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RESEÑA| La Hermandad, de Martín Falci

La Hermandad

El docente Pedro Arturo Gómez realiza una reseña sobre “La Hermandad”, un documental observacional que tiene como objeto el particular mundo de la comunidad estudiantil de varones del Gymnasium, un renombrado colegio de Tucumán, reunidos en el campamento anual que constituye la práctica extramuros emblemática de la institución, exponiendo una galería sinuosa de la joven masculinidad en construcción.

LA HERMANDAD – (Martín Falci, 2019)

La hermandad, como concepto antropológico, supone un vínculo o acuerdo de confianza y cooperación entre dos o más personas, por medio de experiencias compartidas en prácticas organizadas de manera ritual. La dimensión física del vínculo colectivo y su energía emocional, puestas en juego en la dinámica de los ritos, se sustancian como la potencia fundamental de esta ópera prima del joven realizador Martín Falci. La Hermandad es un documental observacional que tiene como objeto el particular mundo de vida de la comunidad estudiantil de varones del Gymnasium Universitario, renombrado colegio de la ciudad de San Miguel de Tucumán, reunidos en el campamento anual que constituye la práctica extramuros emblemática de esa institución.

Liberada del anclaje verbal de una narración en off, la película tiene como hilo conductor las vivencias de un grupo de niños en su primera participación en este campamento, bajo la custodia de los estudiantes mayores, adolescentes oficiantes de las normas de autodisciplina constitutivas de la lógica institucional. Los cuerpos, los climas anímicos y la amalgama de afectividad colectiva, en contrapunto con el entorno natural de un bosque de montaña con su río, son los protagonistas de este retrato plural que atraviesa –con encuadres exactos y pulida fotografía- el hormigueo de las actividades campamentales, momentos de extasiada quietud y estallidos de dinamismo juvenil. La presencia más imponente la tienen las texturas físicas y emocionales entintadas de la sombra que emana del permanente fantasma de la violencia, componente elemental de la naturaleza humana y espectro que recorre el microcosmos del campamento. Un espectro que tuvo una dramática materialización en la muerte de Matías “Paver” Albornoz Piccinetti, estudiante del Gymnasium, durante una pelea callejera con adolescentes de otro colegio, previa a los hechos registrados en el filme, tragedia que trastocó el eje de este mundo escolar, precipitando probables transformaciones en los hábitos y valores desplegados en el enclave campamental.

La Hermandad

Las marcas de esa espectralidad son recurrentes en los pronunciamientos de estos jóvenes con su retórica de renuncia a la violencia e invocación al amor, en nombre del compañero muerto cuya figura alcanza una dolida veneración. Sin embargo, la violencia no deja de manifestarse en las formas ritualizadas del comportamiento lúdico, en particular en el icónico “Juego del Zorro”, con sus atuendos que recuerdan la vestimenta del Ku Klux Klan, sus persecuciones e impactos corporales, sobrevolados por intensas tomas aéreas. La tensa membrana de esa violencia -pero también su reverso no menos tenso de afectividad- alcanza una consistencia de alto volumen en el tratamiento visual del universo de los cuerpos: sus entrelazamientos, los colores de las pinturas y el barro sobre la piel, la mutua higienización en las aguas del río… Son las escenas que componen una galería sinuosa de la joven masculinidad en construcción dentro de la horma de una poderosa identidad institucional, el moldeado de un temple varonil corporativo cuya materia prima son los sentimientos canalizados hacia el pathos de una ferviente adhesión a la entidad colegial.

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Los fuegos de esa pasión arden a lo largo del documental con sus demonios, entre los cuales se agita el de la homofobia, aparición recurrente en el habla de los personajes que confirma la perturbadora continuidad de esa estigmatización en la matriz de la virilidad como patrón cultural hegemónico. Nada de esto está acentuado, tampoco diluido, por una cámara que traza con agilidad e inspiración estética una visión posible sobre ese mundo. Al mismo tiempo, es una mirada que se adentra, con la misma ausencia de énfasis, en la espesura del entretejido de sentimientos y en los temblores del país de la infancia que ingresa a un continente identitario mayor.

En sus inicios, el cine etnográfico se ocupaba de culturas que resultaban exóticas a los ojos occidentales, recónditas realidades humanas en crepuscular supervivencia. Hoy, en tiempos de una antropología de lo próximo, La hermandad es un documental que explora los claroscuros de un mundo que también llega a su fin, el de una cultura de juvenil virilidad con su orgullosa aura rasgada por el relámpago oscuro de la tragedia, en la antesala de una mutación radical: la conversión del colegio en mixto. En la película apenas se menciona este cambio que provocó una controversial resistencia en gran parte de la comunidad del Gymnasium, y cuando aparece una alusión a él hacia el final, es en la voz de un estudiante mayor que insta a uno de los niños a la inclusión de las futuras compañeras mujeres en la mística de pertenencia a ese mundo.

La Hermandad

Como toda mirada, esta pieza de etnografía audiovisual conlleva sus recortes y posicionamientos, las decisiones desde las cuales elabora los materiales para una interpretación de la realidad. También es una mirada que proviene desde el interior de esa realidad, puesto que el director y su guionista son egresados del Gymnasium, un origen que supone tanto un acceso privilegiado como un sesgo particular. No obstante, ni panfletario ni revisionista, este exponente de la actual vitalidad audiovisual tucumana propone un registro testimonial despojado tanto de apologías como de rechazos, una incursión en el territorio de una identidad colectiva que agita pasiones. Con su vigor emocional y el esplendor de sus imágenes, La hermandad es un viaje hacia el inquietante interior de esas pasiones.



Foto de portada: Subcoop

Autor/a
Pedro Arturo Gómez es profesor en la Escuela de Cine, Video y Televisión de la UNT y en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNT. También es escritor y crítico de cine.
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