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Una marcha que no salva a nadie

“No al aborto, si a la vida”. ¿Qué esconde por detrás esta consigna? El sábado 23 de marzo, con motivo de conmemorarse el 25 el “Día del Niño Por Nacer”, un grupo de personas realizó una marcha no solo para sentar su postura en contra del aborto seguro y legal, sino también en busca de derogar el plexo normativo de ampliación de derechos donde se incluye la ley de Matrimonio Igualitario, de Identidad de Género, de Educación Sexual Integral, de Erradicación de la Violencia contra la Mujer, entre otras. Una crónica desde el interior de la marcha.

“No al aborto, sí a la vida”.

La consigna se repite mientras avanza la columna por la 25 de Mayo. Un par de bombos y algunos redoblantes dan a las canciones un clima más parecido al de la cancha o al de alguna manifestación popular convocada por sindicatos u organizaciones sociales, esas de las que tanto reniega gran parte de la masa que avanza teñida de celeste hacia la plaza Independencia.

En la marcha a favor de los derechos del “niño por nacer”, algunos miles de tucumanos y tucumanas le reclaman al Estado que nada cambie, que el aborto siga siendo clandestino e inseguro, al menos para las personas gestantes sin posibilidades económicas de pagar por uno “camuflado” en algún sanatorio.

Pero en la manifestación “por las dos vidas”, convocada por grupos antiderechos vinculados especialmente a sectores católicos y evangelistas, no sólo claman por el mantenimiento del statu quo. Esta vez la apuesta es más grande. Quieren avanzar sobre derechos ya conquistados: la novedad, entre los globos y pañuelos celestes y las banderas argentinas, es el lanzamiento de una campaña nacional de recolección de firmas para impulsar la derogación de leyes como la del Matrimonio Igualitario, de Identidad de Género, de Protección Integral a las Mujeres, de Educación Sexual Integral (ESI), y también piden la derogación del INADI, el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo.

La iniciativa es motorizada por la agrupación Padres con Derecho a Decidir, una cruzada contra la ESI y lo que denominan “ideología de género”. Según los impulsores, dichas normas buscan “terminar con la familia y la inocencia de los niños”. “La ideología de género pretende ‘romper’ las estructuras mentales de los niños haciéndoles llegar a la conclusión de que no nacen con su sexo ni como se lo han dicho en casa”, reza el panfleto que reparten durante el acto.

“Pedimos que la ESI esté limpia de ideología. La ESI está basada en la ideología de género, no tiene base ni científica ni biológica, y estimula la sexualización de los niños muy pequeños: en jardín se les da el ámbito para que se toquen sus partes íntimas en grupo”, ejemplifica Marta Auvieux, miembro de Padres con Derecho a Decidir, haciéndose eco de las campañas de fake news que se viralizan en Facebook y WhatsApp. Marta es la encargada de uno de los gazebos en los que los asistentes pueden encontrar las planillas para firmar a favor de la propuesta de derogación de las normativas de ampliación de derechos, que se sancionaron en su mayoría durante los gobiernos kirchneristas.

“Promueven los embarazos precoces. Todo busca llegar al aborto. Es una cuestión de no tener conciencia del pecado”, asevera Auvieux. Mientras sonríe, presta una lapicera a un hombre ávido por firmar, y arrima una urna a una señora para que done dinero “para la organización”.

“Se siente, se siente, hay vida en el vientre”.

La marcha arranca alrededor de las 18.40 el recorrido con el que unirá la plaza Urquiza con la plaza Independencia. La multitud, que no llega a completar dos cuadras de largo, pero ellos aseguran que llegaron a ser 40.000 marchando, está compuesta en su mayoría por personas de clases media y media alta. El rango etario sí es más amplio: desde ancianos hasta niños, pasando por una buena cantidad de adolescentes y jóvenes, casi todos luciendo un pañuelo celeste; casi todos cantando las consignas en contra de la legalización del aborto. También está “Merceditas”, el feto gigante de papel maché construida el año pasado durante el tratamiento de la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Congreso.

Roxana, de 56 años, se pone como ejemplo para defender la postura reinante: “fui madre soltera a los 16 años, pese a que mis compañeras de la Normal me insistían que aborte. Si les hacía caso, hubiese sido una asesina”. Admite que el embarazo no fue planeado y que el padre de su hija (de 24 años en ese momento), nunca se hizo cargo. Sin embargo, reniega de que se enseñe educación sexual en las escuelas y pone como ejemplo de lo que considera el “adoctrinamiento de género” que haya chicas adolescentes portando el pañuelo verde y exigiendo la legalización del aborto.

“Es un discurso que no es nuevo, viene desde antes de los ’70. Por suerte hoy el presidente Donald Trump quiere abolir el aborto. Ya en Europa no hay jóvenes, ya están viendo que nadie tiene hijos. Entonces Planned Parenthood se viene a América Latina para seguir haciendo negocios con la venta de órganos”, explica convencida de sus argumentos.

