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Cine

Ezequiel Radusky: “Hace falta militar el nuevo cine tucumano, porque hacer cine no es sólo hacer películas”

El director de “Los Dueños”, presenta su opera prima como solista “Planta Permanente” en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2019, donde participará dentro de la Competencia Internacional. Desde La Nota, conversamos con el cineasta sobre la elección de la temática, su trayectoria, el “nuevo cine tucumano”, y el futuro de la producción cinematográfica regional en Argentina.

por Pedro Arturo Gómez

Después de la notable opera prima Los dueños (2013), Planta permanente, su primera película como director solista, participa en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2019, dentro de la Competencia Internacional. El realizador tucumano Ezequiel Radusky se consolida así como una de las presencias más relevantes en el contexto actual de la producción cinematográfica nacional y regional. Conversamos con él sobre este particular momento de su carrera, en el marco de lo que se ha denominado “nuevo cine tucumano”.

Planta permanente se inscribe en una extensa línea de películas que abordan el mundo laboral y sus conflictos, donde sobresalen filmes de Ken Loach como La cuadrilla (2001) y Pan y rosas (2000), y Recursos humanos (1999), de Laurent Cantet, entre muchas otras. ¿Qué te condujo al tratamiento cinematográfico del trabajo?

El tema del trabajo y las relaciones laborales me parece sumamente interesante como modo de indagar en un micromundo y, a partir de ahí, reflejar comportamientos sociales más generales. Creo que en los ámbitos laborales ocurren muchísimas cosas condensadas en pocas horas del día, pero que se prolongan durante años. Los compañeros de trabajo terminan siendo una especie de familia, ahí se vuelca un montón de expectativas, frustraciones y envidias, la gente compite y, al mismo tiempo, ama y va hallando sostenimiento. Mi interés por el mundo del trabajo radica en que es un espacio donde se reproducen injusticias, por el hecho de que la patronal siempre está en ventaja; por más derechos que se vayan adquiriendo, ante una crisis la patronal siempre sale bien parada. Esto no se soluciona con películas, pero como miembros de una sociedad tenemos que estar siempre pensándolo, cuestionándolo y viendo de qué manera se puede aportar para modificar esto. En particular, en esta película me quería centrar en qué pasa entre los trabajadores, porque ahí hay un punto en el que el maltrato que hay entre los propios obreros –pueblo contra pueblo, por así decirlo- es el factor clave que mantiene la desventaja ante los embates de la patronal. En cuanto al cine que trata estos temas, Ken Loach y Laurent Cantet fueron dos referencias esenciales, junto con Un burgués pequeño pequeño (Mario Monicelli, 1977).

Ezequiel Radusky, director de Planta Permanente

Tu primera película, Los dueños (2013), codirigida con Agustín Toscano, trata de las tensiones y conflictos de clase dentro de un espacio doméstico. Ahora, en Planta permanente, el ámbito es el de los empleados públicos y se mantiene ese interés por las turbulencias clasistas. ¿Se puede hablar de una particular vocación tuya por la temática social?

Mi interés por el mundo del trabajo tiene que ver con que provengo de una familia obrera, una familia donde el laburo y el dinero siempre ha sido un tema. Nunca se lograba una firmeza económica, y eso a mí me generaba muchas preguntas, me preguntaba por qué si se laburaba y laburaba siempre faltaba el dinero. Esos problemas económicos y esa incomodidad son la base para que yo pueda trabajar sobre eso, y no sólo padecerlo.

Después de Los dueños, vuelves a trabajar con Liliana Juárez y Rosario Bléfari, en una historia donde los dos personajes principales son mujeres. ¿Por qué esta opción por el protagonismo femenino y qué te llevó a elegir nuevamente a estas dos actrices?

