¿Qué harás con lo que te han hecho?
A partir de su propia experiencia, Verónica Borsani convirtió el dolor en una obra que busca romper el silencio. Con La niña pez, fotografía, memoria y pedagogía se encuentran para abrir preguntas sobre la posibilidad de nombrar, reparar y construir redes frente a una de las violencias más silenciadas contra las infancias.
¿Qué harás con lo que te han hecho? Con esa pregunta, Verónica Borsani comenzó un camino que la transformó en alquimista. El dolor, la culpa y el silencio se volvieron arte, narración y pedagogía.
En su infancia fue víctima de abuso sexual intrafamiliar. En su adultez eligió correrse del lugar al que tantas veces se condena a las sobrevivientes: el de una identidad definida únicamente por la violencia sufrida. Dejó que el arte la atravesara para resignificar una de las violencias más extendidas y silenciadas del mundo, aquella que afecta a una de cada cinco niñas y a uno de cada siete niños.
Cada 9 de agosto se conmemora el Día Nacional de la Solidaridad con las Víctimas de Agresiones Sexuales y en Contra de la Violencia Sexual en Niños, Niñas y Adolescentes. La fecha fue impulsada en Bolivia en 2006 por Brisa de Angulo, sobreviviente de violencia sexual e incansable activista por los derechos de las infancias.
La solidaridad no es solo un sentimiento. Es una práctica. Es tender una mano para que otras personas puedan atravesar el dolor con menos soledad. Ese es el gesto que sostiene Verónica con La niña pez, un fotolibro construido a partir de fotografías de su archivo familiar, dibujos escolares y textos escritos por ella misma.


Narrado en primera persona desde la voz de una niña, el libro construye un imaginario donde conviven la belleza de la infancia y el horror del abuso. Reúne fragmentos de recuerdos, imágenes y silencios en un intento por develar aquello que permaneció oculto durante años. La niña pez habla de un tabú y se pregunta: “¿Qué harás con lo que te han hecho?”. La respuesta aparece como un acto de reparación: “Contarlo, para romper el hechizo y destruir el secreto”.
Es la historia de una niña abusada sexualmente por su abuelo, un ingeniero, militar naval y profesor universitario. Pero también es la historia de una mujer que encontró una forma de transformar esa experiencia en una herramienta para otras personas.
El trabajo de Verónica conmueve porque nunca recurre al golpe bajo. Es sutil y punzante, delicado e insoportable al mismo tiempo. Las fotografías y los textos muestran una infancia que, a simple vista, parece feliz, mientras la violencia se esconde detrás de los álbumes familiares, de las sonrisas y de las escenas cotidianas.
Sin embargo, el libro no termina cuando se cierra su última página.
Después de publicarlo, Verónica se acercó a AIESI (Asociación Interdisciplinaria de Educación Sexual Integral), un grupo interdisciplinar que trabajan la Educación Sexual Integral, para pensar colectivamente cómo esa obra podía convertirse también en una herramienta pedagógica para trabajar el lugar que ocupa la escucha en el quehacer de los docentes. Cómo acompañar a niñas, niños y adolescentes a encontrar palabras para nombrar aquello que muchas veces permanece oculto.
Sobran los testimonios de infancias que, después de una clase de ESI, pudieron contar por primera vez un abuso o identificar una situación que las hacía sentir incómodas. Sin embargo, en los últimos años se vaciaron y desarticularon los equipos que acompañaban la implementación de estos contenidos, una decisión cuyo impacto se sintió en muchas provincias.
En ese contexto, el gesto de Verónica adquiere una dimensión aún más profunda. No solo produjo una obra artística. También decidió compartirla, ponerla en circulación y convertirla en una herramienta para que otras personas encuentren aquello que ella tardó tantos años en poder nombrar.
Sanar un abuso sexual sufrido en la infancia no es un proceso lineal. No existen recetas ni soluciones mágicas. Existen, en cambio, redes que sostienen, abrazan y acompañan. Existen personas que transforman su propia historia en un puente para otras. Tal vez eso también sea la solidaridad.
En el marco de la Bienal de Fotografía Documental, Verónica Borsani dictará el taller “La posibilidad de nombrar. Fotografía, reparación y creación colectiva”, el martes 6 de octubre, junto con Milagro Mariona y Celina de la Rosa. La propuesta invita a crear un espacio de encuentro y reflexión en torno al abuso sexual en la infancia, entendiendo al arte —y especialmente a la fotografía— como un lenguaje capaz de decir aquello que durante demasiado tiempo fue obligado a permanecer en silencio.
Quizás esa sea otra manera de responder la pregunta que abre este texto. ¿Qué hacer con lo que nos hicieron? Nombrarlo. Compartirlo. Transformarlo. Para romper el secreto. Y para que ninguna infancia tenga que cargarlo en soledad.
La frase de título es del libro Efecto Domino Sandra Barilari, parte de la bibliografía utilizada para la investigación y realización del libro.


Hermosa nota! Muchas gracias por la reseña y sobretodo, por darle visibilidad a este tema tan urgente, ser parte de la red y denunciar el desfinanciamiento de las políticas de prevención y acompañamiento de víctimas y sobrevivientes de ASI. Abrazo grande!