De traiciones, concesiones y extorsiones

PORTADA 24

En una semana cargada de giros políticos, desde acuerdos hasta renuncias ministeriales, la atención se centra en el controvertido apoyo del diputado tucumano Agustín Fernández al dictamen oficialista de la Ley Ómnibus. La creación del bloque Independencia, desata una serie de cuestionamientos sobre los intereses en juego, las presiones gubernamentales y las implicancias de la Ley Ómnibus. Mientras la sociedad se manifiesta en las calles, la incertidumbre reina en un escenario político cada vez más polarizado.

“El ser humano está dotado de libre albedrío, y puede elegir entre el bien y el mal. Si sólo puede actuar bien o sólo puede actuar mal, no será más que una naranja mecánica: en apariencia un hermoso organismo, pero de hecho no será más que un juguete mecánico al que Dios o el Diablo (o el Todopoderoso Estado) le darán cuerda.”

Esta cita, perteneciente al Anthony Burgess de La Naranja Mecánica (1962), parece describir —en un tono mesuradamente maquiavélico— lo que la realidad política argentina trajo consigo estos últimos días: traiciones, concesiones y extorsiones; vencedores y vencidos; debilidades y fortalezas. Radiografía de la vorágine.

Cronología de un acuerdo ¿ilícito?

Entre la noche del martes y la madrugada del miércoles, el oficialismo parlamentario de la Cámara de Diputados —comandado por el riojano Martín Menem— se encaminaba a lograr un acuerdo para sacar el dictamen de mayoría que daría el paso inminente al tratamiento de la Ley Ómnibus.

En la madrugada del miércoles, se difundió la noticia de que, efectivamente, el oficialismo nacional había logrado un dictamen favorable. Pero la noticia llamativa no fue sólo esa, sino una mucho más crucial: un diputado de Unión por la Patria no había acompañado al dictamen que dicho espacio firmó y, por el contrario, acompañó al proyecto del Gobierno nacional.

Para sorpresa de propios y ajenos, ésta no sólo impactó por el hecho de que un diputado del peronismo había acompañado al dictamen del presidente Javier Milei, sino además, porque dicho diputado era el tucumano Agustín Fernández, quien responde directamente al gobernador Osvaldo Jaldo. La noticia se vivió como una absoluta victoria en amplios sectores libertarios, mientras que en el peronismo parlamentario ocasionó un estupor mayúsculo.

¿Qué llevó al diputado Fernández a poner su firma en el dictamen oficialista? ¿Qué rol tuvo el gobernador Jaldo? ¿Cómo se gestó la conformación del bloque Independencia, que contará con 3 representantes tucumanos, un número más que importante en una Cámara donde los bloques pequeños –los árbitros del Congreso– tienen un poder de fuego?

El día lunes, algunos experimentados congresistas se hicieron eco de una moneda que estaba en el aire y que no paraba de girar: algunos daban ‘’por perdido’’ al gobernador Jaldo ya que, aseguraban, había logrado acordar con el Gobierno nacional una mejora sustancial en las políticas azucareras, citrícolas y de bioetanol, tres sectores claves de la economía provincial. Ante este panorama, se rumoreaba que, a cambio de dichas mejoras, el tranqueño aportase al menos 3 de los 5 votos que tiene –mejor dicho, tenía– Unión por la Patria en Tucumán.

El día martes, el gobernador Jaldo, en una entrega de más de 500 escrituras a vecinos de distintos departamentos y comunas, al ser consultado por dichos rumores, aseguró que ‘’tengo entendido que aún no se sabe cuántos dictámenes habrán; una vez sepamos, lo definiremos’’. Pero lo que más llamó la atención ante la prensa fue que el gobernador anunciaba que ese mismo día martes ‘’voy a viajar a Buenos Aires a acompañar a nuestros diputados nacionales’’. No es raro que un gobernador viaje al Congreso cuando se debaten leyes fundamentales; lo extraño está en que lo suelen hacer el día del debate y no antes. Este dato –el viaje a Buenos Aires– es fundamental para entender el cómo se gestó el apoyo de Jaldo a Milei.

