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Venezuela: una metáfora ajena sobre la tragedia propia

Como lo ha demostrado esa gran utopía que es la modernidad, la distopía parece ser el inexorable paso siguiente y muchas veces las sociedades caminan convencidas hacia esa ilusión sólo para descubrir que más bien han sido “caminadas” porque han avanzado hacia su propia debacle merced a intereses de terceros. Intentando una explicación más profunda, Elisabeth P. Fernández se involucra con una afirmación del actor Gerardo Romano y en un ensayo arriesga un análisis sugiriendo qué es el (neo)liberalismo y lo que subyace en la raíz de sus afirmaciones (y de nuestros males).



por Elisabeth P. Fernández

Neoliberalismo: es difícil pensar en otra utopía que se haya realizado tan plenamente.

Gareth Stedman Jones[1]

Algunos hemos podido escuchar una entrevista[2] llena de desprecio que un periodista radial le hizo al actor Gerardo Romano. Luego de discutir sobre la vida del fiscal Alberto Nisman, de cuya muerte se acaban de cumplir cuatro años, irónicamente se le reclamó al actor que alguna vez había expresado que el hecho de que los pobres votaran a Cambiemos tenía similitud con el voto a los nazis por parte de judíos. Dicha así, la frase parece una banalización de la Shoah pues, es justo reconocerlo, en Argentina el actual gobierno no ha implementado purgas étnicas ni campos de exterminio. Y de seguro no lo hará. Sorprendido, Romano intentó ofrecer una explicación a aquellas palabras pero no pudo salir airoso del embrollo, ya que su contrariedad le impedía pensar argumentos pertinentes y se retiró del debate, ofuscado ante el goce sarcástico de su entrevistador.

Sin embargo, la expresión aparentemente forzada del actor tiene una lógica profunda y para encontrarla debemos regresar a 1938, año en el que Ludwig von Mises y Friedrich Hayek[3] presentaron en París sus ideas acerca de la retirada del Estado de las políticas públicas pues veían en la social democracia ejemplificada por el New Deal de Franklin Roosevelt y al gradual desarrollo del Estado de bienestar inglés como manifestaciones de un colectivismo demasiado cercano al ideario comunista, que con sus burocráticas planificaciones aplastaría al individuo reduciéndolo inexorablemente bajo un control totalitario. La inminente contienda mundial hizo que estas ideas quedaran adormecidas, pero aun así con el tiempo llegaron a difundirse recibiendo el apoyo de millonarios que vieron en estas propuestas la oportunidad para liberarse de toda regulación a sus negocios y del pago de impuestos. El consecuente estado de posguerra tampoco parecía ser el momento propicio para avanzar con este nuevo ideario liberal pues, en Occidente, la “guerra fría” favoreció la profundización del Estado de bienestar que, con sus políticas públicas de subsidios ofrecía amparo a una golpeada generación, reduciendo asimismo el impacto del ideario comunista cuya voz se hacía oír con fuerza desde el Este del planeta.

Myriam “Tuqui” HOLGADO, Ciudadano marcado. Óleo s/tela. 1974. Fuente: http://www.myriamholgado.com

El concepto “neoliberal” comenzó a difundirse en 1951 ya que en ese año Milton Friedman[4] se autoenunció públicamente como tal. Este economista tenía claro que las políticas de protección que ofrecían las potencias del Primer Mundo no acabarían mientras la amenaza del comunismo estuviera latente pero, paradójicamente, sería ese mismo miedo el que le abriría las puertas para experimentar en América Latina en donde, luego del triunfo de la Revolución Cubana, los movimientos insurreccionales de izquierda habían comenzado a propagarse como reguero de pólvora. En 1970, el triunfo en Chile del socialista Salvador Allende ofreció la oportunidad para un globo de ensayo. Promoviendo una grave crisis económico-financiera interna, a través de sistemáticos boicots escrupulosamente planeados por la política exterior estadounidense, la vía chilena al socialismo fue asfixiada por un sangriento golpe de Estado en 1973 y, al imponer la necesidad de un cambio, ya existía “una alternativa lista para ser puesta en acción”, al decir del propio Friedman. Con la ayuda de la prensa y de asesores políticos foráneos, la dictadura de Pinochet se comprometió con el neoliberalismo imponiendo su proyecto cultural y económico, a costa de la vida de miles de chilenos. El propio Hayek, que había huido del nazismo pero que odiaba con igual intensidad a los comunistas, visitó el Chile de Pinochet y expresó en un discurso público: “me inclino hacia una dictadura (neo) liberal antes que hacia un gobierno democrático sin (neo) liberalismo”.

