Paula Storni

La poesía como memoria cultural

Cultura

Reseña sobre el libro Glup Neón Erótica. Poemón (La cascotiada, 2026). Marina Rosenzwaig

“tráeme ritmos nuevos para mi convalecencia, preséntame a la calle con fuerzas renovadas
en una tarde de un collar de colores”

(¡Que viva la música!, Andrés Caicedo)

¿Puede un libro de poemas reconstruir la sensibilidad juvenil local de una época, volver sensible una experiencia generacional, de clase o de género? Pues sí, mis cielas. El texto de Marina nos transporta a los 90 pero no sólo como signo de época sino como territorio en el que los cuerpos hablan. Ya el título nos sumerge en ese universo: la onomatopeya remite al cuerpo, neón a la noche y la party; el eros, al deseo y la exploración.

Habitar las calles. Habitar la noche

En La cultura de la noche, del sociólogo Mario Margulis podemos encontrar algunas claves para entrar a Glup. La noche aparece como el tiempo/espacio con sus propios códigos: formas de encuentro e identificación, deseo y sociabilidad juvenil. En la galería nocturna se reúnen personajes y géneros de origen diverso: Rufino y Susy Shock, la cumbia y el chori pero también Madonna, I´m too sexy, los brishos y el yuyo. La fiesta (que es también carnaval en el sentido bajtitniano) habilita esa mezcla de repertorios, desordena jerarquías y produce una identidad que de pura y homogénea no tiene nada. Lo festivo sucede en la noche, tanto en un galpón como en un country y así se convierte en atmósfera que atraviesa las clases sociales. La fiesta íntima no es el único lugar para los cuerpos reunidos. La calle, la marcha y el piquete aparecen también como espacios festivos donde la experiencia individual se vuelve colectiva.

¿Qué se celebra en estos encuentros? ¿La libertad de los cuerpos?, ¿el deseo?, ¿la juventud? ¿la posibilidad de construir identidad?, ¿la resistencia? ¿Todo eso?

La cuerpa: ars amandi y erotismo verbal

¿Hay algo más erótico que contarse? Ya sabemos que lo erótico no se reduce a lo sexual. El relato de lo íntimo como experiencia compartida y el lenguaje mismo construyen erotismo en Glup, donde la palabra describe poéticamente el deseo pero participa al mismo tiempo de esa producción.

El ars amandi referido en el libro no es sólo una cita, sugiere la idea de que las artes amatorias son saberes aprendidos en alguna educación sentimental en la que La Laguna azul o El lado oscuro del corazón, son maestros. El cine como dispositivo pedagógico no determina cómo deseamos pero pone en circulación y ofrece imágenes y representaciones para imaginar nuestros encuentros.

buscas mis pies con tus pies cuán cerca
puede la caricia al dormir

Una lengua pop

Glup, chan, ups!, yeah, punchi, ñam, plop, pum, tuy, chuy, seee, ay, mmm, claaa:

Representaciones del sonido que Marina construye como una poética. La lengua pop incorpora esos sonidos como marcas culturales símbolos de sensaciones, exclamaciones, ritmos y golpes de los cuerpos. Pero Stop!, esa lengua pop no es un repertorio de referencias extranjeras sino un híbrido que se presenta y resignifica desde Tucumán para hablar de una sensibilidad juvenil local y situada.

El registro pop aparece como diálogo de los cuerpos que se encuentran y se funden en el placer. Así, la poesía no sólo habla de los cuerpos sino que ellos mismos los que se escuchan a través de sus propias voces hechas sonido (No cito. Escúchenlas ustedes mismos, ahhhhh.)

La voz de la poeta y la pertenencia a una genealogía de mujeres

Ya mencioné sin spoilear demasiado qué mundo visible se representa en Glup. Pero, ¿quién habla en el poemario? La voz poética construye desde una memoria casi fotográfica (imagino polaroids) una experiencia de juventud, sociabilidad y deseo. Esa voz se cuela y se hace presente en ocasiones, habla de la escritura y se habla a sí misma.

no puede empezar así marina
esto no es una telenovela es un poema lo que quiero decir lo diremos en pocas palabras

Al final del texto, toma distancia de la experiencia vivida y mira al pasado, recuperando otra voz de la cual se siente heredera: la bisabuela rumana.

te pido leike traé de vuelta a los
anarquistas leike guerrera maestra
leamos los diarios antifascistas en idish
que no conocí

ay leike judía la roja cruzadora atlántica sola y
pobre a los diecisiete mi bisabuela en 1920
chan el mar llegó a tucumán inundó
la calle san lorenzo

La voz poética se autoadscribe a la tradición de un colectivo de mujeres en lucha, que se funda en la historia familiar pero al mismo tiempo la trasciende en la referencia y homenaje a una larga lista de artistas mujeres revolucionarias de geografías varias entre las que aparecen Safo, Sor Juana, Forugh Farrojsad, María Moreno, Camila Sosa Villada, Mirta Suárez Porto, Angelica Liddell o Clarice Lispector.

Desde ese posicionamiento político y poético, se refiere una identidad común: la del decir libre de mujeres apasionadas que ponen en cuestión los mandatos e imposiciones de sus épocas.

En síntesis: maravillosa obra la de Marina que, desde las postales de la memoria poética, conjuga lo personal y lo colectivo en el marco de una lucha que es política. No dejen de leerla.

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