‘’Nuestros diputados van a votar por Tucumán y por las economías regionales’’, dijo ese mismo día. Lo que nadie sabía es que esas palabras, que nada tenían de raro hasta ese momento, iban a cobrar sentido al otro día.

En la mañana del miércoles, los argentinos nos despertamos con la noticia de que, finalmente, había dictamen de mayoría, favorable al Gobierno, y el tratamiento de la Ley Ómnibus ya estaba entrando en su etapa más crucial. La sorpresa fue, como dijimos anteriormente, la firma del diputado Fernández.

A media mañana, con la movilización decretada por la CGT ya en marcha, la confirmación de la existencia de dicha firma aún estaba en duda por un detalle que será central para comprender qué es lo que puede pasar en el inmediatísimo futuro: el dictamen no estaba. Había dictamen de mayoría pero no se sabía cuál era el dictamen y, por ende, no se sabía quiénes habían acompañado dicho documento.

Fue el diputado Pablo Yedlin –quien políticamente responde al ahora senador nacional Juan Manzur– quien, en una entrevista con Gustavo ‘el Gato’ Silvestre, al ser consultado si efectivamente el diputado Fernández había acompañado al Gobierno, dijo que ‘’sí, efectivamente el diputado no nos acompañó en el dictamen que nuestro bloque (UxP) había emitido y, en cambio, decidió acompañar al del libertario’’. Pero fue mucho más allá cuando afirmó que ‘’los gobernadores están recibiendo presiones por parte del presidente’’ y que, por ello, el gobernador Jaldo les había pedido a los diputados tucumanos que acompañen el dictamen de mayoría.

Mientras tanto, en las calles de todo el país, del Norte Grande a la Patagonia y del Mar Argentino hasta la Cordillera, miles y miles de ciudadanos marcharon al son de bombos y cacerolas. Jubilados, estudiantes, docentes, médicos, sectores ambientalistas y muchos más pidieron por la derogación del DNU y el rechazo parlamentario a la Ley Ómnibus. Uno de los sectores que más fuertemente movilizó fue, sin dudas, el de la cultura: artistas, cantantes, actores, productores, técnicos y estudiantes hicieron intervenciones por toda Argentina debido a que el sector cultural sufriría un desguace enorme de aprobarse la Ley.

En la tarde del miércoles, alrededor de las 14:00h, se profundizaba aún más lo que había empezado como una ‘’simple’’ firma: el propio diputado Agustín Fernández y las diputadas Elia Fernández de Mansilla y Gladys Medina, dejaban el bloque de Unión por la Patria para conformar uno propio, el bloque Independencia. Quien confirmó la noticia fue nada más y nada menos que el diputado santafesino Germán Martínez, el presidente del bloque justicialista mayoritario. Así entonces, comienza la balcanización parlamentaria peronista que, en tiempos de oposición, suele ser bastante común, en medio de un peronismo que aún está –qué duda cabe– sin liderazgos claros.

El día jueves, el gobernador Osvaldo Jaldo llegaba de la Ciudad de Buenos Aires, acompañado, entre otros, por el Ministro del Interior Darío Monteros –y, además, esposo de la diputada Medina–. En consulta con los medios de comunicación, Monteros (el hombre de confianza del gobernador) dijo que “la decisión de acompañar el dictamen oficialista fue por los intereses de Tucumán; por nuestras economías regionales; fue para pagar los sueldos de nuestros docentes, nuestros policías’’. Agregaba que “es mentira que la firma del diputado ‘Tín’ Fernández fue la que definió al dictamen. El oficialismo ya contaba con los números necesarios para sacar el dictamen y, teniendo en cuenta que nuestro exbloque (UxP) no acompañó a nuestros pedidos y, al mismo tiempo, el gobierno nacional escuchó nuestros pedidos, es que hemos decidido quedarnos de adentro y no afuera para así a seguir negociando.’’

