Cuando leer es también mirar o la ilustración como forma de escritura
Celebro la reciente publicación de Mundito interior (Dashbook, 2026), de Luisina Soria Arancibia.
Este libro ilustrado recorre, a través de cuatro secciones y de imágenes que hablan por sí mismas, los territorios cotidianos de la introspección, la amistad de mujeres, las rutinas y esa pasión tan argentina por los pequeños rituales que construyen nuestra experiencia vital y cultural.
Nuestros munditos interiores están hechos de personas, pero también de esos objetos a través de los cuales nos ubicamos en ellos y desde los que creamos lazos sociales. En ese universo aparecen, asimismo, los lugares que elegimos para habitarlos: bares, cafecitos, librerías, bazares.


Mundito interior interpela especialmente a quienes encontramos belleza en el universo del papel: cuadernos, agendas, libros, notas y anotadores; a quienes disfrutamos de una caja de lápices de colores, de las lapiceras favoritas y del placer —cada vez más excepcional— de escribir a mano. La propuesta de Luisina dialoga con quienes entendemos la ilustración como un lenguaje artístico con identidad propia, capaz de conmover, narrar y construir sentidos sin depender de las palabras ni limitarse a acompañarlas.
El libro aparece en un momento muy fértil de la ilustración tucumana. Existe una escena local creativa particularmente potente, con ilustradoras como Vero Corrales, Nanomixtico y La Ruu Dibujos, cuyas obras trascendieron el papel para poblar afiches, remeras, totes, vidrieras, paredes, stickers y wallpapers, llevando este lenguaje a la vida cotidiana y al espacio público.
En tiempos en los que la imagen suele consumirse con rapidez y descartarse con la misma velocidad, Mundito interior invita a detenerse en sus páginas, mirar, volver y reconocerse en esos pequeños universos que nos constituyen. Es también una celebración de la ilustración como forma de arte que ocupa un lugar cada vez más visible en nuestra cultura y, por qué no, en nuestros propios mundos, para embellecerlos y representarlos.

Durante mucho tiempo, el libro ilustrado fue reducido a la condición de objeto infantil o considerado un género menor. Afortunadamente esa mirada ha ido perdiendo vigencia. Hoy el creciente interés por la ilustración como lenguaje autónomo y potencia narrativa, confirma que las imágenes también escriben y que el libro ilustrado constituye una modalidadd riquísima de representación estética.



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