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Vamos a seguir exigiendo aborto legal porque estamos a favor de la vida digna, libre y feminista
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Durante la décima jornada en el Congreso por el debate del aborto, hablo Luz Díaz, médica y docente, de la Asamblea Feminista de Jujuy e integrante de Socorristas en Red. Explicó las dificultades con las que se encuentran las mujeres jujeñas que quieren interrumpir un embarazo

Vengo en nombre de la Asamblea Feminista Jujuy, una colectiva de autoconvocadas y organizaciones feministas, no heteronormadas, clasistas y populares. Formo parte de Socorristas en Red,  trabajo como médica y docente, también integrante de la Red de Profesionales de la salud por el derecho a decidir.

Venimos a contarles que las mujeres de Jujuy abortamos, aun frente a la desaprobación social y el estigma que implica; abortamos en los Valles, Ramal, Quebrada y Puna, las blancas, las indígenas, las religiosas y no religiosas.

Ana vive en la Puna, limite con Bolivia ella aborta en soledad, con miedo, sin acceso a información, aislada. Quedó  embarazada sin desearlo. Trabaja como pastora, es madre y hermana sostén de su familia, dejó de estudiar en 6° grado para poder afrontarlo. La posta de salud más cercana queda a tres enormes cerros de distancia y la atiende el único agente sanitario de la zona. Su abuela es curandera y vino de Cochabamba hace muchos años, “ella sabe mucho”, nos dice, el método anticonceptivo que elige es el natural, regido por el ciclo lunar, creció sabiendo eso. Le niegan el implante subdérmico porque supera la edad requerida por salud pública, su historia de vida está  atravesada por las determinaciones sociales que la condicionan en el acceso a sus derechos sexuales y reproductivos.

Agustina vive en un barrio en la ciudad de Jujuy, estudia el terciario, aborta y su historia se cuenta en la portada del diario más importante de la provincia, tiene 23 años, dos hijes, e intenta seguir con su cursado regular que le permitirá tener titulo de profesorado para salir de la casa materna. En su 2° embarazo en la maternidad pública le niegan una ligadura tubaria. Su ingreso económico es la venta de ropa usada y recibe la AUH. Dejó de participar del merendero en su barrio para buscar trabajo y poder estudiar, su pareja la abandonó al saber de su embarazo. No acudió al centro de salud porque le contaron que ahí  denuncian a las mujeres que solicitan interrupciones de embarazo. Con mucha dificultad consiguió la medicación, realizó el tratamiento.Ante una emergencia tuvo que llamar al SAME, este fue con la policía, terminó internada con una denuncia por aborto inducido,  y con todos los ojos de la sociedad patriarcal norteña puestos sobre ella, juzgándola y condenándola.

Luciana vive en el Ramal, está embarazada de 8 semanas y 5 días y angustiada, nos cuenta que ya  usó dos oxaprost y no resultó. Entonces una amiga le pasó un número y llamó a las socorristas, en ese llamado encontró alivio. Trabaja en la cosecha de tomate en la zona, tuvo anteriormente abortos espontáneos y reacciones en la piel, nadie indagó sobre las causas de sus abortos a repetición que fueron quizás producto de su  exposición a agrotóxicos .Gastó  600 pesos en ecografía y traslados, tuvo que conseguir más  pastillas que costaron más de 3 mil pesos, estuvo acompañada durante el proceso y luego supo a qué centro de salud  amigable ir para un control post y charlar sobre métodos anticonceptivos.

La Salud Colectiva se construye según  Paim “como proyectos, luchas, subjetividades, sueños, ingenio, trabajo y arte “. Entonces esta definición nos hace pensar en reconocer los otros saberes y los espacios de aprendizaje por fuera de las fronteras establecidas por la academia hegemónica, racista, biologicista y patriarcal. Los saberes ancestrales y los feminismos que se encuentran presentes en las redes en nuestras comunidades y sus pedagogías de liberación, fueron y son  hartamente ninguneados y desvalorizados por la medicina occidental y las instituciones, en todas sus formas,  con lógicas de un estado nación colonizante.

En nuestra provincia, a pesar de la criminalización, existimos colectivas, profesionales y activistas que ponemos nuestro ingenio, tiempo y saberes para trabajar en red y acompañar mujeres y personas gestantes que necesitan información sobre aborto seguro.

En el año 2017 según varias fuentes consultadas en el sector de salud pública, aun sabiendo del subregistro, se realizaron 154 ILE (17 por causal violación y 137 por causal salud integral) 169 mujeres se contactaron a Socorro Rosa Jujuy para obtener información sobre aborto seguro. Luego del encuentro donde se brindan las recomendaciones de la OMS-Organización Mundial de la Salud sobre interrupción de embarazo, en el el 57% optó por realización de abortos a través de medicamentos; mientras que menos del 1% decidió  continuar con el embarazo.

Existe un argumento que plantea, sin sustento estadístico, que en las provincias del NOA el reclamo por el derecho al aborto no es una demanda sentida, apoyándose en la existencia  de una tradición religiosa que caracterizaría, en parte, los rasgos culturales de nuestra región. Sin embargo la realidad nos muestra que el 63% de las mujeres que consultaron por aborto seguro en el 2017 a Socorro Rosa Jujuy, manifestaron que adherían, profesaban, pertenecían o participaban de alguna religión.

Esta información muestra por un lado la producción de datos y compromiso de quienes hacen escuelas por fuera de las academias tradicionales, y por otro visibiliza la existencia de personas que abortan y deciden con autonomía, más allá de la penalización. Somos muchas las que, como yo, aprendemos de ginecología y cuidados de nuestros cuerpos con las personas que acompañamos y con las activistas que no dejan de tejer proyectos, crear y compartir saberes sobre todo en lugares inhóspitos e inaccesibles.

Es por esto que quienes recorremos los interiores de las provincias sabemos que la inexistencia de equipos interdisciplinarios de acompañamiento, la objeción de conciencia por parte de profesionales de la salud pública y la negativa casi naturalizada a brindar información sobre derechos al extremo de afirmar “no nos llegan casos de ILE”, constituyen un abandono hacia las personas que no pueden trasladarse a buscar información y atención, vulnerándose así su derecho a la salud y sus vidas.

También sabemos que esto es posible con la organización de feministas y el movimiento de mujeres jujeñas que estamos y se siguen sumando a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito y que  se jugaron poniendo el cuerpo a los proyectos que aseguraron la ESI, el Programa de SSyR, el protocolo ILE, denunciando violencias, como aquella vez que se dijo NO al intento de  declarar  a la cuidad como “pro vida”, ganándoles una batalla más a los sectores fundamentalistas  de nuestra sociedad.

Vamos a seguir entre todas tejiendo (y exigiendo) la Salud Colectiva; con proyectos inclusivos a escala social, con luchas por nuestros derechos, por subjetividades libres y sueños emancipatorios, con ingenio perseverante ,trabajo y arte activista. Vamos a seguir en las calles exigiendo aborto legal, vamos a ir por todo lo que nos negaron y nos saquearon, porque estamos a favor de la vida DIGNA, LIBRE y FEMINISTA.

Por esto y mucho más diputados y diputadas venimos a exigir que escuchen nuestras voces: legalicen y despenalicen el aborto en Argentina.

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