Paternar es un verbo, construir familia un derecho
¿Qué pasa cuando alguien del colectivo LGBT decide paternar? ¿Cuáles son los desafíos, en este contexto, para esas paternidades? Por Lucas Leal y Bruno Bazán para La tinta y La Nota Tucumán
Hablar de paternidades LGBTI sigue siendo una conversación incómoda. Los mandatos de una sociedad cisheteropatriarcal —con discursos de odio que se multiplican— insisten en situar la crianza de hijes en el marco de una pareja heterosexual, como único escenario posible, deseable y legítimo. Sucede también que dentro de nuestro propio colectivo, en varias ocasiones se mira con recelo a quienes expresan el deseo de ser padres, como si fuera una especie de “traición” porque nos sumamos al “modelo” que nos excluyó y que tanto cuestionamos.
Muchas veces, el deseo de criar aparece sin pedir permiso y se concreta, se abre camino en cuerpos y formas de parentesco que el sistema no esperaba y que no siempre sabemos cómo nombrar. Por eso, anteponer la “X” (Xaternar, Xadres, Xaternidades) es un modo de nombrar y reconocer los variados modos de crianza que rompen la dicotomía tradicional madre/padre y pone en evidencia que esos roles no dependen de la orientación sexual, el género o la biología de las personas.
Si la paternidad, además de ser una concesión al mandato, fuera una forma de resistencia, ¿cómo se transita? ¿Qué pasa cuando alguien de nuestro colectivo decide paternar? ¿Cuáles son los desafíos para las paternidades de nuestro colectivo? Conversamos con quienes concretaron su deseo de ejercer la crianza.
“Somos familia”
Gustavo desde chico supo que quería ser padre. Ese deseo se volvió compartido y se hizo realidad ante una situación inesperada: en el trabajo de Germán, su pareja, apareció una joven que por razones de salud no podía hacerse cargo de su bebé. A ambos les pidieron que cuidaran a ese bebé “bello y llorón” solo por un fin de semana. Pero fue un poco más: “Por distintas situaciones que atravesaba la familia de origen, y pasando por distintas etapas legales, Nacho quedó a nuestro cuidado como familia comunitaria, pero abriéndonos las puertas en un tiempo no muy lejano a la posibilidad de pedir la adopción plena”. Si bien se trata de una historia muy extensa, ellos sostienen que “la paternidad es una de las experiencias más lindas que la vida les ha dado”.
Querían cambiarle la vida a esa personita y mostrarle que todos tenemos oportunidad de recibir amor de familia. El camino no fue sencillo, no solo por las condiciones de serlo en una sociedad que aún no acepta lo diferente; las instancias legales, “son hartamente complejas para una pareja heterosexual, mucho más aún para una pareja gay”. Lo dicen con mucha sencillez: “Somos familia, no pretendemos sustituir el rol materno. Somos dos papás criando a nuestro hijo”. Sin recetas, sin manual y sin pretensión de ejemplo y con “un compromiso para toda la vida y que supone muchos cambios en la pareja”. Pensaron que ese deseo sería solo un sueño y hoy “nuestro hijo está hoy con nosotros”.
“Todes podemos ahijar”
Lucas Taborda tiene 56 años, es varón trans y papá de Raúl, que hoy tiene 10 y llegó a su vida cuando tenía 4. Tener un hije era un deseo compartido con Sole cuando ambas todavía eran una pareja de “mujeres”. Para cumplir con ese deseo, acudieron a la adopción, que fue sorprendentemente rápida. Cuando iniciaron los trámites en el RUA (Registro Único de Adopción) no estaban muy esperanzados: “En ese momento éramos dos mujeres y no esperábamos que nos seleccionaran tan pronto, pero ocurrió”. En el proceso de vinculación con Raúl algo se movió en Lucas: “Me pregunté desde qué rol acompañaría a Raúl, ya que la mamá era mi compañera Sole, y yo no estaba cómodo siendo mamá. Esa palabra no me nombraba. Si voy a ahijar, que sea como papá. Empecé a ser yo mismo a mis 51 años con la llegada de Raúl, sentía que papá me quedaba, me sentía yo”. Ahí es, en el encuentro con Raúl y con la paternidad, cuando Lucas comienza su transición como varón trans.
Raúl sabe que su papá es un varón trans, cuando le hace preguntas, le responde siempre con la verdad. Lucas siente la responsabilidad de cuidar a Raúl para que “crezca lo más autónomo, libre y empático con la vida de otros seres. Cada experiencia de paternidad es diferente y hoy existen muchos caminos para que las personas del colectivo LGBTQ lo podamos hacer. Si es un deseo, hay que perseguirlo porque tenemos mucho amor. Todes podemos ahijar”.
“¿Hacemos bebés o hacemos parentesco?”
