Mujeres a la izquierda, varones a la derecha: lo que Alemania le anticipa a la Argentina
En septiembre, la izquierda ganó Berlín de la mano de Elif Eralp y la extrema derecha que lidera Alice Weidel arrasó en el este de Alemania. Las encuestas muestran que mujeres y varones jóvenes votan cada vez más distinto. ¿Qué nos dice eso sobre la Argentina, a un año de las elecciones presidenciales? En esta nota pensamos distancias y cercanías entre las demandas del pueblo alemán que resuenan en nuestro país, y en cómo responden a ellas las fuerzas políticas y las mujeres que las encabezan.
Por Emilia Hassan y Mariana Rodríguez Fuentes
La intención de voto suele explicarse por el ingreso, la educación o el origen, pero desde hace un tiempo hay una variable que ya no se puede pasar por alto: el género. Que mujeres y varones voten distinto no es una novedad, la ciencia política lo registra en Occidente al menos desde los años ochenta. Lo que cambió es que en la última década la distancia se agrandó entre los más jóvenes, y se aceleró con la irrupción de Donald Trump en la política estadounidense.
Alemania acaba de dar otra muestra. El 6 de septiembre, en las elecciones de Sajonia-Anhalt, una de las regiones más pobladas después de la capital, según la encuesta a boca de urna de Infratest dimap, el 51% de los varones menores de 25 años votó a Alternativa para Alemania (AfD), contra el 31% de las mujeres de la misma edad. Ya en las elecciones federales de febrero de 2025, el semanario Der Spiegel había señalado que AfD fue el partido más votado por los varones menores de 24 años, mientras que Die Linke -la reciente victoriosa izquierda de Berlín- fue el que más adhesión generó entre las mujeres de esa franja. El patrón se parece al de Estados Unidos: en noviembre de 2024, el 49% de los varones menores de 30 votó a Trump, contra el 38% de las mujeres de esa edad; entre ellas, el 61% eligió a Kamala Harris.
¿Un nuevo muro de Berlín, pero entre mujeres de izquierda y varones de derecha?
No queremos comernos la curva, por eso empezamos con preguntas. Si las mujeres votan a la izquierda y los varones a la derecha, ¿por qué la cara más visible de AfD es Alice Weidel, una mujer abiertamente lesbiana? Y si llevamos este análisis al plano local, ¿cómo se explica que, según las encuestas, dos de las figuras con mejor imagen de la Argentina sean mujeres de polos opuestos: Myriam Bregman, que viene de la izquierda, y Patricia Bullrich, aliada con la extrema derecha que representa hoy LLA en nuestro país.
Una primera respuesta es que ser mujer y ocupar puestos de poder no implica impulsar una agenda con perspectiva de género. Pero con ese planteo nos quedamos muy cortas. Decidir qué problemas merecen discutirse y cuáles no también es un posicionamiento político. Para entenderlo, conviene mirar con algo de detalle qué pasó en Alemania.
Se cae el centro
En dos semanas de septiembre, tres elecciones regionales movieron el tablero alemán. El 6, en Sajonia-Anhalt, AfD ganó con el 43,8% de los votos, más del doble que la CDU (17,2%). El 20 de septiembre la CDU sacó el 4,9% y quedó afuera del parlamento regional: según la prensa alemana, es la primera vez que le pasa en un Estado. Y en Berlín el partido de izquierda Die Linke ganó con el 25,7%, por delante de la CDU (18,8%) y AfD (16,3%).
Para dimensionarlo y hacer una posible comparación con el campo político de hoy en Argentina: la CDU es el partido democristiano de centroderecha que gobernó Alemania durante buena parte de la posguerra, el Helmut Kohl y Angela Merkel. Hoy es el partido del canciller Friedrich Merz, que encabeza una coalición nacional con los socialdemócratas del SPD. Las dos fuerzas que se repartieron el centro durante décadas salieron golpeadas: la CDU perdió en los tres estados y el SPD sólo resistió en Mecklemburgo-Pomerania. Lo que crece está en los extremos.
