Celina de la Rosa

Andrea del Boca: Caballo de Troya del show de las falsas denuncias

Género y Diversidad

Por Bruno Bazán y Celina de la Rosa

La diva de las telenovelas conquistó corazones desde sus comienzos en la televisión. Su estelaridad abarca varias generaciones y su capacidad para actuar en cámara también se adaptó a los formatos del siglo XXI. Andrea del Boca entró a la casa más famosa del país, La casa de Gran Hermano. Entendió rápido que debía hablar “sola” para comunicarse con el público y, en 24 horas, nos regaló un monólogo entre lágrimas, abrazada a un almohadón con la foto de su hija y de su perro. No era solo televisión: era construcción de sentido.

Con su regreso a la escena mediática, también volvieron sus conflictos más difundidos. Desde las tensiones con elencos en los 90 hasta el enfrentamiento judicial con el padre de su hija. Todo reaparece en una mediatización que ya no distingue entre espectáculo y política.

Andrea tuvo a Anna del Boca en el año 2000, tras una breve relación con el empresario Ricardo Biasotti. El vínculo, el embarazo, la crianza fueron escenas narradas durante años por los programas de chimentos. Pero lo que antes era escándalos de famosos hoy se configura como insumo para una disputa más profunda.

En 2019, Anna denunció a su padre por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores. La causa tramitó en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N.º 43. La jueza María Gabriela Lanz dictó la falta de mérito, decisión confirmada en 2023. En términos judiciales, el caso se cerró. En términos políticos parece encontrar un nuevo capítulo. En un contexto adverso para las medidas contra las violencias de género y contra las infancias se abre nuevamente como show para el debate público.

A pocos días de iniciado abril, el Senado de la Nación fue escenario de una nueva “Jornada contra las falsas denuncias”. Con la presencia de Biasotti y de la actual diputada Carolina Losada, se buscó instalar una agenda que no parte de un vacío legal -porque las falsas denuncias ya están tipificadas- sino de una construcción cultural. Quieren amedrentar a las mujeres que denuncian. 

La figura de Andrea del Boca, reactivada en la pantalla del reality show de Gran Hermano, funciona como engranaje emocional de esa narrativa. No importa tanto lo que diga explícitamente, sino el clima que habilita: la idea de que detrás de muchas denuncias puede haber manipulación, exageración o mentira. Y sobre todo de la mano de una figura que ya estuvo en los medios vinculada al kirchnerismo. 

Ese desplazamiento no es menor. En un contexto donde denunciar sigue siendo difícil y re victimizante, instalar la sospecha como sentido común opera como mecanismo de disciplinamiento. No hace falta cambiar la ley si se logra cambiar la percepción social.

Los programas de chimentos acompañaron esa operación sin demasiadas mediaciones: hablaron del tema con liviandad, reprodujeron consignas sin problematizar y consolidaron la idea de que la “falsa denuncia” es un fenómeno extendido y urgente. Más que informar, amplificaron desinformación. 

Fue Laura Ubfal una de las pocas periodistas que supo exponer que algo más había detrás de esto: “Todo lo que pasa en el Congreso es político”. Por su parte Anna declaró: “Sé perfectamente lo que viví y lo que me hizo sentir, no me voy a cansar de repetir: escuchen a las infancias, es muy cruel lo que hacen”.

El punto no es negar que existan denuncias falsas. El punto es preguntarse por qué, en este momento, se busca convertirlas en problema central. Qué intereses ordenan esa prioridad y qué efectos produce en quienes, del otro lado, todavía dudan si hablar o callar.

Hacer ruido por un lado para cambiar el sentido de la opinión pública

Desde el 2015, desde el grito colectivo de Ni Una Menos podemos señalar que se expuso en las calles, en las escuelas, en los barrios y también en el Congreso de la Nación, la necesidad de atender la problemática de las violencias por motivos de género como un mal que nos interpela como sociedad. Esto fue una disputa, no cambió la realidad de un momento a otro, pero abrió un camino. 

En el Senado, con la nueva conformación comandada por los libertarios y afines dió nuevo dictamen de comisión a un proyecto presentado por Losada, ya que el anterior había perdido estado parlamentario. Su lobby comenzó hace tiempo apoyado por sectores de abogados que hicieron carrera y dinero defendiendo a acusados de abuso y violencia contra sus parejas. Especialistas del derecho ya señalaron la falta de constitucionalidad y la intención de este proyecto que  busca amedrentar aún más a quienes se animaban a denunciar.

Los datos en nuestro país demuestran que el problema central está en la falta de denuncias y no en la falsedad de las mismas. Sólo 46 de las 262 víctimas de femicidio en 2025 pudieron realizar una denuncia previa. El 17,6% de los casos de acuerdo al informe del Observatorio Zambrano de la Casa del Encuentro. Un porcentaje muy bajo para las mujeres que son asesinadas por motivos de género cada 33 horas en nuestro país.

Respecto a los delitos de violencia sexual, cada 1000 casos de abuso sexual, sólo 100 se denuncian y apenas 1 recibe condena. Es uno de los delitos menos denunciados y más impunes que existen, de acuerdo al Centro de Prevención y Atención del Abuso Sexual en la Infancia y Adolescencia.

Además, se intenta reinstalar en cada caso el denominado falso síndrome de alienación parental (SAP), una teoría ampliamente cuestionada y sin sustento científico, creada por el psiquiatra estadounidense Richard Gardner, quien posteriormente se suicidó y enfrentaba acusaciones por múltiples delitos de violencia sexual. Esta supuesta alienación parental que sostiene la supuesta manipulación de discursos y recuerdos por parte de las madres en perjuicio de los padres, ha sido descartada en reiteradas ocasiones tanto por la comunidad académica como por distintos fallos del poder judicial, que advierten sobre su uso como herramienta para desacreditar denuncias de violencia.

En el gobierno de Milei y sus representantes en el parlamento, pusieron de blanco del ajuste a las políticas de prevención, atención y erradicación de la violencia de género. Su política y propaganda parece buscar instalar discursos que ponen en duda a las víctimas y refuerzan el odio como política. No es casual. Intentan confundir falsas denuncias con falta de pruebas. 

Pero no es casual porque se montan sobre un lobby que toma casos aislados como este – de los cuales debe dar explicaciones solo del Poder Judicial y buscan la espectacularización de casos dolorosos para disciplinar a quienes luchan día día por una vida libre de violencia.  Pablo Laura, uno de los referentes de este tema está detenido por el asesinato de su ex pareja y de su ex suegra y el secuestro de su hijo. El riesgo de tomar a la ligera un movimiento que restringe derechos es tan real que, en algunos casos, cuesta la vida

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