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A Priscila no la buscaron

Priscila Martínez desapareció el 23 de febrero en un barrio de La Banda, Santiago Del Estero. Después de un mes y medio de búsqueda por parte de su familia y del movimiento feminista se realizó un allanamiento en la vivienda del principal sospechoso. Allí encontraron su cuerpo sin vida. Su familia denuncia la inacción del Estado y el movimiento, las faltas de políticas públicas para combartir la violencia de género en cuarentena. Por Celina de la Rosa para APA

Priscila Alejandra Martínez, vivía en un barrio popular en la localidad La Banda, de Santiago del Estero. El 23 de febrero de este año la vieron por última vez con un primo hermano, que con la excusa de un trabajo se la llevó de su casa. Después de un mes y medio de búsqueda por parte de su familia y del movimiento de mujeres se realizó un allanamiento en la vivienda del principal sospechoso. Allí encontraron su cuerpo sin vida.

El 9 de febrero, había cumplido sus 15 años, un acontecimiento significativo para muchas adolescentes. Un cumpleaños en el que se deja atrás la niñez. Ella era parte de una familia muy humilde. No convivía sólo con su mamá y tres hermanos menores, también vivían con su abuelo, tíos, tías, primos y primas, como ocurre en muchos hogares populares. Cuando no le alcanzaba para alimentos, su madre concurría a un comedor cercano del Polo Obrero.

Priscila había comenzado la secundaria hacía un año, pero además de estudiar debía trabajar. A veces cuidaba niños, otras atendía una verdulería o hacia tareas domésticas. Con eso se ayudaba a algunos gastos para ella y su familia.

En la tarde, del 23 febrero, llegó a su casa Rubén Oscar Ávila, hoy el confeso autor del femicidio. Con la excusa de que le iba a pagar por lavarle la ropa, se la llevó al domicilio en el que vivía junto a un anciano de más de 70 años. Solo a unas pocas cuadras de distancia. La despidió su abuelo que estaba en el patio de la casa.

Cuando llegó la noche, su primo volvió solo a la casa de Priscila. A los familiares les dijo que no sabia donde estaba la adolescente, les mintió que ella se había ido a comprar un hilo y que nunca había vuelto. Allí comenzó la búsqueda desesperada.

A la mañana siguiente, la madre de Priscila quiso hacer la denuncia en la Comisaría de la Mujer en La Banda. Pero no obtuvo ni la contención, ni las acciones efectivas que esperaba. En cambio le dijeron que “seguro que su hija estaba con su novio”. No le tomaron la denuncia, a pesar que ya en esas primeras horas la familia señala como sospechoso a Ávila, la última persona con la cual Priscila había sido vista.

Tuvieron que pasar tres días más para que en la Justicia santiagueña tomarán la denuncia por la desaparición de Martinez. Una vez iniciada la causa tampoco hicieron caso a los pedidos de la familia para que la buscaran en la casa, donde finalmente encontraron su cadáver enterrado.

El 9 de marzo, Ávila fue detenido tras la denuncia de una violación a otra joven. A 14 días de la desaparición de Priscila, Rubén Ávila fue acusado de haber atacado sexualmente a otra adolescente, a quién golpeó hasta dejarla inconsciente en una acequia en la misma ciudad santiagueña. Recién en ese momento fue detenido.

femicidio
Colectivo Manifiesto

Ante la falta de respuestas, el 16 de marzo, familiares y organizaciones de mujeres se manifestaron frente a los tribunales para exigir medidas urgentes para encontrar a Priscila. Para cuando llegó el decreto nacional de aislamiento social obligatorio, las noticias sobre la adolescentes eran nulas. La familia no se detuvo. Como suele pasar en estos casos, son ellos quienes se ponen a cargo de la búsqueda de pruebas y de pedir ayuda por todos lados. El movimiento de mujeres inició una campaña por la aparición con vida de la joven, tomaron las redes para hacer presente su reclamo.

Las llamadas por teléfono reclamando acciones, al fiscal a cargo, Hugo Herrera, no se detuvieron durante la cuarentena. Las respuestas no dejaban conforme a nadie: “la estamos buscando, todo es más complicado en la cuarentena”, contaban los familiares. Pero no hubo un dato cierto hasta el allanamiento a la casa donde vivía Ruben Avila.

A la siesta del 15 de abril, mientras la madre de Priscila esperaba la llamada del programa de televisión Cortá por Lozano, llegó una persona a avisarle que estaba Ávila y la policía en la vivienda buscando los restos de la joven. Cuando mujer llegó a la puerta, sin notificaciones oficiales, la fuerza de seguridad la echó del lugar diciéndole que se vuelva a su casa a cumplir con la cuarentena. Recién cuando cayó la noche, llevaron a la madre frente a la fiscal coordinadora de la Unidad Fiscal Banda, Natalia Saavedra para recibir la confirmación de la más dolorosa noticia: Priscila fue víctima de femicidio.

En medio del dolor, en la madrugada, tuvieron que gestionar ante autoridades municipales un ataúd. Hoy, junto a Rubén Avila ya se encuentran detenidas dos personas más. El anciano dueño de la casa y otro hombre señalados como cómplices. Las organizaciones de mujeres santiagueñas prometieron continuar una campaña y la movilización virtual para exigir justicia por Priscila Alejandra Martínez.

Quedan abiertas las profundas heridas que dejan los femicidios a diario en la Argentina y algunas preguntas se repiten: ¿Quienes son los responsables de no haber buscado a Priscilla desaparecida hace un mes y medio? ¿Por qué en vez de buscarla le dijeron a su mamá que seguramente se había ido con el novio? El fiscal Hugo Herrera que tenía a su cargo la investigación ¿por qué no investigó al sujeto con quien se la vio por última vez?

Durante la cuarentena obligatoria declarada por el gobierno de Alberto Fernández, ya se cuentan 18 mujeres y niñas asesinadas por el machismo. Pese a esto todavía no hubo un mensaje condenatorio contra los actos de violencia de género en las conferencias de prensa del presidente en este periodo. Ni tampoco medidas extraordinarias y efectivas por parte de todos los poderes del Estado a pesar que el aislamiento social se vuelve una trampa mortal para muchas.

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