“Las estamos buscando, las queremos con vida”

A 16 años de la desaparición de Marita Verón, la lucha que encabezó su madre, Susana Trimarco, para desbaratar las redes de trata y explotación sexual, con la complicidad del Estado y el Poder Judicial, continúa aún hoy vigente. Un emblema que instaló la trata de personas en la agenda mediática y que visibilizó la corrupción de las instituciones que la hacen posible. 

María de los Ángeles Verón tenía 23 años cuando desapareció. Vivía junto a su pareja, David Catalán y su hija de 3 años, Sol Micaela, en Las Talitas. El 2 abril de 2002 salió a realizar una consulta médica a la Maternidad, por recomendación de su vecina y enfermera de la clínica, Patricia Soria. Su novio, Miguel Ardiles la contactó con el médico Tomás Rojás, quien examinó a Marita y la citó para el día siguiente, luego de insistirle que llevara el documento de identidad. El 3 de abril Marita salió de su casa y nunca regresó.

Sus padres, Susana Trimarco y Daniel Verón salieron a buscarla. Descubrieron que los consultorios estaban cerrados y que Ardiles no era jefe de personal de la Maternidad, como Soria había afirmado, sino empleado de limpieza. Hicieron una denuncia que, al principio, la policía no quiso tomar. Pegaron afiches y recorrieron las calles sin respuestas hasta que, un día, en el Parque 9 de Julio, la zona roja de la ciudad de Tucumán, una mujer que había sido violada y vendida para explotación sexual la reconoció. “La vi en La Rioja”, dijo.


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Marita Verón junto a su hija, Micaela


Desde ese momento, comenzaron a rastrear su paradero. Mientras tanto, la policía obstaculizaba la búsqueda, les decía que faltaba gasolina para los patrulleros y que no podían salir a ayudarlos. Tres semanas después de la desaparición, Trimarco comenzó a frecuentar prostíbulos buscando algún indicio. Un amigo del marido, el comisario Jorge Tobar se unió en la investigación paralela. Comenzaron a allanar las denominadas whiskerías mediante estos operativos en los que lograron rescatar a más de 120 chicas y reunir más pistas sobre Marita.

En junio de 2002 llegaron hasta El Desafío, un prostíbulo en La Rioja en donde rescataron a Anahí Manassero, una de las primeras voces que permitieron reconstruir el destino de Marita entre el 2002 y el 2003 y que confirmó la complicidad estatal. Horas antes de ser rescatada, vio cómo Marita y otras chicas eran sacadas del prostíbulo por un policía que finalmente las escondió en su casa, a pocos kilómetros. Se suponía que el operativo sería más temprano, pero Verón y Tobar fueron enviados de regreso a Tucumán por las autoridades judiciales de La Rioja, para que corrigieran la orden de allanamiento. Un tecnicismo que dio el tiempo suficiente para alertar a los proxenetas.

Como Anahí, hubo varias chicas que detallaron el paso de Marita por los prostíbulos Candy, Candilejas y El Desafío, todos propiedad de Irma “Liliana” Medina, en La Rioja. La describieron rubia, con lentes de contacto azules, cicatrices de múltiples agresiones y con un hijo. José “el Chenga” Gómez, encargado de El Desafío, la había violado y embarazado.


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La lucha que es emblema

La lucha de Susana Trimarco para encontrar el paradero de su hija se convirtió en un caso emblemático que instaló la explotación sexual en la agenda política y mediática nacional. Gracias a ella, comenzó a descubrirse el entramado de corrupción y poder estatal que sustenta las redes de trata de personas en el paístransformándose en un referente público, incluso más confiable que la policía. A pesar de las amenazas y los obstáculos, logró mantener la frente en alto y extender su búsqueda personal.

En octubre de 2007, creó la Fundación María de los Ángeles, con la que continúa rescatando y asistiendo a víctimas de trata de personas. Meses más tarde, en de abril de 2008, la lucha de Trimarco impulsó la sanción de la Ley 26.364 de Prevención y Sanción de la Trata de Personas y Asistencia a sus Víctimas. Luego del fallo absolutorio de 2012 se mejoró la norma, al eliminar la figura de consentimiento como situación que morigeraba la sentencia del tratante.

Después de 16 años, Marita Verón se convirtió en un símbolo de lucha y resistencia contra la red de corrupción que se esconde detrás la explotación sexual y la desaparición de miles de mujeres en todo el país, para ser usadas como objetos de cambio, mientras la Justicia da la espalda y sostiene los mecanismos que hacen posible la perpetuación de la violencia de género.

 

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