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Cine

“Parasite”: la clase maestra de los “giles” surcoreanos

“Parasite”, del coreano Bong Joon-ho, se llevó se llevó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. Además tiene 100% de aprobación en Rotten Tomatoes (sobre 86 críticas) y un 8 de nota en FilmAffinity. La periodista Carla Duimovich analiza este fenómeno sur-coreano que conquistó el tejido industrial occidental.

“Parasite”, del coreano Bong Joon-ho, se llevó se llevó la Palma de Oro en el último Festival de Cannes. Además tiene 100% de aprobación en Rotten Tomatoes (sobre 86 críticas) y un 8 de nota en FilmAffinity. La periodista Carla Duimovich analiza este fenómeno sur-coreano que conquistó el tejido industrial occidental.

Si hablamos de gente habilidosa en el mundo del cine, tenemos que hablar de Bong Joon-ho, el director surcoreano que, por primera vez, llevó a su país una Palma de Oro obtenida en el último Festival de Cannes. Y aunque ya habíamos visto sus capacidades en Okja (2017), la película que dio que hablar por su denuncia contra la industria cárnica y la tortura sistemática, opresiva y de exterminio hacia otras especies animales, con su flamante Parasite (2019), ha profundizado una narrativa única y con mucho hilo en el carretel que nos deja absortos.

Parasite es una máster class de la cinematografía, combina géneros y estéticas de forma brillante, con una fotografía impecable, medida y refinada. La lucidez  del guión nos permite, a través de los detalles, sumergirnos en aguas turbias que nos enmugrecen con un panorama socio-cultural muy desigual e injusto. Los protagonistas de esta película son (para dar una representación figurativa) los integrantes de una familia desempleada de un barrio del conurbano bonaerense pero traspolado a Corea del Sur. Sus vecinos norcoreanos no se las dejan fácil y el desempleo escalona a niveles desorbitantes.

El argumento de Parasite nos invita a vivenciar el plan de la familia para lograr conseguir trabajo en una casa de ricos. Para ello, buscan posicionarse uno a uno a través de mentiras y engaños, haciendo despedir a los anteriores empleados de la casa. La mirada subjetiva del laburante, como en La Odisea de los Giles (Argentina, 2019), hace que, de alguna manera,  empaticemos con la búsqueda económica de la familia protagonista, casi como una venganza… no hacia los ricos sino hacia el sistema en sí. 

Atravesando unos pasajes exquisitos, primeros planos inesperados y puntos dramáticos que maravillan, el trabajo de los espacios físicos y los elementos simbólicos de clase, completan las descripciones de los personajes que son inigualables. La trampa está al final de la película, pero este artículo no pretende develarlo. Quizás está en nosotros pensar por qué el director decidió otorgarle a un lado de la historia un cierre tan triunfante. Es cierto que, sin embargo, la magia radica en el engaño que, a modo de moraleja, deja a su paso historias fatales, muertes y vidas subterráneas que de algún modo volverán a emerger pase lo que pase, al menos hasta el fin de esta división clasista de la realidad.

Esta es, sin dudas, una de las mejores películas de este 2019, haciendo que Bong Joon-ho  mantenga a las producciones  coreanas en el podio de la actual historia del cine.

Fuente: Blog de Carla Duimovich

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