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Cuando el límite entre la música y la poesía desaparece

La escritora y cantautora Ana Jeger recibió la semana pasada una distinción en la primera edición de los Premios Mercedes Sosa a la Música Tucumana en el Teatro Municipal “Rosita Ávila”. Desde La Nota la convocamos para conocer su trayectoria, influencias y mirada musical, entre otras inquietudes.

“Nunca creí del todo en las medias tintas. Respeto más al arriesgado extremista, que juega al todo o nada”, expresa una de las estrofas de Ni fu ni fa, una canción de Agridulce, el último álbum de la escritora y cantautora Ana Jeger. Luego, “ni fu ni fa, ni chicha ni limonada. Mejor quedar a salvo de esa mirada. La de pena, la de olvido, la que derrite de frío, la que no me habla al oído, ni me espera en ningún bar”, sigue el estribillo.

Agridulce fue nominado a mejor disco del año 2018 en la primera -y reciente- edición de los Premios Mercedes Sosa a la Música Tucumana, donde Jeger recibió una distinción este sábado en el Teatro Municipal “Rosita Ávila”. “Desde las profundidades, ‘la Jeger’ simplifica todo. Sus canciones son cantadas y sentidas. Presentes. Cada vez que las escucho, reconozco algo nuevo en ellas que me hace suspirar nostalgiosa”, expresó su colega Nancy Pedro.

“Ana maneja con habilidad de cirujana el arte de encontrar universos en los átomos de realidad, de descubrir la complejidad que se ocultaba tras lo simple”, manifiesta, por su lado, el músico Indio Cansinos. “Nos puede mostrar una taza de café por la mañana y nos podemos acercar desprevenidos a ese objeto cotidiano y familiar hasta que nos interpela cargándole una dosis de existencia que nunca antes pudimos ver. Lo hace con profundidad, con honestidad y belleza, de una manera que solo ella sabe presentar”, continúa.

Música y más

“Para mí la música funciona como una especie de coartada, porque lo que a mí más me gusta hacer es contar: lo que me pasa, lo que me contaron, lo que no me gusta y lo que me hace bien. Me di cuenta de que cantar no me daba tanta vergüenza como leer en público, y que mostrar mis canciones no me asustaba tanto como leer en público”, expresó Ana Jeger en diálogo para La Nota.

Además de hacer música –pero de ningún modo aislado– la cantautora es Licenciada en Letras, becaria de CONICET y redactora del medio La Palta. Su carrera musical empezó en el año 2008 con Calíope, dúo que formó junto a Silvina De Faveri, interpretando temas propios y de mujeres autoras e intérpretes. Desde ese año hasta 2014 (en que se separaron), el dúo se presentó en diversos escenarios de la provincia y del país y editó un disco homónimo con canciones de su autoría en 2015. A partir de ese año, comenzó a formar parte de Canción en Movimiento, un colectivo autogestionado de cantautores tucumanos que busca difundir e impulsar cantautores locales, junto a otros músicos de la provincia como Alejandro Kaplan, Jorge Stojan, el Indio Cansinos y Flavio Viera.

Por otro lado, Jeger compartió escenario con artistas locales como Nancy Pedro, Vivi Vargas, y con artistas como Ana Prada, Mariana Baraj y Paula Maffia.

La imagen puede contener: 7 personas, personas sonriendo, personas de pie, calzado y noche
Canción en Movimiento en el Virla, junio de 2017

Camino de ida

Ana comenzó a tocar la guitarra como a los 9 años en una materia optativa que había en su escuela. “Me quedé en guitarra hasta el último curso”, recuerda, “sacaba los acordes básicos de las canciones que me gustaban y cantaba en los fogones, en los recreos y en el grupo de música que tuvo una vida breve, pero con el que llegamos a tocar en varios escenarios”, agrega.

“Tocando la guitarra fue la primera vez que me acerqué a la música desde un lugar que no fuera el de oyente y melómana, que ése creo que era de siempre. Pero siento que empecé a hacer música el día que hice mi primera canción, muchos años después, como a los 21 años”, continúa.

Influencias

“Mi casa siempre fue muy musical, sonaba desde rock sinfónico, pasando por Paco de Lucía, al cuarteto Supay o Almendra. Yo escuchaba de todo, pero siempre me sentí más cerca de la música de los cantautores sobre todo en español, donde la música es funcional y amalgama perfectamente con una poesía poderosa. Desde Silvio Rodríguez y Serrat hasta los rosarinos Fandermole y Abonizio. Después, eso se fue ampliando y seguí conociendo música nueva, aunque en esa misma dirección, porque fueron desde Cabrera hasta Aristimuño: nuevos cantautores que hoy no se pueden encasillar en un solo género musical, porque tienen algo de folclore, de pop, de indie, de tango o de rock”, detalla.

Agridulce

Hay una particularidad en el último álbum de Jeger y es que se trata de su primer trabajo como solista. El disco anterior fue realizado en el marco de ‘Calíope’, un dúo que formó por muchos años con Silvina De Faveri. “Algunas canciones de Agridulce las hice en el último tiempo del dúo y otras, un tiempo antes de grabar el disco, entonces me parece que dan cuenta un poco de esa transición. Son las canciones que vienen después de las primeras, porque con el dúo yo me largué a componer. No lo había hecho nunca antes a pesar de tocar la guitarra y de escribir desde siempre”, se sincera.

