16 años del matrimonio igualitario en Tucumán: Historia breve, sintética y subjetiva
16 recuerdos antes de la ley
1. Antes todo esto era “gay”
Antes de que se aprobara la ley, se hablaba de matrimonio gay. Casi siempre que se hacía referencia a la diversidad sexual se decía “gay”, sin importar si se trataba de orientación sexual o identidad de género. La Marcha del Orgullo Gay, el matrimonio gay, el boliche gay: todo estaba representado con esa palabra. Fueron años de activismo, trabajo y educación para ampliar esa categoría.
2. “No me representan”
Antes de 2010, en Tucumán no se había realizado una Marcha del Orgullo. Había debates sobre la que se hacía en Buenos Aires: a algunas personas les molestaba la desnudez y la fiesta; otras preferían marchar en Buenos Aires. Daba miedo poner el cuerpo en la Plaza Independencia. La Diva, ubicada pasando la avenida Sarmiento, era uno de los pocos lugares de encuentro de la comunidad.
3. “Tomaban asistencia”
Las primeras marchas masivas de la diversidad sexual fueron a favor del matrimonio igualitario. Ocurrieron luego de que los sectores conservadores religiosos realizaran grandes movilizaciones en contra de la ley. Llamaban a estudiantes de colegios confesionales e incluso les tomaban asistencia.

4. Unión civil para todos
Durante varios años el objetivo fue la unión civil para parejas del mismo sexo. Fue parte de un crecimiento político apostar a que se llamara matrimonio, igual que el de las parejas heterosexuales. Algunos activistas estaban dispuestos a negociar que se aprobara la unión civil mientras tuviera los mismos derechos que el matrimonio; otros querían los mismos derechos con los mismos nombres.
5. Cambian los discursos, quedan los artistas
Los discursos de los jefes de bloque del Frente para la Victoria fueron épicos. Agustín Rossi estaba en su pico de sex appeal, y las palabras de Miguel Ángel Pichetto daban un marco histórico a lo que estaba pasando: una verdadera clase de democracia y republicanismo. Luis Juez también estuvo a favor. El derrotero político de varios de ellos cambió mucho en dieciséis años, llegando incluso a oponerse a temas vinculados con la diversidad sexual.
6. Cruzadas al altar
Un evento canónico de esas marchas fue cuando las activistas lesbianas de “Cruzadas” aparecieron en la Plaza Independencia con velos de novia. Todo el mundo enloqueció con esa escena. Quizás porque solo se hablaba de hombres gays y allí aparecían mujeres jóvenes pidiendo igualdad.
7. ¿Para qué sirve el INADI?
El espacio que nucleaba a quienes militábamos a favor era el Foro de la Diversidad del INADI. Generalmente las reuniones eran en bares. Zoom y Managua me vienen a la cabeza. Había algunas personas de la comunidad que apoyaban con recursos, pero nunca aparecían en las reuniones ni en las actividades.
Recuerdo la ingenuidad con la que afrontamos los ataques de los sectores conservadores, las negativas de otros militantes a acompañar y la alegría por cada persona que se sumaba. Éramos alrededor de veinte personas. A la salida de la primera reunión vi por primera vez a dos mujeres caminando tomadas de la mano por la calle San Juan. Eso era tener coraje en 2010.
8. Calle o Pepe
El comunicado del CONICET, firmado por un centenar de científicos, dio un respaldo simbólico fundamental para el debate. Todos ensayábamos qué responder ante cada argumento. Los discursos contra el matrimonio igualitario iban desde el pánico moral, diciendo que se iba a destruir la familia, hasta la miserable argumentación sobre la adopción. Una semana, como un golpe de efecto y con un gran show marica, apareció Pepe Cibrián leyendo a Lorca y, sobre todo, preguntándole a Susana Giménez.
9. Los gays en el puerto, los heteros en el pueblo
El debate lo federalizó la senadora Liliana Negre de Alonso al pedir audiencias públicas en “el interior” del país. Ella afirmaba que la cuestión homosexual era algo del puerto, de la ciudad, y que era una imposición inaceptable para los valores del resto de las provincias. Esas audiencias obligaron a federalizar el debate. En todas las provincias donde se realizaron, los medios de comunicación locales y nacionales cubrieron el evento.
10. El hockey heterosexual
La versión taquigráfica de la audiencia pública de Tucumán estuvo plagada de irregularidades. La inscripción fue mediante una página web, pero, al momento de ingresar, la mayoría de las personas que pudieron hacer uso de la palabra pertenecían a organizaciones contra el matrimonio igualitario. Todos hacían referencia a una suerte de apocalipsis que acontecería si se aprobaba la ley.
Recuerdo particularmente a la presidenta de la Liga de Hockey hablando en contra. No entendía cómo un deporte podía estar en contra de un matrimonio. Afuera de la Legislatura, que entonces estaba sobre calle Rivadavia, había pocos activistas de la diversidad y un centenar de opositores separados por una valla. Hubo gritos, amenazas y golpes durante la sesión.
Tuve miedo durante varias semanas después de que un hombre me hiciera señas de cortarme el cuello cuando salía de esa audiencia. Durante años recordé la expresión de desprecio de su rostro.
11. La familia voladora
La Gaceta de Tucumán cubría todas las acciones de los sectores opositores; militó en contra. Unos días antes salió un suplemento pago en la versión impresa que tenía una imagen de una familia tipo saltando: mamá, papá, un niño y una niña volando sobre un fondo celeste.
“La familia voladora”, le decíamos. Llegamos a reírnos para no bajonearnos: el poder económico apoyaba a los sectores conservadores.

