Bruno Bazán

¿Educar, para qué? El Mercado en tu escuela 

Actualidad

No son tiempos en los que se piense en profundidad sobre la educación. El gobierno de Javier Milei no habla casi nada de este tema; el asunto aparece a partir de los conflictos que atraviesa el sistema de educación argentino por la falta de presupuesto y el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario.

Durante su campaña a la presidencia, como un ítem obligatorio, Milei habló sobre el interés de promover la educación en casa y la idea de “vouchers” para que cada familia elija a qué escuela enviar a sus hijos. Esto quedó en el olvido, sin embargo, el sistema educativo sigue siendo objeto de decisiones políticas que apuntan más a su reducción que a pensar qué educación necesitamos. 

Millones de niños y adolescentes están yendo a comer a las escuelas. Hay hambre. Y aquellos que no van exclusivamente a comer se encuentran con escuelas que no logran conectar con sus intereses. Hace tiempo, quienes nos dedicamos a la educación, vemos que es necesario pensar modificaciones integrales para este siglo que se aproxima. Y no solo vinculadas con la tecnología, sino más profundas aún: con el modo en el que vivimos en esta era, los tiempos, la división de saberes y las subjetividades que el entorno y sus dispositivos promueven, con sus novedades positivas y negativas.

Aunque no se hable de este tema, las escuelas siguen existiendo y el rol social fundamental que cumplen se vuelve vital en tiempos de crisis social y económica. En nuestro vasto y variado paisaje, es la escuela la que une, conecta y ordena el funcionamiento de una comunidad. Por eso las decisiones sobre qué temas o contenidos entran o salen de la escuela representan en realidad qué tipo de sociedad queremos construir a futuro. 

En este contexto, empieza a sonar cada vez más fuerte la idea de incorporar educación financiera para hacerle frente a la grave situación de adicción al juego que viven miles de jóvenes de nuestro país.

Hay siempre un razonamiento del mundo adulto, y muchas ONG con causas específicas, que tarde o temprano terminan proponiendo un programa para las escuelas. Esto se basa en una idea del sentido común: lo que se educa durante la infancia y la adolescencia marca de modo particular las trayectorias de vida de las personas.

Sobre este punto, es necesario recordar que efectivamente son años limitados de educación y que  la currícula también lo es. Algunas cosas que deben ser consideradas centrales y objetivos pedagógicos, y otras que no. 

Cuando pensamos la educación de un país, no todo puede terminar siendo un proyecto de ley que cree un programa y luego “caiga” sobre el sistema educativo con obligatoriedad y sin mucho presupuesto. Estas modificaciones son equivalentes a hacer una mala pavimentación de una misma calle durante décadas: simplemente no funciona bien y, tarde o temprano, se termina rompiendo.

El último grito de la moda

Mientras las plataformas de casinos online crecieron  y el consumo financiero comenzó a incorporarse cada vez más en la vida cotidiana, también aparecieron las alertas sobre el problema del juego en adolescentes. Allí surge la idea de que es fundamental la educación financiera.

Esto no pasa solo en las escuelas y tampoco es un invento argentino. Desde comienzos de los 2000, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) viene promoviendo la educación financiera como una política pública internacional. En 2008 creó la Red Internacional de Educación Financiera (OECD/INFE), que actualmente reúne a instituciones públicas de más de 130 países, entre bancos centrales, ministerios de Finanzas, ministerios de Educación y organismos reguladores.

En 2020, la OCDE aprobó una recomendación que plantea desarrollar la alfabetización financiera “desde la edad más temprana posible”, entre otras razones porque considera que la escuela es un ámbito especialmente eficaz para hacerlo antes de que los jóvenes se conviertan en “consumidores financieros activos” a partir de los 15 años, o incluso antes. 

Argentina, por su parte, inició en enero de 2022 el proceso formal de conversaciones para ingresar a la OCDE. En marzo de 2024, el Consejo de la organización adoptó la hoja de ruta para su adhesión, lo que implicaría destinar dinero del Estado a las políticas y las prácticas argentinas en relación con los estándares de la organización.

¿Se acuerdan cuando, a finales de los 90 y principios de los 2000, se modificó el sistema educativo? La generación de más de 30 fue parte de esa experiencia. EGB3 y Polimodal eran también tiempos de educación para el trabajo, de hiperespecialización del saber. A algunos les tocaba aprender ciencias naturales, a otros economía de las organizaciones y, según la institución, había otras modalidades. 

Otra vez, en tiempos de derecha internacional en el poder, de baja redistribución de la riqueza y extrema vulnerabilidad de los más pobres, la receta parece ser aprender a administrar lo poco que se tiene, o incorporar el lenguaje del mercado para hablar de nuestra propia economía.

En mi caso, el resultado fue que estuve el último año del colegio haciendo bombones artesanales para vender. Aprendí mucho sobre economía, por ejemplo cómo llevar adelante un libro diario de un negocio, pero tuve solo un año de Historia, un año de Geografía y un año de Física-Química.

La propuesta de educación financiera actual es como ofrecer una crema para una patología que necesita antibióticos e intervención quirúrgica. Simplemente no alcanza.

No se trata sólo de negar la eficacia de la educación financiera en sí, sino, más aún, de poder pensar de modo más integral, de no retroceder en la incipiente escucha que ciertos paradigmas pedagógicos permiten y que, en este momento, también están siendo cuestionados.

¿Qué pasa antes de que esos estudiantes apuesten con el celular? ¿Queremos que los adolescentes sean consumidores en el mundo financiero antes que ciudadanos con derechos plenos? ¿No habrá cuestiones más vitales a promover durante la adolescencia que las finanzas? Como el amor, la salud, el deporte y la capacidad de reflexionar e imaginar. Y, sobre todo, ¿qué espacios de escucha, contención y diálogo tienen las juventudes?

Promover una educación financiera en las escuelas parece ser más bien parte de un entramado político-ideológico que busca dar por sentado que la lógica del mercado domine cada vez más aristas de nuestra subjetividad. Es decir, que el discurso sobre la economía del mundo sea aprendido por los estudiantes desde el principio.

Pensar todo desde el éxito y el fracaso, medir, pesar, calcular y hacer rankings de todo, incluso de los gustos, los deseos, los cuerpos y los amores. Administrar un “yo” como quien administra una empresa y promover consumidores de un universo digital inmaterial, hacer que todos desean el éxito financiero, acumular más de lo que se necesita. Algunos de estos puntos son currículum oculto de ese programa educativo financiero. 

También pensar que la educación es otra cosa y no puede ser implementada desde el mercado. Tendremos que poder ensayar un poco más la reflexión crítica sobre qué cosas consideras indispensables para la vida, y no se trata solo de información, sino de habilidades, capacidades y experiencias. Volver a promover la posibilidad de imaginar, jugar, compartir, pensar en equipo y vincularse con la naturaleza y con los otros sin violencia y en un marco de respeto. Esto también puede ser un objetivo pedagógico, pero su implementación necesita más que un último grito de la moda llevado a las escuelas. 

Inicia una discusión sobre esta noticia
0 comentarios

Deja tu comentario


Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Máximo 65,525 caracteres

Tu comentario será moderado antes de publicarse


Buscar Noticias