“A nivel del contenido, de las letras, creo que son menos inocentes, más desencantadas, pero también más reales y palpables que las primeras canciones. Y musicalmente son más variadas, en ritmos y armonías, se salen un poco de la canción de autor, aquella que hacía al principio. Creo, a su vez, que tienen más personalidad, y menos vergüenza, igual que yo en relación con la primera vez que tuve que subir a un escenario a mostrar algo que había hecho”, continúa.

“Mujeres en la música” y ley femenina en los escenarios

Ana considera que nuestra sociedad en general, e incluso ella, está muy acostumbrada a hablar de ‘música de mujeres’ pero a nadie nunca se le ocurriría hablar de la ‘música de varones’, probablemente porque “la música de varones fue por mucho tiempo la música por antonomasia. Igual que la que hacen los varones, la música que hacemos las mujeres es un mundo, súper amplio y diverso, de géneros musicales y también de maneras de encarar la actividad musical”, reflexiona.

“A pesar de que es cierto que muchas compañeras se animaron recientemente a mostrar lo que hacen, mujeres en la música hubo siempre: ninguneadas, invisibilizadas o a la sombra de algún varón. Lo que es nuevo es la organización, que es lo que hace, por ejemplo, que hoy se cuente con media sanción para la ley de cupo femenino en los escenarios, que haya distintos festivales de música de mujeres o encuentros donde discutir lo que nos pasa como artistas”, agrega.

Además, Jeger considera importante destacar que las mujeres en la música no son solamente las que cantan en los escenarios, sino también las que hacen posible la consumación de cualquier evento musical y activan la industria musical (instrumentistas, sonidistas, productoras, etc.), que siguen siendo tareas desarrolladas en espacios machistas.

Dos cabezas piensan más que una…

Sobre las experiencias grupales y el trabajo en equipo, la cantautora señala que se trata de un terreno bastante explorado y que sigue siendo (de diversas maneras) una forma elegida de producir. “Cuando trabajé con Silvina De Faveri, las decisiones, la gestión, las ideas y las canciones eran compartidas. De eso me gustaba la posibilidad de tener otra opinión y de compartir responsabilidades”, recuerda.

…o la unión hace la fuerza

“Al último disco, aunque es parte de mi proyecto solista, lo produjo musicalmente Juliana Isas, que es una amiga, pero también una persona que admiro profundamente como música y creadora, y fue también un trabajo en equipo, charlando el concepto general, la intención de la letra y de la música. Lo mismo pasó con los músicos, con la gráfica, con la parte audiovisual: ir construyendo a partir de lo que cada uno puede aportar con lo que sabe hacer mejor. De todo eso me gusta la construcción colectiva, me parece que hace más fuerte al trabajo final y lo sigo eligiendo, porque de ser solista me gusta el desafío y hacerme cargo, o verme en la obligación, de asumir lo que tengo para decir”, señala.

Poesía musical

“Creo que con música las cosas le llegan a la gente de otra manera, que la música amansa. A mí me convoca porque me ayudó a salir un poco de adentro mío; sacar la voz y hacerla vehículo de las causas que defiendo. Actualmente, me animo a decir que mis canciones son intimistas, en las que la música es casi una excusa para decir esas letras. Y pienso, o me gusta pensar, que son canciones que hacen compañía: a mí y a quien las quiera escuchar”, sopesa Jeger.

“En el arte de Ana casi todo es casi nada y, literalmente, lo cotidiano es extraño. Con esto no me refiero solo a las letras pues pasa lo mismo con la música; parece que vamos por un manso arroyo hasta que un desnivel nos sacude y luego otro, para obligarnos a navegar atento a todo el entorno… La gracia, su gracia, consiste en llevar de la mano la palabra y el sonido. Cambia el compás, modula o modifica la célula rítmica (nos sacude) al momento de correr el velo para mostrar todo lo que puede esconder una simple taza de café… Lo que Ana hace con las canciones, también lo hace con les oyentes: transforma a quienes la escuchan, les vuelve mejores personas”, concluye Indio Cansinos.


La línea de llegadaPor Ana Jeger

En la línea de llegada

Canta un pájaro en mi cama.

Tengo prisa en el invierno

Y no sé escribir el cuento.

En la línea de llegada

Casi todo es casi nada

Las postales son ventanas

Con las persianas bajadas.

Ay,

Qué pena no haber llorado

Deshojando calendarios

De un tiempo estancado.

Ay,

Qué pena este amor descalzo

Que cargo en un escenario

Y no puedo exorcizar.

En la línea de llegada

Ya casi nada me falta

Mis amigos recomiendan

Que es mejor salir de fiesta.

Yo no tengo la cabeza

Pa’ entender la moraleja

Cambio el techo,

Cumplo años,

Lo cotidiano es extraño.

Ay,

Qué pena no haber cantado

Esa tarde de regalo

Se fue como un viento

Ay,

Qué pena este amor de rayo

Que parte en mitad del patio

Como alguien dijo una vez.


La imagen destacada es un fotograma del video clip de Mi canción Prohibida de Ana Jeger. Realización audiovisual: Lucía Palenzuela

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