En las décadas de los años 80 y 90, favorecidos por la caída del muro y bajo el lema “no hay alternativa”, Ronald Reagan en EE.UU. y Margaret Thatcher en Reino Unido, impusieron y profundizaron aquella doctrina cultural y económica, hiriendo de muerte cualquier gobierno que, como el de Raúl Alfonsín en nuestro país, propusiera otra vía. En efecto, la libertad aparente que ofrece el neoliberalismo y que suena tan seductora cuando se expresa en términos generales, sólo significa libertad para los poderosos y ricos y no para los vulnerables y pobres, sean estos países o individuos.

Al (neo) liberalismo que Pinochet impuso en su país a través de una sangrienta dictadura, Reagan y Thatcher lo impusieron en el mundo a través de las urnas, donde millones de pobres hoy depositan el voto a sus verdugos porque las políticas de austeridad que implican la desinversión de los Estados se han convertido en “sentido común”. Así, asociando a Cambiemos con el retorno del neoliberalismo en nuestro país, quizás Gerardo Romano debió haber mencionado que desde que tales políticas se implementaron, ha habido un aumento en el número de muertes prevenibles, que muchos expertos atribuyen a los recortes en el servicio de salud y de la asistencia social, mientras que catástrofes medioambientales y la nula asistencia a sus damnificados también se deben a recortes en el sector público, así como el incremento del número de personas que asisten a los comedores populares.

Hoy somos testigos del intento de golpe de Estado al gobierno de Maduro en Venezuela. Potencias del mundo y países satélites colonizados por la cultura del neoliberalismo se pronuncian a su favor sin medir los efectos colaterales, no sólo sobre el sufrido pueblo venezolano sino sobre toda la región, que padecería una sangrienta guerra civil y una intervención de tropas extranjeras para terminar aplicando la misma conocida fórmula que destruyó a los países petroleros del Medio Oriente: desregulación del comercio; servicios públicos privatizados; bancos bajo control extranjero y sindicatos y derechos de huelga restringidos a fin de crear las condiciones para que las potencias expolien el petróleo, una vez que acaben con el proyecto bolivariano.

Gerardo Romano no banaliza la Shoah, de cuya indiscutible tragedia nadie duda. La crisis venezolana provocada por una oposición que desprecia la democracia tiene un origen similar al de la crisis argentina advenida por el voto ciudadano que ha reinstalado un proyecto neoliberal extractivista, el cual, aunque nacido en el siglo pasado, es hijo de la tradición colonial que diera origen a nuestro sufrido continente. Nada parece emparentar estos males, pero la intención del actor ha sido señalar el aire de familia que existe en el gesto agónico de algunos pueblos por acoger con beneplácito una y otra vez su propia desgracia.

[1] Historiador inglés especializado en el pensamiento político y las revoluciones burguesas de la modernidad.

[2] (escuchar a partir de los 7’13’’).

[3] Economistas austríacos exiliados en Francia. Friedrich A. HAYEK escribió su famoso libro The Road to de Selfdomreeditado con gran éxito en 1976 por The Universitity of Chicago Press de Chicago (EE.UU.). Ludwig VON MISES, por su parte, escribió Burocracy, reeditado en 2005 por Unión Editorial de Madrid (España).

[4] Milton Friedman, Premio Nobel de economía en 1976, defensor del libre mercado y creador de la “Escuela económica de Chicago”.


Bibliografía:

MOMBIOT, Georges (2016) Neoliberalism-The Ideology at the Root of our Problems. The Guardian. UK https://www.theguardian.com/books/2016/apr/15/neoliberalism-ideology-problem-george-monbiot


Elisabeth P. FernándezAbogada, feminista investigadora, populista y activa militante.


Imagen de tapa: Joaquín Ezequiel LINARES, El fusilamiento, (de la serie La larga noche latinoamericana). Óleo s/ tela (díptico). 1,90 m x 3,49 m. 1966 / Fuente: “JOAQUÍN EZEQUIEL LINARES 1927/2001. Crónica de una pasión latinoamericana”. Exposición antológica. Secretaría de Cultura de la Nación.

Autor/a
www.lanotatucuman.com
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