Mi fascinación por los protagónicos femeninos tiene que ver con que yo siento y leo en las mujeres una inteligencia emocional y una sensibilidad mucho más desarrolladas, en el sentido de que tienen algo más, aunque no sé qué sería ese “algo más”, pero siempre siento que están un paso más adelante que el modo de razonamiento y sentir masculino. Con tantos siglos y siglos de lucha por sus derechos, creo que eso está en el ADN de la mujer, un poder de supervivencia mucho mayor que el de los varones, creo que la incomodidad constante de las mujeres dentro de la sociedad ha hecho que ellas tengan un punto revolucionario natural en ellas. Esto para mí, para escribir personajes, me parece algo sumamente rico; porque la forma de resolver las contradicciones que uno le puede imprimir a los personajes femeninos también va a tener ese plus, ese “algo” especial. Esto me interesaba trabajarlo en la película, cómo el conflicto social puede ser resuelto por las mujeres. Creo que estos últimos años, la militancia de las mujeres ha sido el acto más revolucionario e inclusivo que ha habido, lo cual reafirma mi impresión de que en ellas hay algo especial, que ellas ven algo que los hombres no vemos. Esto me resulta muy interesante a la hora de escribir personajes, pero a la vez es muy difícil porque soy varón, lo cual implica mucha conversación con mis amigas, con la parte femenina de mi familia, para tener su punto de vista. De hecho, en el equipo técnico de la película hubo una gran mayoría mujeres, y compartir y discutir todo con ellas ha sido de una riqueza excepcional. Siempre tuve la idea de trabajar con los mismos actores durante etapas largas. Me gustan mucho los directores que hacen eso, me gusta ser parte de esa tradición. Yo quería escribirle una película para Liliana (Juárez), lo mismo con otras actrices y actores de Tucumán que habían trabajado en distintos roles. Rosario (Bléfari) entra porque yo le había dado a leer el guion en su primera versión, ya que nos habíamos hecho amigos después de Los dueños. Ella lo leyó, le pareció que estaba buenísimo y me dijo que quería hacer de un personaje en la película. Entonces yo hice una segunda versión del guion, ampliando el protagonismo del personaje que encarna ella. El plan de incluir a actrices y actores que estaban en Los dueños se cortó porque la película no se filmó en Tucumán y no cerraban los números para traer a todo ese elenco y mantenerlo en La Plata, donde se filmó finalmente. Liliana y Rosario son grandes actrices; y en el caso específico de Rosario ella es una especie de “actriz directora”, como le digo yo, porque me ayuda a pensar los personajes y la historia, tanto en la previa como en el rodaje. Con Liliana, después de los trabajos que hemos compartido, hay algo muy especial entre nosotros, a mí me gusta mucho trabajar con ella, porque es una actriz que me demanda mucho en la dirección, mientras más detallista soy en conducirla, más maravilloso es su trabajo, no podemos liberarnos el uno del otro. Hablamos muchísimo durante todos los años en los que estuve escribiendo el guion, conversando acerca del personaje, ella metiéndose mucho en el personaje, porque ella hace propios a sus personajes, aportando mucho de ella, de su vida y de gente que ella conoce.

¿Cómo fue el tránsito desde una película en codirección como Los dueños hasta ésta, tu opera prima como director solista?

Fue un proceso que al principio fue para mí difícil de asimilar, me llevó un tiempo encontrarme solo pensando en todo, sobre todo en la primera etapa, en el guion, a solas conmigo mismo. Pero luego fui compartiéndolo con otras personas, y también con el equipo del proyecto, porque con Agustín Toscano fuimos muy colaborativos para trabajar en conjunto con la gente del equipo y yo apliqué la misma fórmula, lo cual fue muy bien recibido. A mí me encanta esta forma de trabajar, discutir las ideas con el equipo y a partir de las opiniones que van surgiendo armar mis decisiones. Esto es muy bueno como dinámica de dirección, para hacer al equipo verdaderamente parte de la película, dándoles un lugar abriéndome hacia ellos; y lo que ellos devuelven es infinitamente valioso. Así el proceso de hacer la película se vuelve algo amoroso, muy querido por la gente que la hace. Esto es un aprendizaje, una herencia directa de la dinámica colaborativa que teníamos con Toscano, tanto en nuestra experiencia cinematográfica compartida como en el teatro. Y si bien ya no dirigimos juntos, nos seguimos colaborando, él lee mis cosas, yo leo las suyas, nos aportamos recíprocamente nuestras opiniones, haciéndonos el aguante aunque no estemos en el mismo proyecto.

