La actividad física como un derecho, no como una tortura

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Hoy se celebra el Día Mundial de la Actividad Física. En los medios de comunicación y en las redes sociales veremos la celebración de una efemérides que a primera vista no tiene nada de malo o controversial. Todos coincidimos en que hacer actividad física es algo bueno y nos hace bien, pero sucede que no todas las personas vivimos del mismo modo la actividad física, y no por una cuestión personal sino por grandes construcciones políticas, científicas y técnicas que hicieron de ciertos cuerpos una enfermedad y de otros un ideal estético. 

La actividad fiscia es un derecho, pero muchas personas la vivimos como una tortura. 

¿Por qué celebramos esta fecha?

En el año 2002 la Organización Mundial de la Salud dictaminó celebrar los 6 de abril el Día Mundial de la Actividad Física. El propósito de esta efemérides es que  los Estados se comprometan a promover la actividad física para combatir el sedentarismo, el sobrepeso y la obesidad. 

Desde 1950 la Organización Mundial de la Salud viene construyendo una serie de disposiciones que patologizan a la gordura, llegando incluso a declarar la obesidad como pandemia  y consecuentemente, desplegar mecanismos para combatir la enfermedad1.

El diagnóstico de la gordura como enfermedad y los modos de “combatir” la situación, generaron estigma y discriminacion para las personas gordas, contribuyeron a engrosar las ganancias de una industria de alimentos ultraprocesados que se venden como “light” y “diet”, y lograron el efecto adverso de lo supuestamente buscado: alejaron a las personas gordas de la actividad física. 

¿Para qué vamos a hacer actividad física?

Una de las principales características del modelo patologizante de la OMS es colocar una parte de la “responsabilidad” de la obesidad en las propias personas. De la responsabilidad a la culpa solo hay unos instantes, y así vivimos millones de persona pensando que el cuerpo que tenemos/somos y todas las cosas que “no están bien” son pura y exclusivamente nuestra responsabilidad. 

Desde 1832, fecha en la que el matemático Adolph Quetelet crea el cálculo que asocia masa y talla de cada cuerpo (el famoso IMC ïndice de Masa Corporal), hasta la actualidad se amplió consideradamente el concepto de salud y se multiplicaron las formas de saber cuando un cuerpo está enfermo o cuando está según valores promedio de salud. El IMC no sirve ya para diagnosticar nada en sí mismo, pero si tiene  más vigencia en su uso popular desprovisto de validez científica.   Una persona con un IMC corporal promedio que indica que tiene el “peso ideal” puede tener valores desproporcionados en su cuerpo y estar cursando mas de una patologia, por el contrario, una persona con un IMC elevado por encima del promedio y considerada con “sobrepeso” puede tener valores estables y no cursar ninguna enfermedad. 

En este sentido, la actividad física debe ser pensada como un fin en sí mismo, y no como el dispositivo para “luchar contra la obesidad”. 

Simplemente estar bien

La existencia misma de los cuerpos gordos parece ser un problema para una sociedad que no se preocupa del mismo modo por la existencia del hambre en el mundo. El rechazo sistemático a la panza sin cuadraditos que hay en medios de comunicación y redes sociales nos dan la pauta de lo que debemos y no debemos ser en la actualidad. 

En un entramado y confuso enjambre entre salud, belleza y alimentación se coloca a la actividad física como una práctica de vital importancia. Este entramado muchas veces descuida la salud de los cuerpos fitness y los métodos que se llevan adelante para lograr un abdomen plano y marcas

A los cuerpos gordos en particular se nos imprime el objetivo de cambiar, de dejar de ser gordos, de mutar hacia ese peso que marca el Índice de Masa Corporal. 

Entonces, como nos dijeron que la gordura es nuestra culpa, es nuestra responsabilidad individual cambiarla. Y no hay nada menos estimulantes para la actividad física  que hacerla para dejar de ser uno mismo. 

Salir a caminar, a correr, ir al gym o a practicar algún deporte con el objetivo de pasarla bien, de sentirnos mejor con nuestro cuerpo debería ser un derecho de todas las personas. Hacer esto mismo con la idea de que tenemos un cuerpo que está mal, que no sirve, que es enfermo y que debe dejar de ser así es una tortura que nadie merece vivir, aunque millones de personas lo viven. 

Hasta que los debates en torno al fracaso de la industria de la dieta cambien, hasta que los criterios de belleza dejen de reproducir exclusivamente un ideal de cuerpo flaco y fitness y sobre todo hasta que la comunidad médica internacional actualice sus marcos teóricos, la batalla por el sentido se juega en todos lados, podemos nosotros como comunidad construir ambientes en donde todos los cuerpos puedan hacer actividad física sin importar el peso, y en donde el objetivo sea compartido por todos los cuerpos: simplemente estar bien.


1En 2011 las propuestas de las OMS son tomadas por la ONU. En la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre prevención y el Control de la Enfermedades No transmisibles de la ONU se reconoce la necesidad de asumir el compromiso de promover la actividad física y de reducir la dieta malsana. En esa reunión se adhiere a la “Estrategia Mundial OMS sobre Régimen Alimentario, Actividad Física y Salud”

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