¿Qué tienen en común la toma del Capitolio en EEUU y el intento de Golpe de Estado en Brasil?

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Foto: Sergio Lima, AFP

A dos días de cumplirse el segundo aniversario de la toma del Capitolio en Estados Unidos, miles de seguidores del exmandatario de brasilero Jair Bolsonaro, invadieron este domingo las sedes de los 3 poderes en Brasilia, y las comparaciones entre los dos procesos encuentran puntos de contacto.

El asalto al Capitolio, sede del Congreso estadounidense, el 6 de enero de 2021 intentó evitar el reconocimiento por parte de los legisladores del resultado de las elecciones del 3 de noviembre de 2020, donde Joe Biden fue consagrado presidente y sucesor de Donald Trump.

En cambio, en Brasil, los ataques contra las sedes de la Presidencia, el Congreso y el Tribunal Supremo del país tienen a Luiz Inácio Lula da Silva ya a cargo de la presidencia, quien asumió el pasado 1 de enero.

Sin embargo, el 12 de diciembre, cuando Lula fue diplomado como presidente electo en una ceremonia en el Tribunal Superior Electoral, los manifestantes de la extrema derecha habían intentado tomar la sede de la Policía Federal en Brasilia y quemado decenas de automóviles y ómnibus.

Bolsonaro nunca reconoció públicamente la derrota y se negó a participar de la ceremonia de paso de mando, al igual que su par estadounidense dos años atrás.

Desde su salida de la Casa Blanca, Donald Trump fijó su residencia en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida, el mismo estado al que se fue Bolsonaro para eludir la investidura de Lula.

La toma del Capitolio se produjo poco después de que el entonces presidente acusara a su sucesor, Joe Biden, de haberle ganado con fraude las elecciones presidenciales, una retórica que fue repetida en reiteradas ocasiones por el exmandatario brasileño y sus seguidores. “Si no gano con el 60% es porque hay algo raro”, dijo Bolsonaro antes de las elecciones de octubre pasado en Brasil.

Además, insistió en la idea de cuestionar a la justicia electoral y a las urnas electrónicas, método utilizado en el país desde la década de los 90 y por el cual él mismo había resultado electo en 2018.

El mayor campamento bolsonarista se instaló frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia, donde pedían la intervención de las Fuerzas Armadas para evitar la asunción del líder del Partido de los Trabajadores (PT).

En un famoso discurso frente a la Casa Blanca, en el que instigó a una multitud de personas llegadas a Washington desde todo el país a marchar hacia el Congreso y “pelear” contra la certificación de los comicios de 2020, Trump empantanó la jornada en que Biden sería reconocido como ganador.

No es nuevo el apoyo que Trump le brindó a Bolsonaro durante todo su gobierno, lo que se repitió durante las elecciones de octubre.

Luego de su derrota, Bolsonaro no llamó directamente a manifestarse, pero sus seguidores tomaron su decisión de permanecer en silencio -se dirigió a sus seguidores solo en dos ocasiones- como un gesto de apoyo a las protestas.

Según el informe resumido de la comisión legislativa que investiga la toma del Capitolio, en los días previos al ataque, Trump ignoró advertencias de asesores sobre el potencial de violencia y rechazó cualquier sugerencia de que debería decirles explícitamente a sus partidarios que fueran pacíficos. Los disturbios en Estados Unidos dejaron al menos cinco muertos y 140 oficiales de policía heridos.

Además, el expresidente republicano, que anunció que volverá a aspirar a la Presidencia en 2024, “minimizó la gravedad del ataque” en los días posteriores a los disturbios, agregó el documento.

En el caso de Brasil, Bolsonaro calificó las protestas que se suceden desde su derrota como “legítimas” aunque criticó los intentos “terroristas” de explotar bombas antes de la asunción de Lula.

En el asalto al Congreso de Brasil, al menos 300 partidarios del expresidente brasileño fueron detenidos. La Policía Civil de Brasilia señaló que los detenidos “están siendo identificados” y se les está tomando declaración dentro del proceso que “investiga todos los actos criminales ocurridos”.

La tensión actual en el país sudamericano se produce luego de que se registrara la campaña electoral más violenta de la historia: tres electores del Partido de los Trabajadores fueron asesinados por bolsonaristas en Fortaleza, Paraná y Mato Grosso.

La violencia política aumentó 400% en 2022 respecto de 2018 y Lula debió comenzar a usar chaleco antibalas, sobre todo porque un millón de civiles tuvo acceso a la portación de armas libremente a partir de la política de flexibilización inaugurada por Bolsonaro. Otro punto de coincidencia con el republicano estadounidense.

El presidente Lula da Silva decretó la intervención federal en Brasilia, lo que supone tomar el control de la seguridad de la capital, además responsabilizó a su predecesor del ataque tras llegar a la capital desde el Estado de Sao Paulo e inspeccionar los daños en el palacio presidencial.

Este lunes, la policía desalojó, por orden del Tribunal Supremo, el campamento instalado frente al cuartel general del Ejército, donde los bolsonaristas pedían un golpe de Estado. El apoyo y la condena al ataque llegaron desde diversos líderes internacionales.

Con información de Télam

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