“El mundo no puede darse el lujo de desperdiciar tantas generaciones de científicas brillantes”

Por Claudia Nicolini para CCT NOA Sur

La sociedad actual enfrenta retos globales cada vez más complejos: el cambio climático, el riesgo de nuevas pandemias o la búsqueda de fuentes de energías alternativas y más ecológicas, entre otros. En este contexto, la ciencia y la tecnología se han convertido en herramientas claves para darles respuesta y promover el desarrollo sostenible de la población mundial. Pero, a pesar de que la igualdad de género ha sido establecida como fundamental para el logro de los objetivos del Desarrollo Sostenible establecidos por la ONU para 2030, de los miembros de la comunidad científica sólo un 30% son mujeres.

“Esto supone la renuncia a buena parte de su diversidad, de su talento y de su potencial; y sólo quedan ocho años para cumplir el objetivo”, resalta la doctora Virginia Albarracín, directora del Centro Integral de Microscopía Electrónica (CIME-CONICET-UNT). Pero a la doctora Albarracín  la ciencia la ocupa (y la preocupa, también) desde otro ángulo; que la llevó a liderar la iniciativa “Ciencia Con M”, desde la cual, desde 2014, lleva adelante acciones para visibilizar (y romper con) los sesgos de género.

Por entonces –resalta- el tema no estaba reconocido como un problema por la mayoría de la comunidad científica. “Me acuerdo que al hablar de este tema en ciertos encuentros o reuniones, la mayoría de las científicas negaba que su carrera hubiera estado condicionada por el hecho de ser mujer. Pero a los cinco minutos empezaban a recordar un montón de anécdotas de tratos discriminadores -o incluso violentos- por parte de profesores o compañeros, durante su formación universitaria o incluso en su trabajo actual –cuenta-. Estas actitudes revelan claramente que como mecanismo de defensa las mujeres solemos naturalizar los micromachismos y la discriminación”.

“Lo bueno es que en estos últimos años la fuerza del movimiento de mujeres para reivindicar los derechos y la diversidad logró romper al menos en parte muchas de estas estructuras naturalizadas” destaca y puntualiza algunos avances logrados en nuestro país: “en las nuevas gestiones de los ministerios de las Mujeres y Diversidad y de Ciencia y Tecnología, y del CONICET, se observa la ejecución de múltiples políticas y programas que buscan cerrar la brecha de género desde distintas perspectivas”.

Es un comienzo –señala-, pero las políticas permean muy gradualmente y la comunidad científica debe comprometerse más para atender la problemática. Por un lado, es fundamental visibilizar el trabajo de las científicas y sus aportes locales e internacionales a la construcción del conocimiento. Por el otro, también lo es el esfuerzo consciente y concreto de romper con los paradigmas vocacionales y ayudar a sostener las vocaciones científicas en las niñas. “Este es un paso fundamental para poder cerrar la brecha de género en la ciencia y la tecnología –señala-. Y es un paso urgente”.

La realidad actual

“En Argentina y en Tucumán las mujeres somos mayoría (60% y 67% respectivamente). Sin embargo, en los órganos de decisión y representación de las instituciones científicas las mujeres son sorpresivamente la minoría”, describe. “Este fenómeno, conocido como techo de cristal o piso pegajoso, implica que cada vez que las condiciones profesionales son más ventajosas, con mayores salarios o con mayor poder decisión, menor proporción de mujeres accederán a ellos”.

Un poco de estadísticas permite ilustrar brecha:

  • Dirección UE en Tucumán: 35% mujeres
  • Dirección CCT NOASUR: 1 mandato femenino en 14 años
  • SIDETEC provincial: 1 mandato femenino
  • SCAIT/CIUNT: los últimos tres mandatos fueron de mujeres.
  • RECTORES UNT: 1 sola mujer en más de 100 años
  • Presidencia CONICET: 2 mandatos femeninos en 62 años.
  • Directorio CONICET: nunca más de 2 mujeres en el Directorio.
  • Mincyt-ExMincyt: ninguna ministra de CyT hasta el momento.

Y la “batalla” las mujeres no solo la pierden la a la hora de imponerse en puestos de dirección. También hay un gap entre quienes logran más subsidios (o montos superiores) y quienes publican más como autores protagonistas. “En algunas disciplinas esa brecha es altísima, y se calcula que pueden pasar hasta 100 años para que se pueda igualar –advierte-. Y ser científica mujer y del interior es mucho más difícil todavía”.

El día de hoy

“Para que las políticas y los programas en materia de igualdad de género sean realmente transformadores, deben eliminar los estereotipos de género mediante la educación, cambiar las normas sociales, promover modelos positivos de mujeres científicas y sensibilizar a las más altas instancias de adopción de decisiones. Tenemos que lograr no sólo que las mujeres y las niñas participen en los ámbitos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM o STEM en inglés), sino que además estén capacitadas para dirigir e innovar, y que cuenten con el apoyo de políticas laborales y culturas institucionales que garanticen su seguridad, tengan en cuenta sus necesidades como madres y las incentiven para avanzar y prosperar en esas carreras”.

“Estas fueron las palabras del mensaje conjunto de Audrey Azoulay, directora General de la UNESCO, y Phumzile Mlambo-Ngcuka, directora ejecutiva de ONU-Mujeres, en el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en Ciencia, hace justo un año, y desde Ciencia con M las tomamos como estandarte. El mundo no puede darse el lujo de perder generaciones y generaciones de mujeres brillantes, cuando más las necesitamos para afrontar los retos científicos”, señala Albarracín.

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