Un cuerpo gordo en Gran Hermano

gordo

Hace unas semanas entró un nuevo participante a Gran Hermano. Ariel tiene 44 años, es parrillero y es gordo. A pesar de no tener un perfil de juego muy alto, Ariel genera incomodidad en la casa, en las redes y en los medios de comunicación. 

Sus 120 kilos son el primer dato y, para muchas personas, lo único que importa sobre su persona. Es gordo y está en la televisión rodeado de gente joven, flaca y esbelta. Las primeras repercusiones que generó su ingreso a la casa  tuvieron que ver casi exclusivamente con su  cuerpo. Ariel ronca, pero lejos de ser mostrado en tono humorístico dentro de la casa, significó un problema y, fuera de la casa, la confirmación de que ser gordo es estar enfermo. Otros participantes también roncaron pero sus ronquidos no tuvieron tanta atención. 

En muchos medios  mostraron el pasado de Ariel  y su cuerpo flaco, otros titularon como “impactante cambio” y  también salieron a la búsqueda de las causas de su gordura. Si bien por lo avanzado del juego es claro que cuesta conocer nuevos personajes, parece que hay un doble desafío que tiene este participante: el de poder hacer lo mismo que el resto y no ser criticado.

Su personaje carga con los clichés clásicos de la gordura. Si toma sol y está acostado en los sillones es un “gordo vago”, aunque prácticamente todos los participantes en todas las ediciones se pasaron meses acostados en la casa de Gran Hermano. Comenta que le gusta la natación y eso genera una sorpresa inusitada. Hubo una situación particular en la casa en la que Ariel se desnudó y se sentó en una silla cercana a la pileta para poder cambiarse de short de baño, a lo cual otro participante expresó “está en bolas, que asco” y luego comentó esta escena al resto de la casa. 

Tanto dentro como fuera de la casa existe este rechazo en primera instancia hacia los cuerpos gordos, y como contrapartida, la desnudez de otros cuerpos es vista y exhibida con erotismo. Sin ir más lejos, en esta edición varias parejas tuvieron sexo en una habitación con otras personas en camas contiguas. Ningún cuerpo generó “asco” ni tampoco ninguna práctica llevada a cabo por cuerpos esbeltos fue catalogada de ese modo. 

La gordura está tan estigmatizada que se naturaliza esa sensación de rechazo, asco e incomodidad  que mucha gente siente sobre un cuerpo gordo. Los chistes sobre lo que un cuerpo  gordo puede hacer  son el correlato  de  un mandato cultural del estigma y la discriminación: “Cuidado con caer encima que aplastas”, “si lo tenes encima te podes asfixiar”, “el gordo no deja ver nada”, etc etc. 

Más de una vez podemos ver a personas gordas sentadas solas en el transporte público, porque aunque objetivamente otro cuerpo entra en el asiento de al lado, existe esta sensación de que no entra,de que ese cuerpo gordo ocupa demasiado lugar. Y no importa si eso es verdad o no, se percibe como tal y se actúa en consecuencia.

Lejos de querer problematizar una vez más sobre la diferencia entre gordura y enfermedad, parece necesario hacer algo un poco más básico y humano, que es cuestionar el imaginario que tenemos alrededor de los cuerpos, abandonar la hipocresía y trabajar sobre ese rechazo culturalmente construido sobre los cuerpos que habitan más allá de índice de masa corporal establecido por la medicina. 

Susy Shock, artista trans sudaca, en uno de sus poemas en ocasión de los cuerpos travestis y tans dice “la miradita no es muda” refiriéndose a ese rechazo sistemático que viven las personas trans en su vida cotidiana al caminar por la calle. Esa misma frase y con similar sentido podría aplicar a toda una sociedad que mira al cuerpo gordo con un rechazo que a veces deja ver la expresión facial de asco y otras un miedo pavoroso a desear ese cuerpo o tal vez que se convierta en su propio cuerpo. 

Los  discursos construyen realidades y redirigen sentimientos, el estigma al cuerpo gordo se hace evidente cuando aparece a medida de esta realidad ficcionada que es el reality. Lo digan o no, un cuerpo gordo en gran hermano genera un matiz distinto de impresiones en las personas que están dentro y fuera de la casa. 

Quizás la presencia de Ariel pueda ser  una excusa para hablar sinceramente de ciertos temas, o para acostumbrar el ojo y dirigir las sensaciones hacia algo menos violento que el asco. ¿Será posible y deseable una edición de video de Ariel en la pileta con matiz erótico? ¿Podrá la producción y los televidentes no caer constantemente en el humor para referir a los cuerpos gordos? Porque la miradita no es muda, y también podría tener otros decires. 

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