Espectáculos

Oda a Claudia

Por Tamara Tenenbaum

Siempre es difícil hablar de los amores ajenos, porque de los amores ajenos no sabemos nada aunque los veamos por televisión toda una vida. Pero es imposible recordar que el Diego y la Claudia son ajenos; de alguna manera un poco inventada los sentimos como parte de nosotros incluso los que nunca vimos jugar a Maradona. Si cada persona tiene su romance con el Diego, el mío es con ese vínculo, con esa historia que armaron ellos dos. 

Hoy, que nos pasamos el día hablando de amores que sí y amores que no, amores del bien y amores del mal, hoy que todos nos erigimos en jueces salomónicos de las parejas ajenas, a veces parece que “deconstruir la pareja” se trata de un vocabulario, de una asamblea permanente, de cierta relación con el discurso y la verdad. 

Siempre me conmovió el modo en que Claudia eligió. Nadie la obligó y Claudia no es una víctima: ella eligió. Las decisiones que tomamos en situaciones difíciles también son nuestras, también son una exhibición de nuestra libertad. Claudia eligió seguir acompañando a Diego más allá del fin de la pareja, de las mezquindades y los rencores posibles, no como en una entrega sin condiciones sino preservándose también a ella misma. “Mientras lo pueda ayudar, seguiré visitándolo, pero eso no quiere decir que siga enamorada o que quiera volver con él”, dijo poco después de que se separaran, valiente en la firmeza de la controvertida decisión de separarse del argentino más querido del planeta. 

Seguro que fue por sus hijas, pero no fue solo por ellas. Me niego a pensar ese vínculo como un sacrificio, porque todo indica que no es así como lo pensó ella. El amor, la felicidad y el darle sentido a una vida a veces es decidir vivir una existencia complicada, que no es lo mismo que aceptar violencias o destratos (en 2019, de hecho, Claudia radicó una denuncia por violencia psicológica contra Maradona y su abogado Matías Morla, que se sumó al ya oscuro historial de los vínculos de Maradona con las mujeres); no es lo mismo, tampoco, que quedarse atada a un tipo de por vida. No se trata de justificar todo lo que hizo Maradona con ella o con otras mujeres: que de eso se encargue quien piense que ese es un ejercicio intelectual productivo, quien piense que hace falta, que Maradona necesita mi permiso o mi perdón. O mejor, que se encarguen esas mujeres de contar sus propias historias, las que lo sufrieron y tienen por supuesto el derecho de hacer valer sus voces. Es otra cosa.   

Leí ayer un hilo de twitter maravilloso en el que se cuenta cómo Claudia, ya separada, negoció el contrato de Diego con el Grupo Clarín para La noche del diez. Maradona trató de reconquistar a Claudia al aire, en la recordada “autoentrevista” que se hizo en su programa y en varias ocasiones más. No hace falta, tampoco, inventarse un lecho de rosas: sabemos que el manejo del dinero del Diego y el modo en que eso afectó su vínculo con Claudia fue un asunto mucho más espinoso que esta anécdota. 

La historia tuvo en estas últimas horas un nuevo final provisorio: la que se encargó de los arreglos fúnebres fue ella. Después de años de batallas horribles, por ahora, perdió el entorno y ganó el amor: fue Claudia la que le dijo a Alberto Fernández que Diego hubiera querido ser velado en la Casa Rosada, fue ella la que organizó el evento con un horario de finalización claro para no exponerse a sí misma ni a sus hijas ni un poco más de lo que quería hacerlo. Fue como siempre, como siempre fue ella: puso el cuerpo, pero también puso sus reglas. 

Publicado en diario.es

Tamara Tenenbaum nació en Buenos Aires en 1989. Trabaja como periodista y docente universitaria. Se recibió de Licenciada en Filosofía y es autora de libros como “El fin del amor: querer y coger” y “Nadie vive tan cerca de nadie”

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