¿Jorge Macri contra la Marcha del Orgullo?
El 7 de noviembre de 2026 se realizaría la Marcha del Orgullo 2026 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fecha anunciada por la Comisión Organizadora (COMO), liderada por la Federación LGBT de Argentina. El 17 de septiembre, el Gobierno de la Ciudad firmó la Resolución Conjunta N.º 1/SECMU/26 donde prohíbe realizar cualquier actividad pública en la ciudad del 6 al 13 de noviembre. El motivo es la visita del Sumo Pontífice León XIV a la Argentina.
La marcha en Buenos Aires es uno de los eventos políticos periódicos más grande comparable con la marcha del 24 de Marzo o la del 8M, el evento aglutina a partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y a cientos de miles de personas LGBTI. Desde hace algunas décadas, la marcha también se transformó en una jornada turística con shows, ferias y despliegues artísticos. Dos escenarios, uno en la Casa Rosada y otro en el Congreso de la Nación, y docenas de camiones que, a su vez, funcionan como escenarios de distintos actos que acontecen en simultáneo durante por lo menos ocho horas seguidas.
La COMO lanzó un comunicado en donde reafirma la fecha del 7 de noviembre para la marcha, titulada “El orgullo no se suspende”. Allí afirman que técnicamente se podría realizar la marcha el sábado 7 y la visita del Papa al día siguiente.
¿Quién quiere mover la fecha de la marcha?
Sabemos que hay una historia de enfrentamiento entre la Iglesia y los movimientos LGBTI, una capa de este debate pone en esos términos el asunto de la fecha. “Mover la fecha por el Papa” supone quizás una arista real, pero un poco simplista sobre lo que sucede.
El principal responsable de esto es el Gobierno de la Ciudad, y su jefe de Gobierno es Jorge Macri, cuyo partido no solo gobierna hace 19 años, sino que también forma parte desde hace algunos años de la propia Comisión Organizadora de la marcha. Es decir, lejos de ser una afrenta del Vaticano o del Papa, el asunto de la fecha parece ser una disputa entre viejos conocidos.
El Gobierno de CABA tiene una doble vara respecto a los derechos de la comunidad LGBTI. Por un lado, en agosto de este año sumó a la ciudad a la red “Rainbow Cities Network”, Ciudades Arcoíris, una red que nuclea a las principales ciudades del mundo y promueve buenas prácticas para garantizar los derechos humanos de la diversidad sexual. Pero, por otro lado, sostiene un fuerte discurso conservador y de retroceso en políticas sociales, en educación sexual integral y cupo laboral travesti-trans.
La disyuntiva en la que el Gobierno de la Ciudad pone a la Comisión tiene que ver con la posibilidad de realizar una vez más un evento con envergadura internacional cambiando la fecha, o sostener la fecha y ver cómo se pueden mantener ciertas cosas sin el apoyo del Estado. El Gobierno afirma que no puede con la logística de un evento que sucede hace décadas en la ciudad que ellos gobiernan y la visita del Papa.
La marcha llegó a aglutinar más de un millón de personas, con participación de la comunidad LGBTI de todo el país, de la región y visitantes del mundo. Por las avenidas y diagonales de la capital desfilaron los boliches de la noche porteña, las áreas de diversidad de los partidos políticos, organizaciones históricas de la sociedad civil que luchan por la igualdad, columnas autogestionadas e incluso, algunos años, algunas marcas internacionales que apuestan a la visibilidad en un sector de la sociedad que, además, es un segmento del mercado.
En estos días hay por lo menos un centenar de activistas esperando respuestas concretas, porque mover una sola carroza implica más de 20 millones de pesos, organización y trabajo colectivo durante meses. Y sin el marco de seguridad adecuado, poner una carroza implica un riesgo de responsabilidad civil aún más grande.
Este hecho también permite pensar de qué se trata la marcha en sí: ¿Cuáles son los acuerdos políticos que la hacen posible? ¿Qué significa tener un entramado empresarial también presente en la marcha? ¿Qué fuerza tienen los activistas independientes y los partidos políticos de izquierda en esta coyuntura? ¿Qué hará el peronismo con este hecho?

El Papa en Argentina
Si pensamos mal, podríamos inferir que el Gobierno de Jorge Macri aprovecha la visita de León XIV para perjudicar a la Marcha del Orgullo. El sentido común indica que si hay una ciudad que podría articular dos eventos multitudinarios consecutivos es la capital del país.
Pero también puede ser que la visita del Papa de hecho requiera una logística particular que comience antes del 8 de noviembre, que es cuando efectivamente arribará a Buenos Aires.
El caos del tránsito, los cientos de miles de fieles llegando a Buenos Aires, el armado de escenarios y todo lo que se construye en la ciudad cuando acontece un evento masivo, supone un trabajo articulado de miles de personas para un evento que podría llegar a convocar a millones.