Algunos referentes de la política también marchan, pero eligen un perfil más bien bajo. La senadora y candidata a gobernadora Silvia Elías de Pérez (Cambiemos) y el concejal capitalino Ricardo Bussi (Fuerza Republicana), hijo del genocida Antonio Domingo Bussi, se suman a la columna durante algunos minutos. Sin embargo, no están al frente de la marcha, como sí lo hicieron en el último acto en contra del aborto previo a la sesión del Senado, en agosto del año pasado, donde también desfilaron el gobernador Juan Manzur y el vice, Osvaldo Jaldo.

“No es una elección, es un ser humano”, “qué irónico: los que defienden el aborto, NACIERON”, “no es religión, es biología”, son algunas de las consignas plasmadas en carteles en su mayoría hechos en casa. Hay, incluso, una soga de la que cuelga ropita de bebé. Las señoras que la sostienen no quieren dar su nombre (“no confiamos en el periodismo”, aducen), pero señalan que están homenajeando a “todos los tucumanitos que no pudieron nacer por culpa de las aborteras”.

El nacionalismo está también presente, tanto en las decenas de banderas argentinas como en el himno, cantado por el tenor Sergio Barrionuevo antes de comenzar el acto. El discurso de los animadores del evento también lo refleja: pretenden estar “salvando” a la Nación de un plan orquestado por Planned Parenthood: “No queremos más leyes de género, no queremos más leyes que destruyan la familia, no queremos más leyes que destruyan la Nación”, exclaman desde el escenario mientras la gente se acomoda alrededor.

Se multiplican, asimismo, los símbolos religiosos. Desde cruces hasta una imagen de la Virgen, e incluso algún que otro cura mezclado entre la gente, le dan a la convocatoria (que históricamente fue llamada para conmemorar el día en el que según la fe cristiana la Virgen concibe a Jesús) el carácter confesional del que los organizadores insisten en separarse. Un grupo de jóvenes lo llevan un poco más allá: vestidos con borcegos y boinas rojas, dan vueltas a la plaza llevando una bandera negra que reza “religión o muerte” y está ilustrada por una calavera y dos tibias cruzadas.

“Que nos vengan a ver, que nos vengan a ver, defendemos la vida y los derechos de la mujer”.

“La mejor incubadora natural es el vientre materno”, brama subido al escenario Ricardo Auad, neurocirujano infantil que forma parte de los “médicos a favor de la vida”. Se nota que intenta cuidar cada detalle de su alocución: pese a haber marchado con la chaqueta puesta, sube al escenario en manga de camisa y se la vuelve a colocar: “me voy a poner el delantal, voy a hablar como médico”. A los gritos, quizás buscando la vehemencia de una arenga, pero consiguiendo un resultado tirando a agresivo, sólo hace referencia a la mujer en la citada metáfora. Despotrica contra la ILE y el fallo FAL, y advierte: “los médicos no queremos actuar bajo principios jurídicos, sino a la par de la Justicia”.

“El primer derecho humano es el derecho a vivir. Los médicos no tenemos el poder de decidir quién vive y quién no. Ningún libro de medicina dice cómo matar”, exclama, ante los aplausos de los cada vez menos feligreses que se ubican sin estar demasiado apretados en la esquina de 25 de Mayo y 24 de Septiembre.

Aprovecha la oportunidad, también, para referirse al caso “Lucía”. La niña de 11 años, de la localidad de 7 de Abril, pidió durante semanas que se le realice la ILE; quería ponerle fin al embarazo que le había provocado una de las tantas violaciones a la que la sometió la pareja de su abuela, un hombre de 65 años. Sin embargo, pese a su insistencia y a que su madre la acompañaba en su pedido, desde el Siprosa se obstaculizó el acceso a ese derecho consagrado en el Código Penal desde 1921. “Decían ‘pobrecita estaba abandonada’ -en el hospital-, ‘pobrecita estaba con preeclampsia’, pero estaba tranquila jugando con sus muñecas”, asevera, poniendo en duda el testimonio de los médicos que finalmente interrumpieron el embarazo de “Lucía” mediante una cesárea, José Alberto Gijena y Cecilia Ousset.

A su turno, la licenciada Ana Valoy retoma la línea argumental en contra de la ESI y repite que su postura “no es confesional o religiosa, es científica, racional y ética”. “Rechazamos el adoctrinamiento a niños y adolescentes que pretenden imponer arbitrariamente. Buscan la destrucción de la familia y de la inocencia de los niños”. Mientras ella habla, en las redes sociales comparten el link de una entrevista de TN, en la que uno de los referentes del movimiento y organizador de la marcha en Buenos Aires, Alejandro Geyer, deja entrever que el embarazo de “Lucía” pudo haber sido producto de sexo consentido con su abuelastro de 65 años.

Poco después de las 20.30, a los fuegos artificiales que cierran la marcha los observan los que se quedaron hasta el final, menos de la mitad de los que se acercaron al principal paseo público de la capital tucumana. Termina en la “provincia pro-vida” el acto en el que la militancia confesional decidió redoblar la apuesta y avanzar contra los derechos ya conquistados en el país por las mujeres y el colectivo LGBT.