En los medios alemanes se repite casi como una verdad que los electores de AfD votan como si se tratara de elecciones nacionales, aunque sean regionales. Es decir, que su voto es, antes que nada, un castigo a Merz. ¿Les suena ese comportamiento electoral? . Detrás de ese castigo aparecen los grandes temas que hoy dividen el voto en Alemania: la inmigración, mirada desde dos lugares opuestos; el acceso a la vivienda, y el costo de vida. Europeos quejándose de la inflación: si supieran.
“No es afuera contra adentro, es arriba contra abajo”
El rostro innegable de la izquierda berlinesa es Elif Eralp: 45 años, hija de refugiados políticos turcos, abogada, madre de dos hijos e inquilina de un departamento pequeño, en una ciudad donde el 41,7% de la población es extranjera o tiene antecedentes migratorios. El 20 de septiembre no sólo encabezó la lista ganadora: también se quedó con la banca directa de Friedrichshain-Kreuzberg, el segundo distrito más importante de Berlín, con el 50,4% de los votos.
Las demandas a las que respondió existían antes de su candidatura. Alrededor del 80% de los berlineses alquila. Según datos oficiales, los alquileres son en promedio un 69% más altos que en 2016. Hay ciudades alemanas más caras, pero en Berlín los sueldos medios son relativamente bajos y el desempleo llega al 10,6%. Para tener una idea de la concentración: una sola empresa, Deutsche Wohnen, es dueña de más de 100.000 viviendas en la capital.
Frente a ese panorama, la principal estrategia de campaña de Eralp fue poner la vivienda en el centro de todo. A lo Mamdani, Die Linke hizo una campaña intensa de timbreo y diálogo con los vecinos para conocer sus preocupaciones, y sumó asesorías gratuitas para inquilinos. Su propuesta más fuerte es cumplir con lo que los berlineses votaron en un referéndum en 2021: quitarles las viviendas a las grandes empresas como Deutsche Wohnen para que pasen a manos públicas y se alquilen a precios accesibles. Esa misma propuesta es hoy uno de los puntos más difíciles de la negociación con el SPD para formar gobierno.
En contraste con los discursos nacionalistas y nativistas de la extrema derecha, Eralp dio vuelta el planteo: “No se trata de un conflicto entre afuera y adentro, es decir, entre personas con y sin antecedentes migratorios, sino de un conflicto entre los de arriba y los de abajo”. La respuesta llegó sobre todo desde las generaciones jóvenes: Die Linke obtuvo el 42% entre los votantes de 16 a 24 años y el 48% entre los de 25 a 34, con un apoyo sensiblemente mayor entre las mujeres.
Votar a AfD aunque el problema sea la vivienda
Ninguna ciudad es inmune al avance de la extrema derecha, tampoco Berlín. “El votante típico de AfD se moviliza mucho por la política nacional, la migración y todos los temas relacionados con Friedrich Merz”, explicó a El País el analista Peter Matuschek.
Martina, de 65 años, vivió toda su vida en Marzahn, un barrio del este de la ciudad, y prefiere no dar su apellido. “Hay, sobre todo, problemas de inmigración y de vivienda”, dice para El País, y asegura que eso es lo que la lleva a votar a AfD: “Ellos abordan el problema de la inmigración y, para mí, son la mejor alternativa”. En Marzahn, sin embargo, sólo el 20% de los habitantes es extranjero, una proporción baja para Berlín.
En la misma nota, Alexander, de 48 años, critica que se construyan centros para refugiados en lugar de centros educativos, pero no cree que haya un problema migratorio. Antes votaba a la CDU; ahora también va a optar por AfD. “Puede que AfD tampoco lo haga todo bien, pero peor no puede ponerse la cosa. Ahora mismo los precios suben cada vez más, todo se encarece. Uno ya no sabe cómo pagar todo. Sobre todo los jubilados”.