12. A favor por lo bajo
Stella Maris Córdoba fue la única diputada por Tucumán que apoyó activamente el proyecto. El resto se expresaba en contra, aunque off the record decían que era por presiones de la Iglesia, que en realidad no estaban en contra.
13. Se casa la que puede
La mayoría de las personas que militaban por el matrimonio igualitario no querían casarse. El casamiento, para buena parte del activismo, era una cuestión conservadora y burguesa. Algunos partidos de izquierda se rehusaron a militar la ley por ese motivo.
Todos decíamos que era estratégico: era el modo de entrar al marco normativo argentino; era solo una estrategia. Cuando se aprobó, muchos sintieron el llamado al altar, las ganas de hacer una fiesta; el mandato familiar también se hizo LGBT.
Se casaron parejas de todas las clases sociales y de todos los partidos políticos. En pocos años, ser gay o lesbiana dejó de estar prohibido incluso en muchas familias que habían estado en contra de la ley.
14. El poder mágico de la ley
Muchas personas que estaban en contra cambiaron de opinión cuando se aprobó. Desde la negativa de Gabriela Michetti a votar a favor del proyecto hasta la inclusión de gays visibles en el partido pasó muy poco tiempo. Rápidamente, el PRO incluyó en sus filas a representantes de la diversidad. Cinco años después, Peter Robledo asumió como funcionario durante la gestión de Mauricio Macri.
15. Guerra santa
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, dijo que la batalla por el matrimonio igualitario era una guerra entre Dios y el Diablo. En Tucumán, Luis Héctor Villalba repetía el mismo discurso.
Años después, ya como papa Francisco, se pronunció de un modo diferente respecto de la diversidad, dando cuenta de una profunda revisión estratégica de la Iglesia en relación con el tema. Eso no significó un cambio de doctrina ni de fundamentos, sino de discurso.
16. Voto a voto
Aníbal Fernández participó activamente convenciendo y negociando con diputados y senadores. El conteo de votos variaba semana a semana, según cómo se movía el tema en los medios y la presión en las provincias.
Durante la votación, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner viajó a China e invitó a dos senadoras a integrar la comitiva: Marina Riofrío, senadora nacional por San Juan, y Ada Itúrrez de Cappellini, senadora nacional por Santiago del Estero. Se cree que ese viaje restó dos votos en contra al proyecto.
El resultado final fue de 33 votos a favor, 27 en contra, 3 abstenciones y 9 senadores ausentes.
Yo recuerdo estar en la Plaza del Congreso, rodeado de gente, con muchísimo frío y cansancio. Lloré de alegría, lloré de amor. Me emocioné viendo a todos festejar. Al día siguiente sentí que podía caminar de otro modo por las calles de mi país, porque sentí por primera vez que este país también era parte de mí.



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