Dos mujeres murieron tras dar a luz en la maternidad: sus familias piden que se investigue
Nunca imaginaron que terminarían marchando juntos. Durante más de dos meses compartieron los pasillos de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes, las horas de espera frente a terapia intensiva y la esperanza de que Érika Antúnez y María Eugenia Arce volvieran a abrazar a sus hijos. Ninguna sobrevivió.
Este jueves, bajo una llovizna persistente del frío invierno tucumano, las dos familias se reunieron en Plaza Independencia con las fotos de ambas mujeres impresas en banderas. Denuncian mala praxis, violencia obstétrica y negligencia médica durante la atención recibida en la principal maternidad pública de Tucumán.
Aunque ingresaron por motivos diferentes, sus historias comenzaron a entrelazarse dentro del hospital.
Érika Antúnez había llegado el 23 de abril con un cuadro de preeclampsia severa que no había sido detectado en los controles anteriores y dio a luz prematuramente a Agustina mediante una cesárea de urgencia.
Ocho días después ingresó María Eugenia Arce —Maru, para su familia— para tener a su primer hijo. Tampoco le habían diagnosticado una diabetes gestacional, por lo que le tuvieron que hacer una cesárea, en vez del parto natural que tenía previsto.
Ambas fueron dadas de alta, pero luego reingresadas, y durante las semanas siguientes permanecieron internadas alternando terapia intensiva, intermedia y sala común. Sus familias compartieron largas jornadas en los pasillos de la maternidad, intercambiaron información y siguieron de cerca la evolución de ambas. Maru murió primero. Días después falleció Érika.
Hoy sus familias sostienen que las dos muertes tienen puntos en común y piden que la Justicia investigue si hubo negligencia médica durante la atención.
Una internación que duró 64 días
Érika era mamá de tres y cursaba su cuarto embarazo. Se realizó todos los controles previos en la Maternidad, acompañada por su esposo Agustín. A pesar de que en controles anteriores había mencionado que estaba hinchada y con retención de líquidos, “le decían que era normal”, relata Agustín. En los embarazos anteriores no había tenido complicaciones.
El 23 de abril llegó a la maternidad para un control de rutina a las seis de la mañana. Horas después le informaron que debían practicarle una cesárea de urgencia. Esa noche nació Agustina y fue trasladada a neonatología.
Después del parto, Érika permaneció una semana en terapia intensiva. Cuando finalmente fue derivada a una sala común, el dolor no desaparecía. “No podía caminar. Tenía muchísimo dolor. Nosotros veíamos que no estaba bien y nos decían que era normal, que estaba todo controlado”, recuerda una de sus familiares.
En un primer momento, les informaron que el cuadro podía estar relacionado con chikungunya, enfermedad viral transmitida por la picadura del mosquito Aedes aegypti. Días más tarde, una ecografía detectó un sangrado uterino y comenzó un tratamiento que se extendió durante cuatro días. Pese a que el dolor persistía, recibió el alta y se fue a su casa.
Tres días después regresó nuevamente al hospital porque ya no soportaba el dolor. La operaron nuevamente, le practicaron una histerectomía —la extirpación del útero— y, de acuerdo con el relato familiar, durante esa intervención sufrió una perforación de vejiga. Estuvo más de 20 días en coma inducido, la intubaron y le hicieron una traqueotomía. Su marido alternaba las horas de visita a su esposa y a su hija en neonatología, hasta que finalmente, después de 43 días, Agustina recibió el alta médica, pero su mamá no. Luego de 64 días del parto, Érika falleció.
“No se pudo hacer nada. Érika falleció.”
Así recuerda Agustín que una médica le comunicó la muerte de su esposa. Hasta el momento no saben el horario de la muerte ni la causa del deceso. También denuncian que intentaron acceder a la historia clínica en más de una oportunidad, pero recién cuando fue con un abogado lograron acceder al documento que le pertenece a cada paciente.
Ese mismo día, el esposo de Érika radicó la denuncia en la Comisaría Séptima. Según contó a La Nota, tomó esa decisión luego de que una trabajadora de la propia maternidad se le acercara y le dijera: “Vayan y hagan la denuncia ya.”
Para la familia, esa frase terminó de confirmar las dudas que habían acumulado durante las semanas de internación. Sostienen que recibieron información contradictoria sobre el estado de salud de Érika, que en varias oportunidades minimizaron los dolores que ella manifestaba y que recibió malos tratos constantes durante la internación.
Pidieron que se realice una autopsia —cuyos resultados recién estarán entre 15 y 20 días— y finalmente la familia recibió una copia de la historia clínica, compuesta por 63 páginas.
La historia de Maru
Mientras la salud de Érika se complicaba, el 1° de mayo María Eugenia Arce llegó a la Maternidad para dar a luz a su primer hijo. Tenía 32 años, el embarazo había sido buscado y había realizado todos los controles prenatales. Esperaba un parto natural, pero al ingresar le informaron que le practicarían una cesárea porque el bebé era grande y porque, según le dijeron, cursaba una diabetes gestacional. “A ella nunca le habían dicho eso en los controles”, recuerda su hermana Miriam.
Ese día atravesó el parto prácticamente sola. Una prima la había acompañado hasta la maternidad, pero no le permitieron ingresar porque no llevaba su documento de identidad. María Eugenia entró sin compañía al quirófano.
La cesárea fue el viernes. Permaneció internada durante todo el fin de semana y recibió el alta el lunes. Volvió a su casa con dolores e hinchazón, síntomas que la familia atribuyó en ese momento a la reciente cirugía.
