#SanValentín El enigma del amor ¿Qué celebramos?

Por Victoria Marro para Comunicadas

El 14 de febrero sigue rankeando alto entre las efemérides bizarras en mi cabeza, más por asociarlo a cursilerías en rosa que vengo rechazando desde mi adolescencia trash, que por indiferencia al amor y sus formas que, por las malas, me mostró que mueve al mundo, el individual y el colectivo. Pero escribir sobre San Valentín me parece simpático y torturador en partes iguales. Y como no quiero caer en el cliché de decir que es un día comercial y católico, que lo es, igual que navidad. Y yo no me quejo, me gustan los regalos, el vitel toné y en vez de cuestionarlo aprovecho la fecha para ver a la familia y comer como loca. Así que voy a hacer lo mismo con San Valentín, si este es el día del amor no me jode celebrarlo, siempre que nos preguntemos ¿qué tipo de amor celebramos?

La lucha de las  mujeres y diversidades sexuales ha habilitado el debate sobre las prácticas del “amor” confrontando ideas que llevan tanto tiempo circulando que parecían irrefutables, con nuestros deseos, conquistas y reivindicaciones.  A pesar de lo recorrido, que no es poco, existen violencias en nuestros vínculos sexo afectivos, intentamos con mucha fuerza liberarnos de lo impuesto por el amor romántico, sacarnos etiquetas, prejuicios, cuestionar comportamientos y construir algún modelo de amor que nos haga menos ruido, que nos incluya, que duela menos o que como mínimo no nos ponga en riesgo. Sin embargo, en una sociedad dominada por los principios de propiedad privada parece sino utópico,al menos muy difícil llevar el concepto de “amor sano” hasta el final. Aunque politizar la intimidad ha sido un primer triunfo, porque cuestionar la idea establecida y arraigada de una época sobre el amor, es cuestionar todo lo que de ella se deriva. 

amor romantico

Todas las sociedades (o quienes tienen el poder en ellas) han diseñado su propia idea del amor al servicio de la organización social y económica que querían sostener. Yo y calculo que muchas otras feministas, aprendimos que no ser ingenuas al respecto es lo que permite desarmar la mitología del amor romántico construida en el patriarcado capitalista, donde la desigualdad y la opresión no son solo el resultado de un sistema, sino sus herramientas de sustento y supervivencia. 

Ese amor jerárquico, injusto, heteronormativo y violento que mantiene la subordinación de las mujeres y margina, criminaliza y maltrata otras identidades sexuales es muy redituable para el capital. Y no hablo sólo de la cantidad de plata que les ahorran las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas que hacemos “por amor”, sino también de cómo la familia heterosexual, monogámica y nuclear formatea a la sociedad para que fuera de casa, en el trabajo y la producción podamos tolerar o naturalizar que hay uno que manda y otros que obedecen, uno que tiene el poder y otros que lo padecemos porque “es lo que nos tocó”. El amor romántico es eso: poder, poder desigual.

Para sostener la injusticia se estableció toda una ideología sobre la “naturaleza del amor” que nos dice que es irrefrenable e inexplicable y por lo tanto impune, es eso lo que tenemos que hackear si queremos romper el círculo, cuestionarlo en lo simbólico, pero también en la práctica.

poemas de amor alternativos

No intento negar el amor el día del amor, intento decir que está encuadrado en un formato cultural aprendido y reformular lo que evidentemente está en crisis, la posesión, la monogamia obligatoria, el “para siempre” o  “pase lo que pase” porque esa lógica dice que hay que aguantar, aguantar para triunfar en el amor que por supuesto es la única opción de felicidad. Y entonces ese amor nos deja afuera a todos los que no estamos dispuestos a tener intercambios afectivos desiguales.

Pensar y saber que hay y hubo formas de amor y de amar diversas en todos los tiempos y todas las culturas, nos da una libertad chiquita, una posibilidad de quebrar algunos mandatos y si no podemos evitarlos del todo, al menos podemos identificar algunas opresiones que nos condicionan y nos formatean para que todos seamos iguales y de paso dóciles y serviles. 

Creo que lo que hay para celebrar el 14 de febrero y todos los demás días, es que el amor de nuestro tiempo intenta deconstruirse para construir pactos, diversos, democráticos, horizontales, que rechaza  la idea hegemónica de amor, que busca la simetría en el deseo y no fomentar la desigualdad, Y sobre todo que entiende que “el enigma del amor” no es una cuestión individual, sino colectiva y que nosotres en las calles, en la casas y en las camas, le estamos buscando la vuelta.

