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Dietland: desacato al patriarcado

La adaptación televisiva de la novela homónima que la escritora Sarai Walker publicó en 2015 incomoda con la puesta en pantalla de algunos de los debates que llevan adelante los feminismos en relación al punitivismo llevados al extremo. ¿Quién no imaginó, al menos por un momento, la muerte de nuestrxs verdugxs? Por María Florencia Alcaraz para LatFem.

¿Qué pasa si el hartazgo deviene en venganza? ¿Si la búsqueda de justicia se transforma en una opción criminal? Tirar abajo al patriarcado es el horizonte, pero en el camino, ¿las herramientas, los modos, las formas “del amo” son lo que está a mano? Cambiarlo todo debe ser mucho más que una consigna, como si se tratara de un listado para ir al supermercado. “Leche, huevos, abajo el patriarcado”. “Dietland” incomoda con la puesta en pantalla de algunos de los debates que llevan adelante los feminismos en relación al punitivismo llevados al extremo bajo el formato de revenge fantasy (fantasías femeninas de venganza), también aparecen las interpretaciones erróneas de las históricas consignas y las demandas que estallan porque la apuesta es por transformarlo todo.

“Dietland” se trata de la adaptación televisiva de la novela homónima que la escritora Sarai Walker publicó en 2015 (editada en castellano en 2018 por Carmot Press). Está en la línea de las narrativas audiovisuales y feministas que proponen desde “El cuento de la criada” pasando por “Jessica Jones”, “Glow” o la fundacional “Buffy, la caza vampiros”. Es que la guionista y realizadora de esta gema de diez capítulos es Marti Noxon. La mujer detrás de Buffy Anne Summer, el personaje que -además de Lisa Simpson- planteó pequeñas gigantes enseñanzas feministas a toda una generación adolescente en los ‘90. “Dietland” dialoga con la inquietante “Sharp Objetcs”, también creación de Noxon.

El acoso sexual en el trabajo, los estereotipos de géneros de las revistas de moda, las tiranías estéticas, la asfixia de la belleza hegemónica, la patologización de la gordura, las violencias física, sexuales, simbólicas, mediáticas aparecen como temas de esta serie que llega en tiempos de Ni Una Menos, #MeToo, #TimesUp y un largo etcétera de hashtags que se volvieron colectivos, lemas, movimientos sociales para tramar una nueva lengua que denuncie -otra vez a lo largo de la historia- al sistema patriarcal.

La protagonista es Plum, interpretada por Joy Nash, una mujer obsesionada con amoldar su cuerpo gordo al corset de la belleza hegemónica. Vive para operarse y ponerse el bypass gástrico que le va a devolver, según su deseo, la figura y la vida que ella cree que la hará feliz. Del trabajo a su casa, de la casa al café de su amigo gay negro, del café a lxs médicxs.

Plum es “ghost writer”, escritora fantasma. Su trabajo consta de responder cartas de lectoras de la revista “Daisy Chain” para adolescentes y jóvenes que dirige Kitty Montgomery (Julianna Margulies).

Un grupo de ¿feministas? la contacta imantadas por las respuestas que ella daba en esas cartas. La empujan a explorar el autoconocimiento y resistir a las imposiciones heterocapitalistas. Mientras tanto, un grupo extremo ¿feminista? que se hace llamar Jennifer sale a la caza de machitos violentos, abusadores y acosadores. No es metáfora: los secuestra y los mata. Son un ejército de feministas ultimando chongos. ¿Acaso la venganza es siempre una fantasía para lxs oprimidxs?

“Dietland” es un drama. Es un thriller. Una comedia. Es absurdo. Es una especie de musical animado. Es un manifiesto sobre la autonomía corporal. Es muchos géneros a la vez y abre tantos temas, historias que quedan capa sobre capa que marea a la audiencia.

Hablar de los cuerpos gordxs sin eufemismos es un logro no solo del guión sino de la puesta estética. Otro logro es intentar esquivar la respuesta individual y apostar a un camino colectivo. Sin embargo el guión es un caos desordenado que a veces desemboca en callejones sin salida. Esta semana anunciaron que no habrá segunda temporada. Por el momento, todas las líneas que abre tanto argumentativas como discursivas quedarán en pausa.

La primera temporada de la serie de ficción de AMC deja la hoja en blanco para pensar la responsabilidad de esta época: diseñar un programa político claro desde la ética feminista es una tarea compleja. No hay receta, ni lista que alcance cuando la apuesta por el feminismo es a todo o nada.

Las libertades no se conquistan con pases de magia y ese camino no es un sendero lineal. ¿Quién no imaginó, al menos, la muerte de nuestrxs verdugxs? Una certeza: las violencias de lxs oprimidxs nunca podrán equipararse a las violencias de lxs opresorxs.

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