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El Abrazo Asfixiante

Durante la mañana del viernes, alrededor de 100 personas realizaron un “abrazo simbólico” al Ministerio de Educación de Tucumán para rechazar la implementación de la Ley Nacional de Educación Sexual Integral 26.150 del año 2006. El texto que repartieron tiene un fuerte contenido discriminatorio, muchas mentiras, malos entendidos y una gran carga de violencia epistémica. Usan vocabulario jurídico-técnico para decir las cosas más incorrectas para cualquier interpretación de las normas jurídicas nacionales e internacionales. Los contenidos de educación sexual integral tienen un marco normativo extenso, internacional y nacional, que busca garantizar la salud y el bienestar de niños, niñas y adolescentes. La desinformación es la primera forma de violencia que llevan adelante aquellas personas.

 

Los hechos

La Ley de educación Sexual Integral es una normativa nacional, que cuenta con materiales específicos aprobados por el Consejo Federal de Educación, y que trata distintos temas de acuerdo a la edad de cada niño, niña o adolescente.

En Tucumán, como en cualquier provincia del país, todos los docentes tienen el deber de impartir ciertos conocimientos frente al aula, guiados por secuencias didácticas específicas y bajo lineamientos curriculares aprobados.  Miles de docentes vienen trabajando con ESI en sus escuelas, generan diálogos con las familias explicando qué cosas ven sus hijos e hijas en cada nivel. Nada es producto de una imposición ni de elección arbitraria de docentes.

Además, cabe aclarar que nada de lo que se  plantea en los materiales de Educación sexual Integral refiere a prácticas sexuales, sino que entiende a  “la educación sexual integral la que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos” (art. 1. De ley 26.150).

Es en este contexto en el que, como se dio en otros países, se generan actividades de difamación sobre una ley que  lleva 12 años vigente en el territorio nacional.

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¿Quiénes son aquellas organizaciones y personas que se oponen a la ESI?

Son parte de un entramado social y cultural que adhiere de forma restrictiva a ciertas creencias religiosas y busca imponer ese modo de ver a toda la provincia.

  • Creen que el único método de prevención de embarazos es la abstinencia. Y que en las escuelas deberían enseñar solamente la abstinencia a los y las adolescentes de la provincia.
  • Creen que todas las personas tiene que ser siempre heterosexuales, y se niegan a que gays, lesbianas, bisexuales y trans vivan sin ser discriminados.
  • Creen que solo la familia compuesta por un matrimonio religioso tiene valor, y que es esa la que debe promoverse en las escuelas.
  • Creen que ninguna mujer puede querer realizarse ligaduras de trompas, bajo ninguna circunstancia.
  • Creen que las niñas violadas que quedan embarazadas tienen que continuar si o si con su embarazo.
  • Creen que amar a Dios es un deber, y que el Estado debe enseñar y obligar que todas las personas hagan lo mismo.

Entre los sectores evangélicos existen algunas personas que dicen luchar contra el abuso sexual infantil, sin embargo, se oponen a que en Jardín de Infantes se trabajen con talleres que brindan herramientas a niños y niñas para denunciar si es que están siendo abusados.

¿Cómo es posible que se nieguen a dar herramientas a estos niños para continuar con la tortura? La complicidad de ciertos movimientos fundamentalistas religioso con las redes de pedofilia parecen ser más fuertes que el saber científico que acompaña a la Ley 26.150. En el mundo salen a la luz las redes de curas y pastores pedófilos, denunciados por sus víctimas muchos años después. Y también son noticia los mecanismos de las instituciones religiosas para ocular estas situaciones y proteger legalmente a los pedófilos.

El discurso político que se enuncia tiene que ver con consignas y hashtag que usaron distintas organizaciones en otras partes del mundo. #ConMisHijosNoTeMetas se usó hace poco tiempo en México, Chile y otros países de la región. Forma parte de la respuesta organizada de los sectores conservadores que se niegan a dejar de tener injerencia en la salud y la educación sexual de las poblaciones.

En estas campañas se habla de “Ideología de género”, y la acusan de ser algo importado,  cuando en realidad se tratan de contenidos que proponen debatir y  charlar sobre temas muy cercanos a la realidad de cada persona.

La ideología importada es precisamente la de las campañas que promueven el odio,  la desinformación y la violencia.

En los materiales a los que tuvo acceso La Nota, se pudo constatar que para el nivel secundario se trabaja mucho en evitar que el inicio de las relaciones sexuales sea mediado por presión de pares, o por violencia en el noviazgo. Luego de una lectura de esos materiales podemos afirmar que la ESI de ningún modo promueve la promiscuidad. También pudimos ver que en los materiales se pone  a disposición saberes sobre métodos de cuidado, esos conocimientos sobre métodos anticonceptivos que a muchos tucumanos y tucumanas le faltaron siendo ya adultos. Porque nadie les habló, porque les explicaron mal, porque les dijeron que de esos temas no se hablan.

Si aquellas personas que abrazaron al Ministerio de Educación, buscando asfixiar toda práctica pedagógica que garantice Educación Sexual Integral, fueran solamente 100 personas de a pie, la noticia sería apenas una nota de color.

Pero sucede que las organizaciones de fundamentalistas cuentan con acompañamiento mediático y político. Incluso aquellos políticos que apoyan  estas campañas descreen de lo que dicen, pero el miedo a perder representación es más fuerte que la convicción de garantizar derecho a la educación sexual integral de niños, niñas y adolescentes de Tucuman.

Este guerra declarada a la Educación Sexual Integral en realidad es una batalla más, profundamente política e histórica, en la lucha por poder vivir una sexualidad plena, libre de violencias, libre de discriminación y con la autonomía para decidir qué hacer y cómo hacerlo. En la era de la comunicación  teniendo los saberes científicamente validados sobre la sexualidad humana, constituye una práctica política fascista buscar privar a personas de esa información tan relevante. La respuesta, siempre, es y debe ser  por la construcción de más democracia, de más ciudadanía, de más salud sexual.

Hacer circular aquellos contenidos que promueven  la ESI y, sobre todo aquello que no es ESI, se presenta en estos días como un deber cívico para todos los tucumanos y tucumanas que queremos vivir con derechos y sin violencias.

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