Monteros fue aún más allá cuando recordó que “en 2017, Gladys Medina recién asumía como diputada nacional en representación del espacio del entonces vicegobernador Jaldo. En ese momento, el gobernador Juan Manzur había llevado a cabo una negociación similar con el presidente Mauricio Macri en ocasión de la reforma previsional; ante dicho panorama, el gobernador nos había pedido que acompañemos la reforma y así lo hicimos. Entonces, habría que recordarle al diputado Yedlin que él en ese momento votó lo que Macri pidió. No nos hagamos los desentendidos ni las carmelitas descalzas’’. “La historia nos condena a muchos’’, concluyó.

En la mañana de ayer, el gobernador Jaldo dio una conferencia de prensa y, ante las consultas periodísticas, afirmó que “el sentido de acompañar fue por los intereses de Tucumán’’. Aseguró que “separarse del bloque Unión por la Patria sin dudas es fuerte pero más fuerte es la defensa de nuestras economías’’. “Este es el camino que seguiremos afianzando: defender Tucumán’’, aseveró.

Pero como en Argentina todo tiene que ver con todo, durante la tarde del jueves trascendieron rumores de un detalle que podría hacer naufragar la Ley: distintos diputados nacionales denunciaron que el dictamen no había sido difundido durante la mañana del miércoles ya que Federico Sturzenegger junto a otros actores, una vez que se dio un dictamen de mayoría, realizó modificaciones en un departamento del barrio porteño de Recoleta. Entre otros, a esto lo denunció nada más y nada menos que Miguel Ángel Pichetto, el gobernador del Congreso, como una vez lo describió el periodista político Gabriel Sued. Y es que Pichetto, con larga experiencia legislativa, no pudo pasar por alto el hecho de que el dictamen había sido modificado. Tan molesto estaba el rionegrino que incluso había trascendido que echó a Sturzenegger de una reunión entre diputados de distintas bancadas.

¿Qué votaron los diputados entonces? ¿Firmaron en blanco, como se solía hacer antes con los dictámenes del Congreso? ¿Por qué Sturzenegger realizó modificaciones después de dada la mayoría? ¿Ningún asesor jurídico le advirtió que dicho procedimiento es automáticamente judiciable?

Y la cereza del pastel: ayer el gobierno de Javier Milei sufrió su primera gran baja. Pasada la tarde-noche, se anunciaba que el presidente había echado al Ministro de Infraestructura Guillermo Ferraro. ¿El motivo? El ahora exministro filtró al diario Clarín que el libertario, en una reunión de gabinete, amenazó a los gobernadores y les aseguró que ‘’(si no me aprueban la ley) los voy a dejar sin un peso, los voy a fundir a todos’’. Quien rastreó la fuente fue el Jefe de Gabinete Nicolás Posse y, así entonces, el gobierno de Javier Milei bate su primer récord: nunca antes un ministro había renunciado o sido echado en tan poco tiempo, apenas 46 días.

Independencias y esclavitudes

Mucho ha pasado desde el lunes hasta hoy viernes: acusaciones de traiciones, disgregación parlamentaria, renuncias, movilizaciones, amenazas y extorsiones. Todo esto, en un país con una inflación que sigue al alza, en medio de un gobierno que no da el brazo a torcer en muchas de sus medidas económicas, por un lado, y al son de una oposición que se divide entre apoyos incondicionales (el PRO, por ejemplo), apoyos condicionados (la UCR, que aún no deja claro en qué sentido votarán sus diputados) y un rechazo contundente (Unión por la Patria, quien de los 108 diputados que tenía una vez consumadas la elección parlamentaria del año pasado, ahora cuenta con sólo 99 congresistas)

Cabe entonces preguntar: ¿En serio habrá diputados que votarán a favor de concederle poderes extraordinarios a un presidente que extorsiona a los ciudadanos diciéndoles que si sus gobernadores no acompañan la ley, ‘’los voy a fundir a todos’’?

