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“La fotografía hoy es un océano inabarcable y hermoso”
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Las redes sociales y el boom digital revolucionaron la concepción, pero fundamentalmente la relación, de las personas con la práctica fotográfica en general. Desde La Nota conversamos con Gabriel Varsanyi, uno de los referentes de la fotografía en Tucumán.

Gabriel Varsanyi nació y vive en Tucumán. Docente, fotógrafo, arquitecto, constructor de sentido y otra vez docente. Y es que Varsanyi es considerado -por muchas personas- no sólo como un referente, sino, también como un germinador de pensamiento crítico. “Varsanyi me dio vuelta la cabeza en la facultad, porque aprendí a reflexionar y entender la producción visual desde un lugar que involucra muchísimas decisiones a la hora de disparar”, dijo Lucía, alumna de Gabriel en la materia de tercer año, Práctica fotográfica, de la Facultad de Artes (UNT), cátedra en la que continúa desempeñándose como Profesor Adjunto.

Concepción, Tucumán, Argentina. 1966. “Me reencontré recientemente con mi ser arquitecto y me siento muy agradecido con mi formación en ese ámbito. Incluso deseo retribuirlo de algún modo”, dijo Varsanyi para La Nota.

Pasa que Gabriel es de aquellas personas que creen que todo lo aprendido puede relacionarse y adquirir -con bastante astucia- un punto de encuentro y encause que lo justique y enaltezca. Es paradójico porque, dentro de las gigantescas inmediaciones del arte, él se inclinó, simultáneamente, por la más arcaica y por la más nueva de sus disciplinas; la arquitectura y la fotografía. Sin embargo, ambas tienen en común que funcionan (junto al cine) como las más políticas de todas, fruto de una característica inherente a sus naturalezas y es la interacción con gran parte de la humanidad contemporánea. “La arquitectura es un arte político y público”, sostuvo Eduardo Grüner en su seminario El arte como pensamiento crítico. Por su lado, la fotografía implica la representación visual más democrática de la historia, porque gracias a esta técnica apareció la posibilidad de generar nuevos lenguajes estéticos e implicó un fenómeno histórico, social y político que alteró radicalmente la relación del sujeto con las representaciones visuales. Nada es casual.

Compleja y ambigua forma de comunicar

Los comienzos de Varsanyi, en fotografía, datan de 1992; participó en numerosas exposiciones colectivas en el país y en el exterior y realizó muestras individuales. Fue co-director de la 1era Bienal Argentina de Fotografía Documental (2004), y fue curador invitado en ediciones posteriores. También se desempeñó como jurado de distintos salones competitivos, entre ellos el XLIII Salón de Tucumán Para el Ámbito Nacional – Fotografía (2014) y el 8° Salón Nacional de Arte Contemporáneo de la UNT (2011).

Además de su cargo en la Facultad de Artes, también se desempeña como auxiliar docente en las cátedras Teoría de la Imagen y Fotografía, de la Facultad de Filosofía (UNT)

Por otro lado, producto de sus incursiones en salones y concursos de artes visuales y fotografía, ha recibido diversos premios y distinciones, entre ellas, la última de todas, el Segundo Premio del 45º Salón de Tucumán de Artes Visuales del Museo Timoteo Navarro, con Obra roja.


La pieza está constituida por 100.781.521 píxeles de color rojo. “Es curioso, porque Obra roja funciona como una cita a la fotografía, a través de su formato y montaje, pero da cuenta de otras cuestiones…”, explicó Gabriel, agregando que se considera un outsider de las artes visuales, en materia de producción fuera del ámbito de la fotografía.

Fotografía amateur, fotografía profesional

“Para mí, pensar la fotografía como una expresión dentro del mundo de la comunicación es un fenómeno tremendamente lindo. No comparto la estigmatización -y ciertos determinismos- sobre qué puede ser considerado fotografía y qué no. Se puede impregnar de sentido una toma desde una cámara profesional y desde la de un teléfono celular también; la fotografía nos atraviesa a todos y todas a tiempo completo cada día. La disponibilidad constante de un dispositivo fotográfico y las redes sociales se aunaron para que proliferen millones de fotografías a diario. Más allá de las cifras abrumantes que disparó la era digital, desde una perspectiva social, la fotografía es liberadora; en relación a la calidad de las imágenes que se producen creo que no soy quién para decir qué es bueno y qué es malo y considero que la calidad se impone por su propio peso ante los ojos de los espectadores y espectadoras y tampoco creo que lo que se produce a nivel fotográfico tenga la obligación de alcanzar algún estatus en particular en términos de arte o documento; la foto es foto.

 

 

Durante mucho tiempo se consideró a los fotógrafos y fotógrafas como meros operadores, desde un lugar bastante despectivo y, a su vez, ellos y ellas subestiman a quienes no lo son. El impacto que tiene la fotografía hoy en día tiene la potencia de comunicar todo un universo interior y, al mismo tiempo -y contradictoriamente-, ha relativizado su poder en sí; al haber tantas fotografías y con una vigencia tan efímera, quienes tenemos que trabajar y elaborar un sentido crítico más agudo somos los y las espectadoras, primero, para descartar lo que no nos suma de todo el océano visual y, segundo, para entender qué nos quieren decir con esa o esas imágenes. Hay un aspecto, que creo muy importante y que no deberíamos abandonar nunca, y es el del placer. No importa con qué dispositivo se hizo y creo que nunca importó. Si concentramos nuestra atención en ese aspecto le vamos a errar fiero”, reflexionó.

Fotografío, luego existo

“La tendencia que nos conduce a fotografiar todo lo que hacemos genera un vacío grande. Nan Goldin dice que para fotografiar algo, primero hay que vivirlo. Ahora pasa que vivimos a través de las fotos que nos sacamos. Joan Fontcuberta, en La cámara de Pandora, elabora esa idea. Antes ibas a una fiesta y tomabas fotos, ahora la foto es la fiesta. Los eventos cotidianos de la vida son la fotografía misma; ella los construye y ¿eso está mal?, creo que no. ¿Es diferente? Sí”, afirmó.

Realidad virtual realidad

“La idea de realidad virtual parece una redundancia porque la vida hoy está atravesada por dispositivos, softwares e Internet. Hay gente que establece una relación de pareja por estos medios, incluso con kilómetros de distancia en el medio y eso es realidad. También creamos canales a través de imágenes en redes sociales, suelen ser lazos efímeros, pero lo son. La historia del siglo XX estuvo marcada por la fotografía analógica, impresa en libros, revistas, enciclopedias. El siglo XXI no. La foto que compartiste hoy, en Instagram, mañana nadie la recuerda y no está mal. La historia no se logra a través de recortes del pasado, el presente cuenta también y será pasado luego. Sería tonto darle la espalda a la tecnología de hoy, sino hagamos daguerrotipos. Creo que lo más inteligente es articular todo. En esa articulación la fotografía se enriquece como lenguaje comunicacional.

He trabajado muchos años con archivos, documentos y la noción de memoria como algo que perdura en el tiempo. Hoy existen publicaciones temporales en Instagram, Facebook y Snapchat, de 24 horas y creo que no todo merece ser guardado y que está bueno despojarse. El carácter efímero e intangible de la fotografía hoy, la exacerban como un océano inabarcable y hermoso. Sin embargo, vemos el mundo a través de pantallas y esto se trata de una expresión literal y creo que muy simbólica a la vez…”


Las fotografías forman parte de las publicaciones del perfil de Instagram de Gabriel Varsanyi, excepto “Obra roja” que fue extraída del diario La Gaceta.

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