Los dos testimonios dicen algo que se pierde en los titulares: aunque la inmigración es uno de los ejes que más moviliza a los votantes de AfD, ellos mismos reconocen que el problema principal de Berlín sigue siendo la vivienda y el aumento del costo de vida. Con el mismo malestar, Die Linke y AfD ofrecen culpables distintos. Para unos, los de arriba; para otros, los de afuera.
Weidel, Bullrich, o por qué ser mujer no alcanza
Alice Weidel no fue candidata en estas elecciones regionales, pero es la cara nacional del partido que las ganó en el este. Doctora en economía y ex empleada de Goldman Sachs, se sumó a AfD en 2013, la copreside desde 2022 junto a Tino Chrupalla y fue su candidata a canciller en febrero de 2025, cuando el partido obtuvo el 20,8% y se convirtió en la segunda fuerza del país.
Lejos de ser un problema para el partido, la figura de Weidel, una mujer lesbiana casada con una una mujer originaria de Sri Lanka, le sirve. En 2018, desde su banca en el Bundestag, habló de “burkas, chicas con pañuelo y hombres con cuchillo subsidiados” para referirse a la inmigración musulmana. La socióloga Sara Farris llama a esto femonacionalismo: el uso de los derechos de las mujeres, y también de las personas LGBTIQ+, como argumento contra la inmigración y naturalización de la islamofobia. Desde ese lugar, una mujer lesbiana al frente de la extrema derecha no es una contradicción sino una estrategia: la amenaza para las mujeres y las disidencias siempre viene de afuera, nunca de adentro. En el caso argentino, Bullrich construye una operación diferente pero reconocible: frente a la violencia contra las mujeres, desplaza el problema desde las estructuras de desigualdad hacia el delito y su castigo, y cuestiona las políticas feministas que ponen esas desigualdades en el centro.
Patricia Bullrich, la actual jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, llegó al oficialismo después de haber sido ministra de Seguridad de Milei y de convertir la seguridad, el orden y el endurecimiento frente al delito en una de sus principales banderas. Durante su gestión también impulsó una política migratoria que colocó el control de las fronteras y la migración dentro de la agenda de seguridad. Pero hay otra coincidencia que nos interesa más: en 2026 Bullrich se reivindicó feminista al mismo tiempo que cuestionó al feminismo organizado y al Ministerio de las Mujeres. Su “feminismo” se define, sobre todo, alrededor de la protección individual, el castigo y la seguridad: “el que las hace, las paga”
Weidel y Bullrich no representan lo mismo ni pertenecen a partidos equivalentes. Pero sus recorridos políticos nos dejan claro que la sola presencia de mujeres en posiciones de poder no determina qué agenda va a impulsar. Una mujer puede encabezar una fuerza que cuestiona derechos LGBTIQ+, puede reivindicarse feminista mientras combate al feminismo organizado o puede convertir la seguridad y el castigo en la principal respuesta frente a problemas que también tienen una dimensión de género. El problema, entonces, no es cuántas mujeres llegan al poder, sino qué hacen con el poder cuando llegan.
¿Cuántas mujeres se necesitan en la política para garantizar una agenda de equidad de género?
Alemania no tiene una ley de paridad a nivel nacional: las cuotas dependen de cada partido. El resultado se ve en el Bundestag elegido en 2025: las mujeres son el 32,4% de las bancas, menos que el 34,8% del período anterior.
Argentina recorrió el camino inverso. En 1991 fue el primer país del mundo en sancionar una ley de cupo femenino (Ley 24.012), que obligó a incluir un 30% de mujeres en las listas. En 2017 llegó la Ley de Paridad de Género en Ámbitos de Representación Política (Ley 27.412). Hoy las mujeres ocupan alrededor del 45% de la Cámara de Diputados y el 43% del Senado, según ONU Mujeres. Pero la paridad numérica no llegó a todos lados: en las legislativas de 2025, las mujeres encabezaron sólo el 24% de las listas a senador y el 29% de las de diputados; apenas el 15% de los municipios del país tiene una intendenta, y Tucumán sigue sin ley de paridad provincial.
