La ausencia del Estado mató otra vez

María Rosa Zelaya tenía 36 años y fue asesinada este mediodía por un taxista que la atropelló en la esquina de la Casa de Gobierno de Tucumán mientras se manifestaba con sus compañerxs del Frente de Trabajadores del Interior pidiendo mercadería y comida al Ministerio de Desarrollo Social ante la crisis, consecuencia de las políticas de ajuste neoliberal.

Pasadas las 13 horas el ambiente en la Plaza Independencia de Tucumán sobre la calle 25 de mayo era una radiografía de la lucha de las mujeres y el modo en que sus reclamos son escuchados por todos los gobiernos, provincial y nacional. En este caso el Gobernador Juan Manzur se encontraba recibiendo al plantel del equipo de San Martín de Tucumán que ayer ascendió a la Primera Divisón del fútbol argentino. El festejo tenía lugar entonces adentro del palacio de gobierno, incluyendo un balcón superpoblado de personas y banderas rojiblancas y también afuera, con una multitud de hinchas sobre la calle, todo custodiado por gran cantidad de oficiales de la policía de la provincia.

En la vereda del frente el colectivo Ni Una Menos de Tucumán intentaba dar comienzo a una radio abierta y olla popular, ambas actividades con motivo de cumplirse una nueva fecha Ni Una Menos, aquella histórica movilización que tuviera lugar cuatro años atrás. Mientras tanto otra manifestación que no festejaba ningún ascenso tenía lugar en la esquina de 24 de Septiembre y 25 de Mayo. Eran integrantes de organizaciones de trabajadores de la economía popular como la Ctep, el Plenario de Trabajadoras del Partido Obrero y el Frente de Trabajadores del Interior adonde pertenecía María Rosa Zelaya. Venían de reclamar mercadería y bolsones de comida al Ministerio de Desarrollo y seguían manifestándose allí. María Rosa Zelaya era mujer y era pobre. María era víctima, como tantas otras mujeres, de las violencias económicas, políticas e institucionales ejercidas por el sistema patriarcal neoliberal que gobierna. María estaba reclamándole a un Estado ausente que cumpliera con la obligación de garantizar derechos básicos para la población: pan y trabajo.

Pero el Estado volvió a ausentarse, una vez más. El Estado y su cotidiana violencia institucional por acción, pero esta vez por omisión: ningún efectivo policial cortaba la esquina de 24 y 25 donde lxs integrantes de las organizaciones barriales se manifestaban pacíficamente. Un taxista que circulaba por allí quiso cruzar por 24 de septiembre sin importarle la manifestación, y pasó por encima a María a toda velocidad. La ambulancia tardó unos ¡quince! minutos en llegar y María falleció antes de llegar al hospital. Las personas que pasaban por allí lograron llamar al 107 antes que la policía. ¿Dónde estaban los oficiales de seguridad? ¿Dónde estaba la Policía de la Provincia para desviar el tránsito y así proteger a lxs manifestantes? ¿Dónde estaban los policías del Ministro de Seguridad de Tucumán Claudio Maley? Estaban a 30 metros, mirando y cuidando el festejo de lxs hinchas de San Martín. A María nadie la cuidó, ni el taxista, ni la policía, ni el Estado que ya la venía violentando y hoy la mató.

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