Esta pregunta no nace de una posición ideológica, sino del sólo análisis de la historia política argentina y el esquema productivo nacional: siempre terminó en una crisis aún mayor cada vez que el Estado nacional arremetió contra las Provincias, que son nada más y nada menos que las productoras de la riqueza de la Nación.

La debilidad de un presidente va a tono con el fortalecimiento de los gobernadores, tanto así que algunos terminan optando, por ejemplo, por terminar emitiendo cuasimonedas provinciales, como fue el caso del Gobernador de La Rioja Ricardo Quintela y tal como está analizando Martín Llaryora, el Gobernador de Córdoba.

Que el gobernador Jaldo haya acompañado al presidente Milei no resulta difícil de comprender en el ámbito de una provincia que, lamentablemente, depende de la Nación para pagar sueldos; este mecanismo, propio de un esquema de coparticipación cada vez más agotado, es el talón de Aquiles de la mayoría de los territorios provinciales. El apoyo a una ley pasa, casi siempre, por aquí.

El gobernador argumenta que acompañó en defensa de Tucumán. En amplios sectores peronistas, por otro lado, argumentan que es una traición: lealtad con lealtad se paga; a la traición, con la cabeza de los dirigentes.

Los diputados del bloque Independencia votarán en general por la Ley. Una vez que voten en particular (artículo por artículo), ¿cuál será entonces el sentido de su voto respecto al desmembramiento de los institutos culturales? ¿Cómo votarán respecto a la privatización de una veintena de empresas estratégicas para el Estado?

Y más importante aún: ¿votarán a favor de concederle al presidente Milei facultades extraordinarias?

Sólo viendo dichos votos podremos saber cuáles fueron las concesiones que el gobernador Jaldo y el gobierno libertario acordaron ‘’en pos de la defensa de Tucumán’’.

Nadie que un mandatario provincial debe bregar por las economías regionales, pues detrás de ellas existen puestos de trabajos y familias que, así como otros tantos, tampoco pueden llegar a fin de mes. Pero también es deber de un mandatario poner blanco sobre negro y, así como defiende fervientemente las principales industrias regionales, debe defender los derechos laborales conquistados, las empresas estratégicas del Estado y la producción de una cultura nacional que forma parte de la identidad argentina.

Es por ello que amplios sectores del peronismo aborrecen la posición de Jaldo: porque se sienten traicionados por un dirigente que sabe más que nadie cuáles son los peligros cuando la Nación busca someter económicamente a las provincias; provincias que, de rebelarse –cosa que, a esta altura, no suena tan inverosímil–, pueden mostrar su músculo y, en un hipotético caso, cesar con la comercialización de sus producciones. Esto ya ha ocurrido en otras épocas de la historia reciente argentina. Sólo cabe recordar que cuando Adolfo Rodríguez Saá se hizo cargo efímeramente de la Nación y había intentado someter a los gobernadores, bueno, ya sabemos cómo terminó: los gobernadores le sacaron su apoyo y el puntano fue eyectado de la presidencia a la semana de asumir.

La Nación son las Provincias. 14 de las 24 jurisdicciones –entre ellas, Tucumán– existen antes que la Argentina misma. Repito: siempre terminó en una crisis aún mayor cada vez que el Estado nacional arremetió contra las Provincias, incluso si muchas de ellas se encuentran sometidas ante un régimen de coparticipación que lo único que logra es cercenar las autonomías provinciales, fundamentales en la formación de una identidad nacional.

El presidente Javier Milei teme que la Ley naufrague en diputados ante una rebelión de los gobernadores. Los gobernadores miran con recelo a un presidente que no se toma el tiempo en desmentir lo que ya quedó claro que es verdad: que está dispuesto a fundirlos a todos. Los diputados, por otro lado, serán los protagonistas de un momento bisagra en la historia política nacional: la Revolución anarcolibertaria.

Mientras tanto, la crisis económica se profundiza, la candencia política aumenta y el ciudadano de a pie se lamenta cada vez que va a la verdulería de su barrio o al kiosco de su cuadra. Sólo el inmediatísimo tiempo dirá realmente hacia donde estamos (ca)yendo.

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