León XIV llega al país en una gira que incluye la capital, la provincia de Buenos Aires y Córdoba. Entre los fieles se sabe que es un sucesor de Francisco y que eso supone algún ordenamiento geopolítico contrario al que propone Milei. En su Magnificas Humanitas, publicada en mayo de este año, el Papa hace referencia a la justicia social y la dignidad humana: “Para la comunidad cristiana, la justicia social es una forma concreta de seguimiento de Jesús y de fidelidad a su Evangelio”.
Si bien, en líneas generales, el Papa representa un mensaje fuerte respecto de los derechos humanos, en relación con la diversidad sexual no hubo un cambio radical de lo desarrollado por Francisco. Se acepta a todas las personas, pero no se modifica la doctrina de la Iglesia para, por ejemplo, bendecir los matrimonios entre personas del mismo género. Claro está que la postura de Francisco respecto de la diversidad fue un avance respecto de sus dichos en 2010. Jorge Mario Bergoglio declaró la guerra santa en el debate por el matrimonio igualitario, pero Francisco promovió a nivel global una visión más pacífica y conciliadora con la comunidad LGBTI y se mostró respetuoso del reconocimiento de sus derechos.
León XIV visita latinoamérica en un presente atravesado por conflictos bélicos en el mundo, y una Argentina sitiada por los intereses políticos y diplomáticos de Estados Unidos y aquellos hombres que manejan el mundo. El Papa además se posiciona en la vereda enfrente de Peter Thiel y el modo en el que los dueños de las tecnologías determinan las narrativas sociales:
“Hoy, en cambio, asistimos a un verdadero cambio de paradigma en el discurso público y en las decisiones de rearme, con una preocupante rehabilitación de la guerra como instrumento de política internacional, mientras se erosionan precisamente aquellos criterios éticos que habían limitado su uso. Los conflictos regionales que se prolongan en el tiempo, la escalada de tensiones y las amenazas cruzadas se vuelven casi habituales, y resurgen formas de conflicto por la expansión territorial que se creían superadas. La opinión pública se orienta y acostumbra progresivamente a narrativas mediáticas polarizadas, a menudo amplificadas por algoritmos que valoran el enfrentamiento y la oposición”.
Si además de ser LGBTI somos ciudadanos de esta tierra, hoy podríamos pensar que estamos más cerca de la doctrina social de la Iglesia que del proyecto hiper individualista del capitalismo actual, ese al cual hoy no le molesta la diversidad, pero tampoco le molesta que esa diversidad se muera de hambre.
Un detalle sobre esto último que nos puede servir de muestra sobre la necesidad de complejizar nuestros debates, en este tiempo histórico es que Peter Thiel es gay, y sin embargo apoyó activamente a Trump, en una entrevista en 2024 se declaró en contra de de las políticas de diversidad, equidad e inclusión, además de promocionar la agenda de la derecha internacional contra las políticas sociales.
Antón pirulero, cada cual atiende su juego
Las Marchas del Orgullo son una expresión concreta del sujeto político que es la diversidad sexual en Argentina. Hay más de 40 marchas en todo el país, pero la centralidad de la marcha de Buenos Aires es indiscutible. Buenos Aires se posiciona a nivel global como una capital amigable con la diversidad, pero ese aspecto también tiene como correlato una disputa de sentidos por parte de organizaciones políticas.
Desde hace algunos años hay fracciones entre las organizaciones históricas que comenzaron con la marcha del Orgullo en Argentina. La Comunidad Homosexual Argentina, 100% Diversidad y Derechos, junto a varias organizaciones y gremios, desde el 2018 llevan adelante una organización aparte, mensajes políticos expresos, como el homenaje a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La participación de partidos como el PRO y el debate sobre trabajo sexual/prostitución dividieron aguas. Pero, aun así, todos continuaron marchando el mismo día.
Me parece importante poder hacernos preguntas, aunque algunas sean incómodas: ¿Qué sería de la Marcha del Orgullo sin su estructura? ¿Quién iría? ¿Cuánta fiesta habría? ¿Es posible una marcha con condiciones de seguridad sin el acompañamiento del Gobierno de la Ciudad? ¿Es deseable una marcha distinta? ¿Quién gana con este asunto?
Quizás la prohibición de Macri para la fecha del 7 despierte un deseo más fuerte de ocupar las calles. Imagino que más de un grupo o partido tendrá también participación en la visita del Papa. Porque somos muchas cosas al mismo tiempo y, en este contexto, se necesitan aliados. Recuerdo que el país entero vio por TV como todos los porteños fueron a bailar con el cura DJ Guillermo en abril de este año, en un homenaje al Papa Francisco en Plaza de Mayo.
Puede también que se cambie la fecha para sostener cierto nivel de organización. Lo cierto es que parece que las decisiones dependen de la Comisión Organizadora y las referencias históricas y no de lo que podamos decir desde cualquier punto del país.
Pase lo que pase, ojalá los debates se den, estén presentes y ayuden a repensar por qué hacemos lo que hacemos, para qué marchamos, en dónde y con quién lo hacemos y, sobre todo, hacia dónde marchamos en más de un sentido.
Fotos Xime Díaz


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