Juan Manuel Burgos (JM) se presenta como puto, maricón. Su historia de xaternidad no empezó como un deseo propio, al menos no en la forma habitual. Fue a partir de charlas con una amiga, que le contó: “Una amiga de toda la vida, Amalia, está buscando ser madre y yo pensé en vos”. A esa idea que podría sonar delirante, JM se aventuró en la crianza compartida, y recuerda episodios de su vida que lo ayudaron a decidirse: desde la muñeca de la prima olvidada en casa con la que jugaba en su infancia hasta el deseo de ser un progenitor distinto al suyo. Lo que terminó de convencerlo fue un año entero de compartir con Amalia, “Ella me la puso difícil. No me exigía nada, estaba abierta a que yo participara y me involucrara en la xaternidad hasta donde fuese cómodo”.
“Nuestro hije llegó a este mundo rodeado de una comunidad que no es la familia tradicional, pero que es, sin ninguna duda, una red”. Por eso JM invoca a Eve Sedgwick para nombrar algo que reconoce como propio y maravilloso: “El desafío que tenemos lxs xadres en nuestra comunidad es permitirnos ser un poco más tías de nuestrxs hijxs.” No se le ocurre, dice, una propuesta más desafiante ni más potente.
Para quienes se estén preguntando por la paternidad como opción, “ya tienen la mitad del camino hecho porque la pregunta por la posibilidad de nuestras familias no tradicionales es fundamental. ¿Hacemos bebés o hacemos parentesco?”, concluye.
“Formar una familia es un acto político”
Santi Merlo tiene 50 años, es activista trans y fundador de la Casita Trans en Córdoba. Es padre de Vicente, de 4 años, de Lola, de 14, y de Indiana -que “está en el cielo”-. Para él, las paternidades trans abren una agenda apenas vislumbrada y aún muy acotada en términos de prácticas de salud y derechos (no) reproductivos. “Este cis-tema horrible no esperaba que sobreviviéramos a la expectativa de vida trans, menos esperaba que formáramos nuestras familias. Nuestras familias no solo son diversas y contrahegemónicas, sino también inesperadas por la sociedad que aún hoy invisibiliza o intenta borrar las experiencias de paternidad y crianzas que no son ´como Dios manda´. Se estigmatiza y hasta demoniza el deseo, nuestra identidad de género y nuestras capacidades de dar vida, nuestros cuerpos políticos”, afirma.
En su caso, detrás del deseo de paternar, hay una historia de obstáculos que no son solo burocráticos, sino existenciales. Aun cuando en nuestro país el acceso a la identidad autopercibida está garantizado por ley, en la práctica, afirma Santi, se enfrentan muchos desafíos, como discriminación y desinformación en el sistema de salud, burocracia al registrar legalmente a hijes y la lucha “contra una sociedad que no me quiere vivo y mucho menos criando hijes”.
“Formar una familia es un acto político que rompe con mandatos, estereotipos y, para construir, entender y acompañar estas paternidades, hay que crear redes, criar en comunidad e identificar la función paterna bajo una mirada disidente y transfeminista”. Si estas experiencias de familias no se conocen, no hay manera de construir políticas públicas que las contengan. Visibilizarlas no es solo un gesto identitario, es una forma de cuidado colectivo. “Aquí estamos, y en este momento tan hostil que atraviesa nuestro país, ser familias LGBTIQ o familias transparentales es revolucionario”.
Si la paternidad es un mandato, no lo es para todos con la misma intensidad. Y si es un deseo, tampoco es universal, pero existe. Cada vez más personas del colectivo LGBTI deciden asumirlo y construir familias en plural. Aun contra los prejuicios, obstáculos burocráticos y deudas institucionales que dificultan el ejercicio pleno de estos proyectos de vida. Pero con la certeza de que ninguna orientación sexual ni identidad de género debería limitar la posibilidad de amar, cuidar y criar.
En el epílogo del libro “Crianzas”, Susy Shock recuerda en un breve párrafo, el privilegio que tuvo al tener un padre que la abrazó y amó en todas sus decisiones y caminos elegidos. Esa paternidad que cuida, que está y se hace cargo es la que nombra cada vez que se pone “a discutirle a este mundo sus paternidades y maternidades mezquinas y esas familias que tiran pibes y pibas a la calle, a la guerra, al abandono, a la violencia, a la indiferencia, etcétera, etcétera, etcétera… que tantxs de lxs nuestrxs pueden dar cuenta, porque han sido muchxs de esxs niños y niñas desabrazadxs por correrse del molde, del mandato…”
Quizá, este Día del Padre, sea la oportunidad de celebrar a quienes se animan a habitar ese lugar desde los márgenes de lo esperado. A quienes construyen familia allí donde durante mucho tiempo se dijo que no podía existir. A quienes ejercen la paternidad como una práctica cotidiana de amor y de cuidado, poniendo en discusión las formas tradicionales de la paternidad. Quizá sea un día para agradecer a esas Xaternidades que se animan a abrazar -y amar- a sus hijes en todas sus decisiones y caminos.



Deja tu comentario