impulsar los próximos pasos que realizará Carolina Monteros junto a su abogado. 

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—¿Qué encontraste en la Justicia después de todos estos años? ¿Sentís que hubo reparación? 

Lo que realmente no encontré en la Justicia, como tal, es eso que una idealiza mucho: creemos que vamos a encontrar una reparación. Y quizás sí se encuentra cuando la Justicia está del lado de la verdad, porque a mí me sucedió.

Después de la condena sí pude tener cierto alivio. Y eso lo noto hoy, con el diario del lunes, después de haber tenido nuevamente una absolución de los violadores. Noto que hay un antes y un después en mí, en mi espíritu.

Pero si yo no hubiese hablado, si no hubiese empezado a socializar lo que me pasaba, a pedir ayuda, a compartirlo y a tejer redes —que es fundamental—, quizás no hubiese podido estar hoy parada. No hubiese podido sobrevivir.

Si bien después de la condena pude tener algo de alivio, ahora, con una absolución, lo que me mantiene parada es la lucha, el acompañamiento, las redes, el sostén de las mujeres. También reconozco en mí la capacidad de ir tejiendo redes, de pedir ayuda, de caerme y levantarme, caerme y levantarme, y siempre encontrar a mi lado mujeres que estaban ahí. Y eso lo agradezco mucho.

Esa lucha es la que me mantiene viva, la que me sostiene y la que me sigue impulsando a poder seguir sobreviviendo y caminando en este planeta, lleno de injusticias.

Y la conformación de esta mesa es también parte de ese caminar y de esa búsqueda de seguir sobreviviendo y seguir luchando: por mí y también por las otras mujeres. No sé si para que no pase, porque esto es todo un sistema al que nos enfrentamos día a día y que vamos transformando. Pero sí para ir alivianando el camino, para luchar para que quienes vienen después no tengan que atravesar lo mismo, y para hacer entre todas lo que sabemos hacer: luchar.

—En este camino, y sin buscarlo, te convertiste en una referente, en una cara visible de esta lucha, con todo lo que eso implica. Después de estos años, de haber tenido una condena y ahora una absolución, pero también de haberte fortalecido a partir de mostrar, de hablar y de hacer redes, ¿qué mensaje tenés para otras mujeres y personas que estén atravesando situaciones de violencia?

La verdad es que me tuve que visibilizar. No es fácil visibilizarse, no es fácil salir a una cámara, no es fácil hablar. No es lindo, no es grato. Y, como vos me decías en un momento, tampoco es grato convertirse en una referente desde el dolor.

Pero creo que es lo que me ha tocado. Y, en buena hora, si hay mujeres que me están escuchando del otro lado. Sé que lo hacen, y eso también me genera presión. Porque cuando una se vuelve muy consciente de que la están escuchando del otro lado, se hace todavía más responsable de sus acciones y de sus palabras.

Entonces trato de ser cuidadosa, sobre todo con el resultado que he tenido. Las mujeres están viendo mi larga lucha y después también este resultado con la Justicia.

Pero, más allá de eso, al ver este panorama, quizás algunas mujeres dicen: “Bueno, si Carolina luchó diez años, puso el cuerpo, puso todos los recursos, el tiempo, la energía, la palabra, la voz, y después de diez años pasó esto…”.

Yo lo que les digo es que vale la pena. Aunque sea desde el dolor y la resistencia, vale la pena exteriorizarlo. Porque quedarse con eso, con la culpa o con los sentimientos que se hayan generado como producto de esa violación, es algo que una carga.

A pesar de toda mi historia, digo que vale la pena exteriorizarlo, luchar, tejer redes, buscar compañía, buscar sostén, buscar apoyo. No estamos solas. Porque siempre hay. Siempre hay mujeres, siempre hay familia, siempre hay alguien dispuesto a ayudarnos.

Y ahí está también nuestra capacidad de pedir ayuda, de ir tejiendo redes y de luchar. Ese es, creo, mi mayor aprendizaje y el mensaje que puedo dar: que hablen y que peleen por sí mismas, por sí mismas y junto con otras. Que vale la pena.

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