El 14 de febrero sigue rankeando alto entre las efemérides bizarras en mi cabeza, más por asociarlo a cursilerías en rosa que vengo rechazando desde mi adolescencia trash, que por indiferencia al amor y sus formas que, por las malas, me mostró que mueve al mundo, el individual y el colectivo. Pero escribir sobre San Valentín me parece simpático y torturador en partes iguales. Y como no quiero caer en el cliché de decir que es un día comercial y católico, que lo es, igual que navidad. Y yo no me quejo, me gustan los regalos, el vitel toné y en vez de cuestionarlo aprovecho la fecha para ver a la familia y comer como loca. Así que voy a hacer lo mismo con San Valentín, si este es el día del amor no me jode celebrarlo, siempre que nos preguntemos ¿qué tipo de amor celebramos?

La lucha de las  mujeres y diversidades sexuales ha habilitado el debate sobre las prácticas del “amor” confrontando ideas que llevan tanto tiempo circulando que parecían irrefutables, con nuestros deseos, conquistas y reivindicaciones.  A pesar de lo recorrido, que no es poco, existen violencias en nuestros vínculos sexo afectivos, intentamos con mucha fuerza liberarnos de lo impuesto por el amor romántico, sacarnos etiquetas, prejuicios, cuestionar comportamientos y construir algún modelo de amor que nos haga menos ruido, que nos incluya, que duela menos o que como mínimo no nos ponga en riesgo. Sin embargo, en una sociedad dominada por los principios de propiedad privada parece sino utópico,al menos muy difícil llevar el concepto de “amor sano” hasta el final. Aunque politizar la intimidad ha sido un primer triunfo, porque cuestionar la idea establecida y arraigada de una época sobre el amor, es cuestionar todo lo que de ella se deriva. 

amor romantico

Todas las sociedades (o quienes tienen el poder en ellas) han diseñado su propia idea del amor al servicio de la organización social y económica que querían sostener. Yo y calculo que muchas otras feministas, aprendimos que no ser ingenuas al respecto es lo que permite desarmar la mitología del amor romántico construida en el patriarcado capitalista, donde la desigualdad y la opresión no son solo el resultado de un sistema, sino sus herramientas de sustento y supervivencia. 

Ese amor jerárquico, injusto, heteronormativo y violento que mantiene la subordinación de las mujeres y margina, criminaliza y maltrata otras identidades sexuales es muy redituable para el capital. Y no hablo sólo de la cantidad de plata que les ahorran las tareas domésticas y de cuidado no remuneradas que hacemos “por amor”, sino también de cómo la familia heterosexual, monogámica y nuclear formatea a la sociedad para que fuera de casa, en el trabajo y la producción podamos tolerar o naturalizar que hay uno que manda y otros que obedecen, uno que tiene el poder y otros que lo padecemos porque “es lo que nos tocó”. El amor romántico es eso: poder, poder desigual.

Para sostener la injusticia se estableció toda una ideología sobre la “naturaleza del amor” que nos dice que es irrefrenable e inexplicable y por lo tanto impune, es eso lo que tenemos que hackear si queremos romper el círculo, cuestionarlo en lo simbólico, pero también en la práctica.

poemas de amor alternativos

No intento negar el amor el día del amor, intento decir que está encuadrado en un formato cultural aprendido y reformular lo que evidentemente está en crisis, la posesión, la monogamia obligatoria, el “para siempre” o  “pase lo que pase” porque esa lógica dice que hay que aguantar, aguantar para triunfar en el amor que por supuesto es la única opción de felicidad. Y entonces ese amor nos deja afuera a todos los que no estamos dispuestos a tener intercambios afectivos desiguales.

Pensar y saber que hay y hubo formas de amor y de amar diversas en todos los tiempos y todas las culturas, nos da una libertad chiquita, una posibilidad de quebrar algunos mandatos y si no podemos evitarlos del todo, al menos podemos identificar algunas opresiones que nos condicionan y nos formatean para que todos seamos iguales y de paso dóciles y serviles. 

Creo que lo que hay para celebrar el 14 de febrero y todos los demás días, es que el amor de nuestro tiempo intenta deconstruirse para construir pactos, diversos, democráticos, horizontales, que rechaza  la idea hegemónica de amor, que busca la simetría en el deseo y no fomentar la desigualdad, Y sobre todo que entiende que “el enigma del amor” no es una cuestión individual, sino colectiva y que nosotres en las calles, en la casas y en las camas, le estamos buscando la vuelta.

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