Lourdes Albornoz

Latinoamérica es Indígena

Cultura

Cuando escuchamos la palabra “genocidio”, quizá nos imaginamos armas, guerras o bombas. Qué importante en estos albores de agosto, reflexionar acerca de sus otras formas.

Durante el Festival de Cine Gerardo Vallejo se proyectó la “Muestra Especial Latinoamérica es Indígena” organizada por el Ente Cultura de Tucumán. Durante tres días se pudo ver la obra de Daniela Seggiaro, cineasta salteña, en diálogo con el pueblo nación Wichí. Las películas “Nosilatiaj: la belleza”, “Husek” y “Senda India” cautivaron a los espectadores tucumanos.

El cierre contó con la presentación de la Banda de Sikuris de la Biblioteca Popular La Randa, un espacio de construcción popular con más de 20 años de existencia en el corazón de la localidad de Yerba Buena. Los sikus y bombos ofrendando desde esta tierra, en diálogo las ancestralidades que abordan las películas.

Imagen de La Nota Tucumán

Gente del Monte

El pueblo nación Wichí – weenhayek reconoce su ecosistema, su territorio, en el Gran Chaco, entre los ríos Pilcomayo, Bermejo y Paraguay. Por el año 1767 los franciscanos fundaron las primeras misiones religiosas para wichís, encerrándolos territorial y espiritualmente.

En el siglo XIX, una naciente República se independiza, y devora militar y jurídicamente al Chaco, mientras sus nuevos dueños, los criollos, se reparten las tierras para fincas y ganado, con los indios adentro. Los wichís son obligados a trabajar durante la estación seca en los nuevos ingenios azucareros. En algo nos parecemos, diría don Atahualpa Yupanqui.

En 1911 llegaron agentes de la South American Missionary Society al ingenio La Esperanza para evangelizar, creando una red de misiones que se extienden por todo el territorio wichí.

En 1996 se aprueba el ingreso de la soja transgénica, acaparando y matando el alimento nativo disponible para las comunidades. Y en 2020, la Corte Interamericana de Derechos Humanos condena al Estado Argentino por el despojo y le ordena restituir el territorio a las comunidades nucleadas en Lhaka Honhat.

Sobre las obras

Este es el sitio de la historia, el espacio diegético de las películas que nos convocan. Daniela Seggiaro nos muestra el lado silencioso y profundo de la exterminación de un pueblo. Nosilatiaj, la belleza, desnuda los microrracismos y violencias estructurales, simbólicas que existen sobre los cuerpos indios.

El progreso que se impone, a costa del Husek, la integridad de las personas.

En ambas obras, la autora nos toma de la mano para señalarnos la vuelta al monte, a su espíritu, en busca de dignidad.

En Senda India, la propuesta transforma la poética, la metáfora, en un territorio tangible. Una cámara recorre el territorio, como lo hace una linterna: alumbrando la vida comunitaria, para hacerla visible más allá de la razón de los tribunales.

Muestra las promesas incumplidas de un Estado que va cambiando de mando pero sostiene y amplifica el despojo territorial a los antiguos, a los que recuerdan que no se puede vender la tierra, porque no la hicieron los humanos.

Y en su apuesta más hermosa, Daniela nos invita a recorrer los montes de la mano de sus guardianes. Una senda india que es madre de quienes aún la transitan. Y también de muchos otros que hoy viven en las márgenes urbanas, desplazados, sin retorno.

Me animo a comparar la tarea del trabajo en cine, con la del trabajo de la tierra. Tarda en llegar, y al final, hay recompensa.

Imagen de La Nota Tucumán

Agosto

En tiempos de corpachar, se vuelve imprescindible volver a discutir las bases de nuestro país. Desnudar los pasados comunes que nos constituyen colectivamente. En palabras de Daniela: “estas películas no muestran la historia de los wichis solamente, muestran la historia de todos nosotros como sociedad”.

Las historias que muestran las películas suceden a lo largo y ancho de nuestro continente sobre muchos pueblos naciones preexistentes, personas racializadas y diversidades sexuales. Lejos de ser películas étnicas, retratan una forma de vínculo entre los distintos grupos sociales que conforman la estructura de poder en nuestra región.

El avance extractivista sobre territorios profundos como el Chaco, sentó las bases para la entrega que hoy se generaliza por todo el país y la región.

Todos somos indios en este punto de la historia.

La Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, la Ley de Extranjerización de Tierras, nacen de la conciencia impune de quienes se creen dueños de todo. El Derecho al Despojo está consagrado hace centurias en los territorios, mucho antes de que se animaran a llevarlo al Congreso.

Y con cada maniobra que el poder real realiza, aprendemos de los Pueblos formas de continuar existiendo. Volver al monte, a su dignidad y fortaleza.

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