El martes todavía se sentía bien. Pero el miércoles por la tarde comenzó con fiebre muy alta. La trasladaron nuevamente a la Maternidad, donde le realizaron estudios y detectaron una infección. La situación era tan grave que debieron operarla de urgencia: le practicaron una histerectomía.
Al día siguiente su estado volvió a agravarse. Desde ese momento fue trasladada a terapia intensiva, quedó intubada y los médicos les advirtieron que su cuadro era crítico. La infección no se detenía. Durante las semanas siguientes ingresó seis veces más al quirófano. También sufrió una falla renal que obligó a realizarle diálisis. Ese tratamiento dio resultado: volvió a orinar y algunos indicadores parecían mejorar.
Sin embargo, nunca lograron retirarle el respirador. La familia preguntaba una y otra vez por qué no podía respirar por sus propios medios. “Nos decían que al día siguiente le iban a sacar la intubación, pero ese día nunca llegaba”, cuenta Miriam. Recién después supieron que la infección también había comprometido sus pulmones.
En la última semana volvió a levantar fiebre. Para la familia, tampoco entonces recibieron información clara sobre un nuevo deterioro. El lunes, horas antes de morir, su padre la visitó y la encontró despierta. Poco después recibieron un llamado desde el hospital informando que la estaban reanimando. Cuando su hermana llegó a la terapia intensiva, María Eugenia ya había fallecido.
Hasta hoy, dice Miriam, la familia nunca recibió una explicación precisa sobre el origen de la infección que derivó en una septicemia. Tampoco lograron reunirse con el director de la Maternidad durante la internación. “Recién apareció después de todo lo que pasó”, afirma. Mientras tanto, el esposo de María Eugenia reúne la historia clínica y la documentación para avanzar con la denuncia judicial.
A M. también le sacaron el útero. Conoció a Maru en la sala de terapia intensiva. Había ingresado con un cuadro similar luego de la cesárea, con una infección que se fue agravando. “Tu útero está podrido”, recuerda que le dijo una médica antes de sacárselo. También le confesó que no sentía tanta culpa en sacárselo porque luego de la cesárea M. había decidido ligarse las trompas. “Lloré todos los días. Soy una sobreviviente”, dice M. con su bebé en brazos.
Un reclamo que une a dos familias
Durante todo ese tiempo, las familias comenzaron a hablar entre sí durante las internaciones, en los pasillos y las largas esperas. A medida que reconstruían lo ocurrido, encontraron similitudes entre ambos casos y decidieron impulsar los reclamos de manera conjunta.
Con el paso de las semanas comenzaron a aparecer otras familias que aseguran haber atravesado situaciones similares. “No queremos que se destruyan más familias”, sostienen familiares de Érika.
Este jueves, ambas familias volvieron a reunirse, ahora en la Plaza Independencia, con las fotos de sus hijas y esposas estampadas en banderas. “Nunca me imaginé ver la foto de mi hija en una pancarta”, dice la mamá de Érika entre lágrimas. Ese día es su cumpleaños, pero el saludo que más esperaba no llegó.
Antes de finalizar la concentración, fueron recibidos en Casa de Gobierno por el secretario del Ministro de Salud, quien escuchó el reclamo de los familiares. El martes realizarán una nueva movilización.
El reclamo apunta también a las autoridades de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes. Exigen que se esclarezcan las muertes de ambas mujeres, que se determinen las responsabilidades y que situaciones como las que denuncian no vuelvan a repetirse.
La dirección de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes emitió un comunicado institucional en el que expresó sus condolencias por el fallecimiento de las dos pacientes. El hospital informó que sus autoridades estuvieron en contacto con los familiares, les manifestaron su acompañamiento y se pusieron a disposición. En el mismo texto sostuvieron que la institución trabaja bajo protocolos de atención y políticas de seguridad del paciente para garantizar una atención de calidad, aunque no respondieron puntualmente a los cuestionamientos planteados por las familias ni informaron si se inició una investigación administrativa sobre los casos.
Organizaciones piden investigar los casos
El reclamo de las familias también comenzó a ser acompañado por organizaciones vinculadas a los derechos de las mujeres y al parto respetado, que expresaron su preocupación por lo ocurrido y reclamaron una investigación exhaustiva sobre ambos casos.
“Desde Marea Roja Tucuman, organización que nos une a luchar contra la violencia gineco obstétrica, manifestamos nuestra profunda preocupación, bronca y repudio a los hechos ocurridos en la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes, donde Érika y Maru fallecieron tras ser sometidas a cesáreas y en donde sus familiares denunciaron haber atravesado situaciones de malos tratos, falta de información clara sobre lo que ocurría con las pacientes y sobre la evolución clínica, además de situaciones de falta de atención que hicieron se agrave el estado de salud de ambas mujeres”, expresaron en diálogo con La Nota.
“Estas situaciones ocurren con frecuencia en la Maternidad, muchas mujeres y personas que gestaron y parieron transitaron una historia de horror de trato deshumanizado, subestimación del dolor, sobremedicalización para no respetar los tiempos fisiológicos del parto, abuso de poder y de prácticas evitables que vulneran la autonomía de las mujeres, de falta de atención y de información clara y respetuosa durante el embarazo, parto y puerperio”, denuncian.
Además, recordaron la vigencia de la Ley de Parto Respetado, la N° 25.929, sancionada en el año 2004 y reglamentada en el año 2015. Desde Marea Roja se solidarizaron con las y los familiares de Erika y Maru. “Exigimos justicia por ellas y por todas las que tuvieron que atravesar situaciones de violencia gineco obstétrica en la Maternidad de Tucuman, exigimos pronta respuesta por parte de las autoridades de la institución y del Ministerio de Salud de la provincia”.



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