Los dueños suele ser señalada como el punto de partida de algo llamado “nuevo cine tucumano”. Desde tu percepción, ¿existe tal cosa?

Yo creo que hay una proliferante producción audiovisual en Tucumán, cada vez más. Me alegra pensar que Los dueños fue uno de los puntos de partida para esta movida, y me alegra que El motoarrebatador haya sido un segundo paso al haberse filmado en Tucumán. Pero me entristece que Planta permanente no haya podido continuar con esa rueda, porque no fue posible hacerla en la provincia por el mal manejo de ciertos personajes de la cultura y el audiovisual, que por suerte ya no están. Pero más allá de la producción que se está haciendo en Tucumán, hace falta militar el “nuevo cine tucumano”, porque hacer cine no es sólo hacer películas, sino que tiene que haber también una defensa y protección de esas cuestiones por parte del sector audiovisual, porque si hay un movimiento identificable como un “nuevo cine tucumano” hace falta defenderlo, porque cada acción de ese movimiento es importante y debe contar el apoyo del sector desde la militancia.

¿Qué sería un “cine tucumano”, cuáles serían sus rasgos característicos? ¿Planta permanente sería una “película tucumana”?

Para mí, hay “cine tucumano” cuando la dirección y el guion es de alguien de Tucumán, cuando el elenco es mayoritariamente de ahí, en particular los papeles protagónicos principales, y que se filme en Tucumán. Estos tres componentes se pueden combinar con integrantes del equipo que provengan de otros lugares, en diversos rubros, porque el cine es cosmopolita. Desde esta perspectiva, Planta permanente no es una película tucumana, a pesar de que yo soy tucumano, Liliana también, y la historia nació en Tucumán. En gran medida, son los actores, sus voces, sus expresiones, sus cuerpos, sus rostros, el humor y el enojo, la forma de putear, todos esos factores componen ese rasgo de identidad tucumana, no el paisaje porque es sólo una locación, no un factor determinante.

¿Cómo ves el presente y el futuro de la producción cinematográfica regional en Argentina?

La situación del cine nacional, como la situación del país en general, ha sido calamitosa durante estos cuatro años de macrismo, con el INCAA bajo las políticas de ajuste del gobierno de Macri que produjeron un fuerte golpe contra la pluralidad de voces en la producción cinematográfica, en particular algo que afectó gravemente a las películas que se hacen por fuera de las grandes empresas productoras. Por eso hace falta cuidar al INCAA a través de la militancia del sector audiovisual, cada agrupación y cada persona desde sus lugares. Yo formo parte del Colectivo de Cineastas, desde donde se desarrollan acciones y propuestas concretas para que haya un INCAA que escuche al sector, para que haya –entre otros objetivos- un cine nacional de autor, con metas de crecimiento, nunca de achique. En este sentido, las leyes de producción audiovisual que vayan creándose en las provincias no deberían pretender que se filme sin la necesidad del INCAA. Lo que las provincias deben hacer es complementar el aporte del INCAA, porque de lo contrario es jugar en favor de la idea de que el INCAA no debería existir, en contra de una idea de federalización. Por sí solas, las provincias no cuentan con el dinero que hace falta para una producción cinematográfica potente, tampoco con la experiencia necesaria. Porque no combinar con Buenos Aires, que es donde hay mayor tradición y profesionalización cinematográfica, sería jugar en contra del desarrollo de la actividad audiovisual provincial. Con el tiempo todo podrá ir emparejándose, pero no deberíamos desvincularnos a través de leyes “provincialistas”. Además, es importante que cuando se filme en provincia se lo haga con las mismas reglas que a nivel nacional, pagando a quienes trabajan como debe ser, con productores provinciales que sepan generar un presupuesto de acuerdo con las tablas salariales que disponen los sindicatos, con directores y guionistas cuyos proyectos sean realizables, con la posibilidad de tentar a más inversores para que las producciones crezcan.

Escrita por

Pedro Arturo Gómez es profesor en la Escuela de Cine, Video y Televisión de la UNT y en la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UNT. También es escritor y crítico de cine.

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