Día de la Independencia: Ser capital por un día
Ver a Tucumán mediante los móviles de los canales nacionales y las redes oficiales del Gobierno nacional es raro, una suerte de presente distópico. En la vigilia del Día de la Independencia, la provincia, pero sobre todo la ciudad, se viste de fiesta pase lo que pase, o incluso con más fuerza cuando lo que pasa es malo.
Si algún foráneo tiene dudas de por qué el presidente Javier Milei viene a Tucumán a hacer a hacer su show, es porque puede. Hay varias razones. Algunas son logísticas y técnicas: nuestro centro es una cuadrícula. Se puede bloquear varias cuadras a la redonda, dejar pasar a quienes quieren festejar e impedir el paso a cualquier organización política.

La cuadrícula es angosta, pero todo se resuelve con ángulos y planos que hagan parecer que treinta personas aplaudiendo a Milei son muchas más. Seguro que hay más, pero no estuvieron anoche en esas calles.
En Tucumán se puede hacer de todo, por lo menos un par de veces. Sería incorrecto pensar que todo lo que aparece en los medios es falso o armado. Sí hubo gente gritando y aplaudiendo al Presidente anoche a pesar del frío, y también aplaudirán a cualquier otro presidente. No sé si llamar republicanismo a eso, aunque quizás sea la versión tucumana de ese término.
Somos el pueblo que se crió con la Casa Histórica en nuestras calles y también con la idea de “la Casita de Tucumán” en Billiken. Somos el pueblo que ama festejar y ser parte de las cosas que suceden en la calle. Somos un pueblo pobre que va a aprovechar cada evento artístico público, como sucedió ayer con la presencia del Chaqueño Palavecino y otros artistas de renombre.

El 9 de Julio es nuestra fiesta y la vamos a vivir gobierne quien gobierne. Esta capital nacional por un día es así: pequeña, superpoblada, popular y fiestera.
Ayer también se celebró el tercer festival “Ite al pingo, Milei”, una fecha que organiza Patria Grande y nuclea a muchas personas que quieren hacer y decir algo cuando viene el Presidente, pero no pueden hacerlo en ninguna plaza cercana a la Casa Histórica, ni soñar con cortar una calle. Aquí, un par de días antes de ser la capital del país, se reprimió a la gente que fue a festejar la victoria de la Selección.
El festival de repudió contó con la presencia del peronismo disidente de los hermanos Yedlin, de la diputada nacional Fernanda Miño, de las referentas feministas del Frente Popular Darío Santillán y de músicos y artistas que ponen su voz a la lucha. Pero todavía no pudo tener espacio en la vía pública, en las calles.

Aquí todavía los bastones son largos y las mentes de quienes piensan el orden de la sociedad siguen siendo cortas. Somos el pueblo que votó democráticamente a un genocida como gobernador de la provincia, no hace siglos: hace treinta y un años. Todavía hay familias que recuerdan a Antonio Domingo Bussi con cariño. También somos un pueblo que sigue siendo fogoneado por las derechas.
El peronismo tucumano supo durante décadas encarnar un sentir popular. También tuvo la habilidad de hacer crecer por derecha a las oposiciones y después ganarles. El partido del hijo del genocida fue siempre la excusa, la posibilidad y el desgaste de cualquier oposición.
Pero, en este escenario de derechización absoluta, el mismo juego podría dar resultados distintos para la provincia. Hay un crecimiento de narrativas que ayuda a la gente a quejarse de lo que hace mal el Gobierno provincial y expresar la necesidad de que gane Milei también aquí, aunque se trate, por ejemplo, de obra pública y sea todo una contradicción.
La estrategia de hacer crecer siempre a las derechas sí se pasó tres pueblos. Ya no se sabe quién puede ganar más votos con odio, palos, bronca y desprecio por el otro.


Osvaldo Jaldo no recibió al Presidente, pero sí lo hizo Lisandro Catalán, un foráneo que aspira a ser la principal oposición al peronismo en Tucumán, aunque hay una fila bastante extensa para ocupar ese lugar. Miguel Acevedo, como vicegobernador y en términos protocolares, recibió a la vicepresidenta Victoria Villaruel, en un juego de máscaras que emocionó a una fracción de la derecha: esa que quiere un fascismo sin Milei y con ropa de mujer.
Anoche los poetas tucumanos podrían haber escrito los versos más tristes: la cúpula más vendepatria y pro-Estados Unidos del país sentada en la puerta de nuestra Casa Histórica. Pero no pasó solo eso. También habrá poesías alegres sobre el frío y la gente bailando en la plaza, el alcohol, los abrazos, el “¡Viva la Patria!” y esas ideas mezcladas con la narrativa de Billiken.
La plaza estuvo llena. Eso siempre me alegra. Porque una plaza llena siempre es una buena noticia, porque cientos de changuitos se llevan buenos recuerdos a su casa. La plaza estuvo llena a pesar de todo. Aun con las confusiones absolutas sobre quiénes son los responsables del hambre de hoy, hay amor por la patria. O por nuestra tierra. Por Mercedes Sosa. Por el locro que todavía resiste al flat white y a las hamburguesas de cadena. Hay amor. Hay patria.



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