Y aun donde se alcanzó la cantidad, la agenda está en disputa. Según la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, en 2023 el 51,6% de los votantes de La Libertad Avanza no estaba de acuerdo con que exista desigualdad de género, y el 47,5% consideraba que las reglas de paridad son “meros privilegios”. El gobierno que esos votantes eligieron cerró el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y el presidente llegó a proponer en Davos la eliminación de la figura de femicidio. Patricia Bullrich, ex ministra de Seguridad de ese gobierno y hoy senadora por La Libertad Avanza, es parte de ese proyecto. Myriam Bregman, diputada del Frente de Izquierda y abogada en juicios de lesa humanidad, está en la vereda opuesta. Dos referentes cuyas agendas no podrían estar más lejos.
La coincidencias entre Argentina y Alemania
La primera y más visible: dos mujeres encarnan los polos que crecen. En Alemania, Elif Eralp desde la izquierda y Alice Weidel desde la extrema derecha. En la Argentina, con presidenciales el año próximo, Myriam Bregman por el Frente de Izquierda y Patricia Bullrich, una posible candidata de La Libertad Avanza. En la encuesta de Atlas Intel y Bloomberg de fines de junio, Bullrich (45%) y Bregman (42%) superaron en imagen positiva al propio Javier Milei (40%). Imagen positiva no es intención de voto, pero el dato muestra que las dos interpelan a un electorado amplio.
La segunda es la sensación de que algo tiene que cambiar, la misma que se instaló en las elecciones que llevaron a Milei a la presidencia. El malestar no buscó salida por fuera del sistema sino adentro, en las urnas, y desplazó a los partidos tradicionales: el peronismo, la Unión Cívica Radical y coaliciones como Juntos por el Cambio. Lo tradicional ya no era opción. Pero, siempre hay un pero: el apoyo de Juntos por el Cambio fue determinante para la victoria de La Libertad Avanza en el balotaje. Y ahí aparece el género: antes de la segunda vuelta, la base de Milei era mayoritariamente masculina, y en sus actos se veían muchos jóvenes, casi todos varones. Fue el respaldo de Juntos por el Cambio el que acercó a muchas votantes mujeres y achicó esa brecha.
La tercera es la vivienda, y es la que más nos interpela. En Berlín ganó quien habló de alquileres. En Argentina, uno de los primeros actos del gobierno de Milei fue derogar la Ley de Alquileres con el DNU 70/2023, en nombre de que el mercado iba a ordenar los precios. El Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM) legal de octubre de 2026 ($391.200) resulta insuficiente para cubrir un alquiler promedio de cualquier tipo en San Miguel de Tucumán.
Cómo no comernos la curva
La lectura apresurada diría que las mujeres votan a la izquierda y los varones a la derecha, y que alcanza con poner más mujeres en las listas para cambiar la agenda. Alemania muestra que las dos cosas son, como mínimo, incompletas. La brecha de género en el voto existe y se profundiza entre los jóvenes, pero ninguna fuerza tiene a las mujeres garantizadas: Weidel conduce un partido de varones. Tener más mujeres en el poder es una conquista que hay que defender, como demuestra el retroceso del Bundestag, pero no define por sí sola para qué se usa ese poder.
Lo que sí aparece con claridad es otra cosa. En Berlín, la izquierda ganó cuando dejó de hablarle a la gente sólo desde las identidades y fue a tocarle el timbre para preguntarle qué le pasaba. La respuesta fue la vivienda, el precio de todo, los sueldos que no alcanzan. Con ese mismo malestar, la extrema derecha ofrece un enemigo: el de afuera. Eralp ofreció otro: el de arriba.
A un año de las presidenciales, la pregunta para la Argentina no es sólo quiénes van a ser las candidatas, sino quién va a ofrecer primero soluciones ante las demandas de salarios, acceso a viviendas y desempleo y a quién se va a señalar como responsable.




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