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Conmemoraron a Miguel Lillo al cumplirse 89 años de su fallecimiento

Fue un autodidacta que se dedicó a los estudios científicos de la naturaleza. Se especializó en botánica, la química y la zoología. Contribuyó en el conocimiento de la flora tucumana y de aves nativas. La Fundación Miguel Lillo preserva su legado.

La Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y el mundo de la ciencia recordaron al científico Miguel Lillo, al cumplirse 89 años de su fallecimiento el 4 de mayo.

Lillo fue un científico, naturalista y profesor nacido en San Miguel de Tucumán. Estudió en el Colegio Nacional de Tucumán, pero no siguió estudios universitarios.

Fue un autodidacta que se dedicó a los estudios científicos en el área de la naturaleza. Se especializó en botánica, sin embargo, también se dedicó a la química y zoología. En 1888 publicó un ensayo sobre flora tucumana y en 1905 uno sobre aves nativas, haciendo conocer su descubrimiento de nuevas especies locales.

En 1914 la Universidad Nacional de La Plata le otorgó el título de Doctor Honoris Causa, tras enseñar química y física en el Colegio Nacional y en la Escuela Normal. Desde ese mismo año dio cátedra en la Universidad Nacional de Tucumán. Falleció el 4 de mayo de 1931.

Lo recuerdan como un hombre sagaz y observador en extremo; profundamente erudito y dotado de una extraordinaria vocación científica. También fue un competente fitogeógrafo.

Se dedicó a la investigación científica alternándola con la enseñanza en investigaciones públicas. Su contribución al conocimiento de los árboles de Argentina y de la familia botánica de las compuestas fue de gran relevancia. Se empeñó también en la ornitología -disciplina en la cual también devino una autoridad-, la lingüística, la literatura clásica, estudiando asimismo las lenguas indígenas. Fue nombrado director del Museo de Historia Natural de la UNT y miembro de la Comisión Nacional de la flora argentina.

En el mes de diciembre de 1930, ya poco antes de morir, donó todos sus bienes a la Universidad Nacional de Tucumán. Tales bienes consistían en un amplio terreno, una considerable suma de dinero, su extensa biblioteca, su colección zoológica y su herbolario constituido por más de 20.000 ejemplares de unas 6.000 especies distintas.

Con la donación, la Universidad Nacional de Tucumán constituyó la Fundación Miguel Lillo, inaugurada en 1933 y vigente en el campo científico hasta la actualidad.

Hoy, la Fundación alberga su enorme legado y hasta conserva ejemplares de árboles plantados por él mismo, colecciones que él comenzó a forjar y más de 10 mil libros de su biblioteca personal.

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