La Nota Tucumán

Reseña | La sexualidad de Sandra, de Maximiliano Gallo

Teatro

Por Lucía Dzienczarski. Fotos de Valentino Vázquez

DIRECCIÓN: FACUNDO VEGA ANCHETA
ACTUACIÓN: MICAELA GRAMAJO Y MAXI SAN JUAN

“Podes llorar” le dice Ferulita a Clara en un rincón del escenario. La luz oscila entre el blanco y distintas intensidades de azul. ¿De qué habla? 

En “La sexualidad de Sandra” el relato se enrosca por momentos. Al principio no entendemos bien qué pasa, pero algo pasa, algo le pasa. Repite fragmentos. Vuelve a pasar por el mismo lugar del relato, está confundida. Ella. Pero no sabemos bien quién es el otro personaje. No importa el género, tampoco la sexualidad. Pero vemos que la esperan, la buscan. La quieren cuidar. 

Pero, ¿de qué habla?

…

En el mundo de la antropología existe una conocida anécdota atribuida a Margaret Mead que asegura que el hallazgo de un fémur humano fracturado y posteriormente soldado, constituiría una de las primeras evidencias de humanidad. 

(Hace falta volver a leer la frase anterior para poder imaginarlo). Intentemos.

Según esta versión de la anécdota, alguien en un auditorio enorme lanzó una pregunta a la antropóloga: “¿cuál fue el primer indicio de humanidad?” La respuesta dejó desconcertados a unos cuantos. No se trató de un instrumento en particular, la invención del fuego o la rueda. Según Mead el primer rastro de humanidad implicó ese momento exacto en el que alguien decidió cuidar de otro para poder sobrevivir. Como evidencia: ese hueso.

Imagen de La Nota Tucumán

…

Mientras veo a Micaela Gramajo y a Maxi San Juan actuar, pienso en esa anécdota. Pienso en su actuación por momentos extrañada, por momentos muy cerquita, muy amable, de dos que se pueden permitir hablar con total sinceridad. Como una férula que abraza un hueso roto hasta que se vuelve a curar.

Estos personajes hablan de la calle, del super, de ayer, del cumple que se viene. Por momentos parece que no pasara nada, pero vemos su vínculo. Cómo se hablan. Cómo se miran. Cómo se mueven en el espacio. No vemos un conflicto… hasta que se vuelve inevitable no verlo. Ocupa todo el espacio vacío. Y ahí la realidad se mezcla con la obra y la emoción es inevitable. ¿Será esa la sutil intención de su director?

Si bien la dramaturgia fue escrita hace 20 años, de repente es imposible no hacer ese linkeo. Pensar en la realidad del país y de Tucumán, en la alta tasa de suicidios.

*(En el tiempo que me lleva escribir este texto, dos personas relativamente cercanas se quitaron la vida).

La obra y nosotrxs ahora podríamos hablar de cualquier cosa, de cualquier tema. Podría ser del clima, de los patos o de Sandra Mihanovich. “¿Te acordas de Sandra Mihanovich?” dice Ferulita. 

Esta obra podría hablar de cualquier cosa. Del amor, de aquello que no entendemos, pero elegimos cuidar, así como está. De la muerte. De la amistad o del deseo de amar. De permanecer. De sobrevivir. O de no hacerlo. 

Ese es el otro gran valor de esta obra, además del conjunto de sutilizas que imprime todo el equipo.

Pero habla sobre el suicidio y tenemos que hablar antes de que sea demasiado tarde. No porque quitarse la vida no sea un acto plenamente humano. Sino porque se han vuelto inhumanas las condiciones para la vida…y es ahí donde tenemos que hablar. Aunque sea incómodo tenemos que hacerlo. Antes de que se nos rompan todos los huesos.

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